Diversificar las rutas aéreas en destinos como Puebla –que no cuentan con el flujo constante de pasajeros de Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey– puede ser un verdadero dolor de cabeza o un sueño guajiro.
Pero hace meses, el sueño se nos cumplió –ojo, no es la primera vez, es uno de varios intentos–. Se pedían nuevas rutas, más frecuencias y mejores conexiones que permitieran al estado integrarse mejor al mapa turístico y de negocios del país. Ocurrió como otras veces. El Aeropuerto Internacional Hermanos Serdán sumó nueve vuelos nacionales y tres internacionales, alcanzando una expansión que hace apenas algunos años parecía lejana. La noticia fue celebrada como un logro importante para la competitividad del estado, pero conforme pasan los meses surge una pregunta que parece no estar recibiendo la misma atención: ¿qué está haciendo Puebla para que esas rutas funcionen a largo plazo? Porque un vuelo no es turismo. Un vuelo es apenas una oportunidad de turismo.
Lo que realmente implica inaugurar un vuelo…
Si como yo, te estás preguntando qué necesitamos para mantener las rutas aéreas, aquí te lo explico en sencillas enumeraciones:
- Negociaciones entre gobierno, aerolíneas y aeropuerto (✔)
- Estudios de mercado y viabilidad financiera (✔ o eso espero)
- Promoción turística en los mercados emisores
- Participación de hoteles, restaurantes y turoperadores
- Estrategias de comercialización permanentes
- Factores mínimos de ocupación para mantener la ruta
- Infraestructura y experiencia del pasajero
- Conectividad terrestre eficiente
- Generación de demanda sostenida
- Construcción de una marca destino competitiva (✔)
Con frecuencia se piensa que el trabajo termina cuando una aerolínea anuncia una nueva ruta o cuando se corta el listón inaugural. En realidad, ahí comienza la parte más complicada. Mantener una conexión aérea implica negociaciones permanentes entre aerolíneas, aeropuerto y autoridades; estudios de mercado; promoción turística en las ciudades de origen; participación activa de hoteles, restaurantes y turoperadores; campañas de comercialización constantes y una estrategia capaz de generar demanda sostenida durante todo el año.
También implica resolver algo tan básico como la movilidad de los pasajeros. La conectividad no termina cuando el avión aterriza. Depende igualmente de cómo llegan los viajeros al aeropuerto y de la experiencia que tienen desde el primer momento.
En ese aspecto, Puebla sigue teniendo tareas pendientes. Actualmente, quien verdaderamente entró al quite para conectar la capital con el aeropuerto fue Estrella Roja mediante un servicio de transporte accesible económicamente. Sin esa alternativa, muchos pasajeros dependerían de taxis privados o aplicaciones cuyos costos suelen elevarse considerablemente debido a la distancia entre la ciudad y la terminal aérea. A ello se suma una discusión que lleva años sin resolverse del todo: la limitada operación de plataformas como Uber y Didi en el aeropuerto, mientras persisten esquemas que favorecen a grupos de transporte con una posición privilegiada. El resultado es simple: llegar o salir del aeropuerto continúa siendo más complicado y costoso de lo que debería para un estado que busca competir turísticamente.
El problema no son los vuelos
La expansión aérea tiene mérito. Conseguir nuevas rutas no es sencillo y representa una oportunidad importante para Puebla. Sin embargo, la sensación es que gran parte del esfuerzo se concentró en obtener las conexiones y no necesariamente en construir una estrategia que las respalde.
No se perciben campañas de gran alcance que acerquen estas rutas al consumidor promedio. No existe una conversación constante en la ciudad sobre los nuevos destinos disponibles, tan solo Ixtapa y Huatulco –y por ahí se rumora que Los Cabos intenta– han organizado fam trips de prensa e influencers para mostrar el destino, Huatulco hasta trajo a sus representantes de hoteles a mostrar el nivel de hospedajes y a presumir un poco de sus atractivos, pero los demás estados ni sus luces –y me da tanta pena porque San Luis Potosí, Aguascalientes, León, Puerto Vallarta, Villahermosa y Tuxtla ofrecen verdaderas maravillas naturales, gastronómicas e históricas.
¿A quién le echamos la culpa por esto?
Tampoco se observan activaciones o esfuerzos visibles que conviertan la conectividad aérea en un tema presente para la población. Pero quizá la omisión más importante está fuera de Puebla. Porque si el objetivo es fortalecer el turismo, la promoción no debería limitarse a informar a los poblanos que ahora pueden volar a más destinos. También debería enfocarse en convencer a los habitantes de esos destinos de visitar Puebla, que es el Latido de México, ¿o no?
Una estrategia de dos vías
Si Puebla ya logró conectarse con más ciudades, ¿por qué no estamos viendo campañas en Monterrey, Guadalajara, Tijuana, Houston o Los Ángeles invitando a descubrir el estado? ¿Dónde están las estrategias para atraer visitantes a Puebla aprovechando estas nuevas rutas? –¿o me estaré adelantando mucho? Pero no creo, porque los especialistas en aerolíneas revelan que para mantener una ruta aérea se necesita máximo un año y oigan, ya estamos en junio, mitad de año y el anuncio de los nuevos vuelos se hizo desde inicios de año, en los primeros días de febrero, para ser exactos.
La lógica actual parece enfocarse principalmente en que los poblanos viajen hacia otros lugares. Sin embargo, una ruta aérea es una calle de doble sentido. El éxito turístico no se mide únicamente por la cantidad de pasajeros que salen, sino también por los que llegan. Y eso es particularmente importante cuando hablamos de rutas que necesitan demostrar su viabilidad económica.
El riesgo que nadie menciona
Las aerolíneas no operan por entusiasmo institucional ni por ceremonias inaugurales. Operan por ocupación. Un avión comercial puede transportar entre 150 y 180 pasajeros dependiendo del modelo, y para que una ruta resulte rentable necesita mantener factores de ocupación elevados durante periodos prolongados.
Por eso la promoción no es un complemento ni un lujo. Es parte esencial del modelo de negocio.
Si los asientos no se venden, las frecuencias se ajustan. Si la demanda no se consolida, las rutas se reducen. Y si los números no funcionan, eventualmente desaparecen. Como ya ha pasado, lastimosamente.
Lo que queda sobre la mesa
Puebla tiene hoy una oportunidad extraordinaria para fortalecer su posicionamiento turístico y económico. Las nuevas rutas representan conectividad, competitividad y posibilidades reales de crecimiento. Pero también representan una responsabilidad.
Porque abrir vuelos es relativamente sencillo comparado con mantenerlos.
La verdadera prueba comienza después de la inauguración. Comienza cuando hay que generar pasajeros, construir demanda y convencer a viajeros de otros estados y otros países de que Puebla merece una visita.
Hoy el estado parece haber logrado conseguir los aviones.
La pregunta es si existe una estrategia igual de sólida para llenar sus asientos.
