Pasan las décadas y parece que nada cambia. Pero lo cierto es que sí ha habido cambios en Cuba, aunque no al ritmo adecuado, ni en la dirección que quiere la mayor parte de los cubanos.
La isla caribeña vuelve a estar en el ojo del huracán desde que, hace unos días, la administración Trump emitió una orden ejecutiva a través de la cual declaró una emergencia nacional contra el régimen cubano, acusándolo de ser una amenaza contra la seguridad nacional de Estados Unidos.
A partir de ahí, Donald Trump pretende bloquear a la economía cubana imponiendo aranceles de 100% a cualquier país que venda petróleo a la isla caribeña –México vendió casi 500 mdd en 2025–. La orden emitida por el mandatario norteamericano acusa al régimen de La Habana de violar derechos humanos, perseguir a disidentes políticos y restringir las libertades de expresión y prensa. De igual manera, Estados Unidos coloca a Cuba en la órbita de amistad de regímenes hostiles –hostiles a los intereses estadounidenses, claro– como son Irán, China y Rusia, así como vínculos con grupos terroristas tales como Hezbolá y Hamás.
Tanto el secretario de exteriores del régimen cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, así como el presidente de la isla caribeña, Miguel Díaz-Canel, condenaron ya esta orden del gobierno de Donald Trump. Del lado de la administración estadounidense, encontramos al secretario de Estado, Marco Rubio, quien será el encargado de supervisar este proceso. Su ascendencia cubana y, por tanto, su oposición férrea al castrismo, tensará aún más este conflicto.
¿Funcionarán los aranceles para inhibir la venta de hidrocarburos hacia Cuba y, por tanto, para ahogar económicamente al régimen cubano? Creemos que no. No funcionó en los años 90 del siglo pasado con la famosa ley Helms Burton y no pensamos que funcione ahora. De lo que sí estamos seguros es de que un 95% de los 11 millones de cubanos lo va a pasar aún peor, y verá restringido su acceso a los servicios de energía. El otro 5%, los que detentan los resortes del poder político y militar, se las seguirá arreglando para mantener un nivel de vida desahogado.
Pero si la administración que dirige Donald Trump se atrevió a raptar/secuestrar/levantar a Nicolás Maduro –que fuera lo dictador que fuera, no dejaba de ser un presidente de gobierno de un país soberano– y a amedrentar al gobierno de Groenlandia, ¿por qué no habría de atreverse con el régimen que le ha manifestado su abierta hostilidad desde el triunfo de la revolución de Fidel Castro en 1959?
La doctrina Monroe (América para los americanos) revive en los sueños imperialistas de Donald Trump. Solo él, y su camarilla gubernamental, sabe lo que querría hacer con Cuba. ¿Convertirla en un estado libre asociado como lo es Puerto Rico o en el lupanar que era la isla caribeña en tiempos de la dictadura de Fulgencio Batista?
Y mientras estas diatribas se dirimen en las alfombras del Capitolio y del Pentágono, una nueva generación de jóvenes cubanos sigue sufriendo la ausencia de libertades, derechos y oportunidades. ¿Hasta cuándo? Esa es la pregunta para la que llevamos casi 70 años sin respuesta.
Dr. Oscar Tendero García, catedrático de Historia y de Geopolítica internacional. Conferencista. Asesor.
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