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Crisis partidista en Puebla (ni Morena se salva)

Además de la incertidumbre y la inestabilidad social que generó en el estado de Puebla la guerra poselectoral que protagonizan el PAN y Morena por la gubernatura, ahora la crisis de los partidos tiene metidos a los ciudadanos en un nuevo hartazgo.

Sobre todo porque Morena y sus líderes en la entidad no son lo que prometieron, ya tienen los mismos vicios y los mismos síntomas de los partidos que asumen el poder.

Y en el Congreso del Estado, quienes lideran la LX Legislatura, son el más claro ejemplo de esto.

Porque en el Poder Legislativo están empeñados en vengarse a como dé lugar del morenovallismo, cueste lo que cueste y aunque sea por encima de los ciudadanos.

Los diputados que tienen mayoría están dedicados en tiempo y alma a eliminar todas y cada una de las leyes e iniciativas que el morenovallismo aprobó en el pasado para hacer valer su poder y la nueva fuerza política de Morena.

Hoy por hoy los morenistas están empoderados y embelesados con el dominio.

Allí está un Gabriel Biestro Medinilla que se aferra a la dirigencia de su partido sólo porque ya es diputado y un poderoso político en el estado, a pesar de ni siquiera ser poblano de nacimiento.

Allí esta otro legislador como Héctor Alonso Granados, ex priista, ex nueva aliancista y ajonjolí de todos los moles partidistas, que, como dijera el clásico, ya se siente con su diputación Dios en el poder.

Puebla está convulsionada gracias a que Luis Miguel Barbosa Huerta, ex candidato perdedor de Morena a la gubernatura, quiere ser gobernador sea como sea, a pesar de haber perdido las elecciones del pasado 1 de julio.

Lo verdaderamente grotesco del caso es que en el estado, además de todo esto, existe una grave crisis partidista que tiene metidos a los partidos en un serio, muy serio, trance de credibilidad.

Y es que los partidos más grandes, los que según están encargados de gobernar el estado, de controlarlo y administrarlo, están divididos, agarrados del chongo y colapsados en su estructura.

Morena está partido en cuatro.

Por una parte está el grupo de Barbosa, el cual controla gran parte del Congreso del Estado, vía sus testaferros.

Por otra el grupo del presidente de la mesa directiva la LX Legislatura, José Juan Espinosa Torres, quien diga lo que diga quiere pegarle a la gubernatura como sea, aún por encima del propio Barbosa.

Un grupo más es el de la presidenta municipal de Puebla, Claudia Rivera Vivanco; y otro que se agrega es el de Alejandro Armenta Mier, el poderoso senador presidente de la Comisión de Hacienda de la cámara alta.

Morena vive su propia crisis, y esta se agudiza.

Y todo porque 3 de los cuatro líderes de Morena quieren la gubernatura en caso de que hubiese una elección extraordinaria en Puebla, cosa que francamente se ve muy complicada.

Empero en el PRI tampoco cantan mal las rancheras porque ese partido, el mentado ex partidazo, está fragmentado y dividido en mil pedazos.

En el PRI poblano, eso sí, por ahora predominan los dogeristas, quienes lideran el partido vía Javier Cacique Zarate, diputado local.

Sin embargo, allí sigue el marinismo negándose a morir y convencido de seguir fregando lo poco que queda del tricolor.

Lo mismo hace el zavalismo, el lastirismo, el grupo de Jorge Estefan Chidiac, ex dirigente estatal, el blanquismo, el melquiadismo y el sin fin de ismos que tanto le han hecho daño al PRI, partido que perdió el poder en Puebla en el 2010.

El momento más emblemático que pinta la crisis priista en Puebla es el mentado documento, publicado y orquestado ayer por el marinismo, dicen, disque para rechazar el gobierno de coalición que apoyaría el PRI una vez que Martha Erika Alonso Hidalgo sea ratificada como gobernadora del estado, por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Tepjf).

Los priistas no entienden, que lastima de partido.

Empero, al PAN le sucede lo mismo porque a Genoveva Huerta Villegas, aspirante a la dirigencia estatal del albiazul, gran parte del Yunque, del panismo tradicional, ni la quiere como dirigente, ni la tolera.

El panismo, hay que decirlo, está dividido en dos: morenovallistas y yunquistas.

El grupo de panistas tradicionales lo encabezan Eduardo Rivera Pérez y Rafael Micalco Méndez, quienes han estado en pie de lucha defendiendo el partido que les arrebató el morenovallismo.

El PAN se descompuso aún más con la ola morenista, la cual se fortaleció después de haber logrado la mayoría de las diputaciones locales, las federales y la presidencia municipal de Puebla.

Así está de aguda la crisis partidista en Puebla, la cual tiene metido a las instituciones, a los partidos, a los ciudadanos y a los tiempos políticos en jaque.

El PRD, por cierto, no cuenta porque es un partido muerto en vida.

Eso sí, urge que en el estado el Tepjf ya ponga fin a la guerra poselectoral.

Ya estuvo suave, señores magistrados.

Puebla ya quiere tranquilidad y gobernabilidad.

En twitter: @poncharelazo