A catorce meses de detectarse el primer caso, México acumula 14 mil 321 casos de gusano barrenador del ganado (GBG) y mantiene 870 focos activos, de acuerdo con datos del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica). La expansión de la plaga ocurre en un contexto de cierre de la frontera estadounidense a la exportación de ganado mexicano, situación que especialistas advierten ya provoca presiones económicas e inflacionarias en ambos países.
El monitoreo oficial indica que los casos se concentran principalmente en el sur y sureste del país. Chiapas encabeza la lista con 5 mil 580 casos acumulados, seguido de Oaxaca (2 mil 294), Veracruz (2 mil 150), Yucatán (mil 623), Tabasco (mil 109), Campeche (706) y Quintana Roo (400).
Por especies, los bovinos concentran la mayor afectación, con más de 10 mil 106 casos acumulados; sin embargo, el gusano barrenador también ha sido detectado en perros, gatos, aves e incluso humanos, con 105 casos de miasis confirmados.
Ante este escenario, la Secretaría de Agricultura informó que la Planta Productora de Moscas Estériles en Metapa, Chiapas, registra un avance del 50 % y se prevé que entre en operaciones durante el primer semestre de 2026, como parte de una iniciativa conjunta con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). Con esta infraestructura, Senasica dispondrá de 100 millones de moscas estériles adicionales por semana, lo que permitirá duplicar la capacidad actual, que depende de envíos desde Panamá.
Juan Carlos Anaya, director general del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), explicó que la erradicación del gusano barrenador podría tomar entre año y medio y dos años, por lo que el objetivo inmediato es contener la plaga para evitar su avance hacia estados cercanos a la frontera norte.
En el ámbito económico, el cierre de Estados Unidos dejó sin exportar más de 1.2 millones de cabezas de ganado entre noviembre de 2024 y diciembre de 2025, con una pérdida estimada de mil 448 millones de dólares. Además, los ganaderos mexicanos han enfrentado costos adicionales por inspecciones y menores precios en el mercado interno, mientras que productores estadounidenses también resienten impactos en la producción y en los precios de la carne.




