Dicen los que Saben que en el Congreso no se improvisa.
Y menos cuando hay micrófonos abiertos y legisladores con libreta afilada.
Ahí llegó Silvia Tanús.
Sin estridencias.
Sin hojas temblorosas.
Con datos.
De esos que no admiten rodeos.
La titular de Movilidad y Transporte cruzó la comparecencia como quien ya estuvo ahí.
Porque ya estuvo.
Del otro lado de la mesa.
Sabe que al legislador no se le corre, se le encara.
Y se le responde.
Comparecer no es leer un informe.
Es defender una política pública bajo fuego cruzado.
Y Tanús defendió la suya con números, procesos y una convicción incómoda para muchos:
el transporte público no se arregla con discursos ni con nostalgia concesionada.
Se arregla con decisiones.
Las preguntas llovieron.
Concesiones.
Rutas.
Rezagos.
Vicios que llevan décadas rodando sin freno.
Porque sí, el transporte público sigue lleno de pendientes.
Negarlo sería mentir.
Modernizarlo es caro y lento.
Implica tocar intereses.
Romper pactos envejecidos.
Desarmar inercias que se creían eternas.
Y aun así, Silvia Tanús dejó algo claro:
las bases ya están puestas.
No para aplaudir hoy.
Sino para cobrar resultados mañana.
Dicen los que Saben que Tanús tiene clara la meta.
Que el verdadero cambio llegará cuando la mayoría del transporte deje de parecer pieza de museo y empiece, por fin, a funcionar sin caerse a pedazos.
Porque en movilidad, como en política,
el que no avanza
se queda varado.
Y Silvia Tanús está en pleno movimiento con talento probado. ¿O no?
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