Nadie lo esperaba, pero surgió. Y es que, en tiempos de crisis, los líderes aparecen y se consolidan. Tal fue el caso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien el pasado fin de semana hizo un llamado –Foro Económico Mundial de Davos, Suiza– a las potencias intermedias para que dejaran de complacer a Estados Unidos.
Explicó Carney que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había creado una “ruptura” irrevocable del orden mundial. Abogó por volver a revitalizar las instituciones que defienden el derecho y el orden internacionales, y apostó fuertemente por dotar de musculatura real y eficacia comprobada a la ONU, la OEA, el FMI, la OMS, el Banco Mundial y un largo etcétera.
Se opuso frontalmente –como también los han hecho, en los últimos días, potencias como Alemania, Francia, España…– a integrarse en la llamada Junta de Paz, organismo creado por el presidente Trump y que apunta a una sustitución clara de las funciones de la ONU. En ese club ya se han integrado, en los últimos días, algunas dictaduras de varios continentes, así como algunos presidentes de gobiernos de ultraderecha, como por ejemplo el presidente argentino, Javier Milei; el primer ministro húngaro, Víktor Orban; el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, o el presidente de Paraguay, Santiago Peña.
De alguna manera, el valiente discurso del socialdemócrata Carney nos recordó –salvando las distancias– a aquella fluida oratoria de Winston Churchill quien, en los años 30, avisaba ya del peligro imperialista de la Alemania del Tercer Reich de Hitler.
¿Y por qué es relevante este discurso de Carney? En esencia, por dos razones muy claras.
La primera es que el presidente de Canadá podría liderar una vía alternativa a las autocracias de los gobiernos de Xi Jinping en China, Vladimir Putin en Rusia y el intento autoritario de Donald Trump en Estados Unidos. Autocracias que juegan a repartirse el mundo, de forma imperialista, con Rusia ambicionando Europa del Este, China haciendo lo propio con todo el sudeste asiático y Estados Unidos anhelando todo el continente americano (doctrina Monroe).
En la línea de lo que hicieron, en los años 60 del siglo XX, los Países No Alineados, liderados por la India del presidente Nehru, la Indonesia de Sukarto o el Egipto de Nasser, en el contexto de la Guerra Fría, buscando posiciones equidistantes del capitalismo de Estados Unidos y del comunismo de la extinta URSS.
Para ello, Canadá sabe que debe de contar con los miembros de la Unión Europea, por ser estos países estados donde las democracias están consolidadas y la separación de poderes se respeta, en términos generales.
Y la segunda razón es que Mark Carney se atreve con este discurso en plenas negociaciones del tratado de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá. El famoso T-MEC. Echarse de rival a su vecino del sur es algo muy notable.
Y otra pregunta que sin duda surge es ¿qué va a hacer México? ¿Cómo va a reaccionar? ¿Se integrará en la Junta de Paz de Trump o seguirá la estela del reforzamiento de los organismos internacionales ya existentes que apuntó Carney?
Difícil papeleta, sin duda, para la presidenta Dra. Claudia Sheinbaum, en plena renegociación del T-MEC. El tiempo lo dirá.
Dr. Oscar Tendero García, catedrático de Historia y de Geopolítica internacional. Conferencista. Asesor.
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