La Fiscalía General del Estado de Puebla tardó once días en confirmar que Gisel, Joaquín y Emmanuel fueron asesinados por una confusión en un ataque armado el pasado 14 de febrero al salir de la “Sala del Despecho” en la Isla de Angelópolis.
Lo criticable en este caso es que dos horas después del ataque se tenía detenidos a Héctor Hugo N., alias “El Cholo”; Edwin N., alias “El Duende”, Gabriel N. y Brayan N., y esperaron once días en confirmar que estos criminales se equivocaron de “objetivo” y mataron a tres inocentes y dejaron a otros cinco lesionados.
La FGE tenía a los detenidos el 14 de febrero y ese mismo día ya había trascendido que eran parte de una célula criminal de La Barredora del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y que dos de ellos fueron reclutados en Xonacatepec.
Todo eso se supo en un periodo máximo de dos días, pero no hubo versión oficial.
Ese vacío informativo oficial permitió que pseudoperiodistas mancharan el nombre de una de las tres víctimas mortales al adjudicarle presuntos nexos criminales.
Los familiares y amigos exigieron limpiar sus nombres y que no fueran revictimizados, pero faltaba la versión oficial.
Lamentablemente, hubo un silencio oficial durante once días y la memoria de Gisel, Joaquín y Emmanuel ya estaban manchados por versiones irresponsables.
Ayer, por fin se confirmó que los tres fueron víctimas de una confusión por parte de la FGE.
Es justo limpiar su nombre y su memoria.
Los que mancharon sus nombres viven de la extorsión y la calumnia y están en el basurero de la historia del periodismo en Puebla, pero siguen haciendo daño a la sociedad igual que los criminales que los privaron de
la vida.
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