Sin estridencias, en estos días se ha concretado un cambio profundo, de gran calado, que implicó más de una década de lucha, que ha sido la eliminación de uno de los últimos reductos del morenovallismo: que era el control laboral de los poderes públicos de Puebla que ejercía una corriente política que, desde hace 13 años, había sido impuesta por el ahora finado exgobernador Rafael Moreno Valle Rosas y que se resistió, hasta el último aliento, a ceder el manejo del Sindicato de Burócratas.
Todavía a inicios de la semana pasada, esa corriente buscó influir en el Tribunal de Arbitraje del Estado de Puebla para que no se reconociera el triunfo que Martha Rodríguez Salinas consiguió en las urnas, en una elección donde arrasó y hubo una copiosa participación, pues acudieron a votar el 70% de las bases sindicales en los comicios de diciembre pasado.
El viernes anterior, finalmente el Tribunal de Arbitraje entregó la toma de nota a Martha Rodríguez Salinas y esta semana se realizó el proceso de transición para que la nueva dirigente tome totalmente las riendas del Sindicato de Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado de Puebla y Organismos Descentralizados.
La resistencia a aceptar la estrepitosa derrota que sufrieron los morenovallistas, encabezados por Jhovani Oliver Gallo, tiene una explicación: no se sabe cuál fue el destino de unos 20 millones de pesos correspondientes a las cuotas sindicales del último trienio.
De nada sirvió que el morenovallismo desplegara un intenso tráfico de influencias, compra de votos, la clonación de credenciales oficiales de burócratas, se contrataran grupos de choque, se interpusieran demandas penales y otras tantas artimañas. Nada pudo frenar el triunfo electoral de la nueva líder de los trabajadores del sector público estatal.
Lo que aconteció no es algo menor. A Martha Rodríguez Salinas le caracteriza algo que nadie pudo hacer: tres veces ha derrotado al morenovallismo, situación que, por lo menos, en unas cuatro ocasiones puso en peligro su vida, su trabajo y su libertad.
Ni el más encumbrado político de la 4T en el estado ha conseguido lo que hizo Rodríguez Salinas desde 2013, fecha en que por una orden directa del entonces gobernador Rafael Moreno Valle Rosas se dispuso que la echaran del Gobierno estatal, que le negaran el acceso a la justicia laboral y si se podía, que se fuera de Puebla.
Todo eso pasó bajo la advertencia de que podía acabar tras las rejas.
Hace una década y tres años, Rafael Moreno Valle decidió tomar el control del Sindicato de Burócratas para que no hubiera oposición a la represión laboral que desató contra miles de burócratas.
En aquella ocasión se decidió expulsar de los poderes públicos a todos los sindicalistas que tenían la intención de participar en la renovación de la organización gremial. Entre ellos se encontraba Martha Rodríguez Salinas.
Lejos de cohibirse, desde el desempleo y sin ingresos económicos, esta mujer junto a otros 30 rescindidos orquestó el Movimiento por la Democracia.
Una primera meta fue enfrentar a Moreno Valle en los tribunales laborales, que son instancias llenas de corrupción e impunidad, pero aún así, con persistencia se consiguió derrotar al Gobierno del estado.
Rodríguez Salinas logró su reinstalación laboral, siendo esa la causa por la cual esta líder enfrentó el odio del Sindicato de Burócratas, del PAN, de muchos funcionarios públicos, ya que era vista como la verdadera oposición al morenovallismo.
El segundo enfrentamiento fue en diciembre de 2022, cuando la dirigente saliente, Socorro Meza Cruz, operó un burdo y evidente fraude electoral que frenara la participación de Rodríguez Salinas en la elección del gremio de burócratas.
Efectivamente, a Rodríguez Salinas la dejaron fuera de la contienda, pero logró que el grueso de las bases del sindicato no le reconocieran autoridad a Jhovani Oliver Gallo, quien luego de un largo litigió asumió el control de la agrupación laboral en octubre de 2023.
Ahora en diciembre pasado, Martha Rodríguez libró más de una decena de obstáculos, de trampas, de denuncias penales, de intentos de frustrar su participación. Nadie la pudo frenar y ganó.
No fue obra de una sola persona.
El reciente proceso electoral fue, ante todo, un acto de rebelión de los trabajadores del sector oficial que estaban cansados de los últimos morenovallistas que se resistían a ceder el poder.

