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Roja de Corazón

Ahogarse en el propio reflejo: el narcisismo contemporáneo

Foto: Especial
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¿Existe alguien que no sea narcisista? ¿El narcisismo contemporáneo responde al ideal del yo? Me parece que hoy, el narcisismo se ha colocado como una cuestión ominosa y patológica con mucha ligereza y generalidad. Sin embargo, sería importante cuestionarnos qué entendemos por narcisismo y por qué es un término que se escucha con mayor frecuencia actualmente.

Es verdad que el narcisismo patológico existe, pero también es verdad que todos tenemos algo de narcisismo. Veamos paso a paso por qué el narcisismo no es del todo ominoso ni patológico y cuándo sí se podría hablar de narcisismo patológico.

En Introducción al narcisismo, Sigmund Freud distingue el narcisismo primario y el narcisismo secundario. En el narcisismo primario hace referencia a esos momentos donde las acciones autoeróticas tienen un lugar: la madre o cuidador inviste al bebé de atenciones y de palabras atribuyéndole ideales e imaginarios de cómo será; esas atribuciones y atenciones por un momento le darán el lugar de “su real majestad el bebé”. ¿No acaso cuando un bebé nace todo gira alrededor de él y su supervivencia? Es con esos cuidados primarios que se constituye el narcisismo que lo hará sobrevivir, situando a la madre como primer gran Otro. En esa relación, el bebé experimenta un goce y un autoerotismo que es parte de la constitución del narcisismo y la formación del yo; sin embargo, posteriormente tendrá que renunciar a ese lugar majestuoso y autoerótico, aunque siempre buscará experimentarlo otra vez.

Ahora bien, conforme uno va creciendo y llega a la adultez, el narcisismo primario  que se encargaba de lograr la supervivencia pasa a ser narcisismo secundario, surgiendo en forma de repetición a la hora de enamorarse. ¿En repetición? Sí, repetimos con la esperanza de volver a encontrar ese goce absoluto que alguna vez experimentamos. Freud agrega que esa repetición en el enamoramiento se puede dar de distintas formas: a través del narcisismo o a través del apuntalamiento. ¿A qué se refiere con eso?  Para él, se ama “según el tipo de narcisista: a. a lo que uno mismo es (a sí mismo), b. a lo que uno mismo fue, c. a lo que uno querría ser y d. a la persona que fue parte del sí-mismo propio. Según el tipo de apuntalamiento: a la mujer nutricia y al hombre protector” (1914). Así que enamorarnos va a depender de esas dos elecciones; en la elección narcisista se reflejará algo del ideal del yo, un modelo de uno mismo, y en el apuntalamiento quien cuidó será la guía para enamorarnos y buscar constantemente esos cuidados.

Sin embargo, algo que no podemos dejar de lado y que a mi parecer influye en la tendencia a calificar al otro de narcisista patológico es que esta constitución del yo también está investida por personas que estén alrededor, con discursos y narrativas que forman parte del lugar que cada uno ocupa en la vida y en la relación con el Otro y los otros (familia, amigos, sociedad, cultura, etcétera). Como he mencionado en otras columnas, lo social influye en nuestra psique, en el ideal del yo, y, por ende, no somos sin el Otro y sin los otros. ¿Cómo eso puede influir en el narcisismo patológico?

Me parece que el narcisismo del que hablamos hoy, y que escuchamos incluso en la clínica, se apoya en narrativas que refuerzan constantemente el ideal del yo, a partir de exigencias y aspiraciones que imposibilitan renunciar a algo, a perder aunque sea un poquito. Se nos pide elegir una pareja sin fallas, un complemento, una media naranja que sume y que no reste, dirigiendo las elecciones de amor desde ideales muchas veces inalcanzables. Si vivimos bajo un reforzamiento constante del ideal del yo, es porque hay una imposibilidad de renunciar a ese lugar majestuoso.

Como anteriormente mencioné, el bebé tendrá que renunciar a ese lugar sublime para dar lugar a su desarrollo y crecimiento. Por fortuna, no siempre podremos ser el centro de atención, porque hay otros con quienes hacer lazo a partir de la diferencia, entendiendo que no todo se puede y que no siempre podremos ganar. Por eso es común escuchar relaciones basadas en el control, donde no se pueda ver al otro más allá del ensimismamiento y así evitar renunciar a algo de nuestro narcisismo. Estar en pareja implica una pérdida, pero se nos pide tener tanto amor propio que parece que no nos queda nada para el otro. Como diría Byung-Chul Han, “lo igual no duele”, y yo agregaría: no mueve, no nos hace renunciar.

Así que sí, de cierto modo, actualmente sí hay mucho narcisismo, mucho yo y poco espacio para el otro y para el amor a la diferencia. Los ideales en los que estamos inmersos hacen difícil amar y ver que para estar en pareja se tiene que estar dispuesto a renunciar. Pero recordemos que todos tenemos algo de narcisismo, necesario para salvaguardar la vida, y que ese enaltecimiento del yo exacerbado irónicamente hace imposible incluso el amor hacia uno mismo. Como en el mito de Narciso, que se ahoga al ir tras un reflejo en el que cree encontrarse.