Dicen los que Saben que cuando un presidente municipal no se lleva bien con la tecnología, no es austeridad: es atraso.
Y si no, que le pregunten al alcalde de Coronango, Armando Aguirre, quien parece haberle declarado la guerra al siglo XXI… y va perdiendo.
No hay que ir muy lejos.
Basta con escuchar a los contribuyentes que, resignados y con reloj en mano, hicieron filas de cuatro horas –sí, cuatro– para pagar predial y agua potable.
Año 2026. Municipio en crecimiento. Y el sistema… papel por papel. Como en los viejos tiempos. De esos que ya nadie extraña.
¿Pago digital?
¿Transferencia?
¿Terminal?
No hay, respondían. Como si fuera 1998 y no pasara nada.
Las quejas se acumularon más rápido que los recibos.
Gente molesta.
Adultos mayores cansados.
Trabajadores perdiendo el día.
Y la pregunta flotando en el aire: ¿ineficiencia o estrategia?
Porque Dicen los que Saben que hay quienes juran que todo está diseñado para que los famosos “descuentos” pasen desapercibidos.
O peor: para que nadie alcance a usarlos.
Modernizar no es un lujo.
Es obligación.
Replicar programas ágiles no es innovación, es sentido común.
Pero en Coronango, el reloj político parece detenido… y sin pilas.
Así las cosas en ese municipio que, al igual que Amozoc, empieza a sentirse como tierra de nadie.
Sin orden.
Sin sistema.
Sin prisa.
Solo falta –y no lo descarte– que Armando Aguirre anuncie que buscará la reelección el próximo año.
Porque ahí sí, como diría el clásico de Palacio Nacional: “Toma tu voto”. ¿O no?
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