Hoy en día, el militante más sobresaliente que tiene el PRI poblano es Delfina Pozos Vergara, quien a lo largo del último año se ha convertido en la diputada más crítica e incisiva en el Congreso local. Sin contar que es la única presencia del tricolor en el Poder Legislativo del estado. Pese a esa condición, la representante popular está a punto de abandonar las filas del Partido Revolucionario Institucional, al tener conversaciones con tres fuerzas políticas que le han abierto espacios de participación.
Su salida de las filas priistas –que se podría definir la próxima semana– no es una renuncia más, sino podría llevar al otrora partido oficial a un grado extremo de debilitamiento político, pues si la diputada abandona esta formación política llevaría a que el PRI, por primera vez en 80 años de vida, no tuviera presencia en el Poder Legislativo del estado.
El PRI camina a pasos agigantados a un escenario de marginalidad, que se expresa en que en los últimos 15 años ha perdido 73% de su votación estatal y en la actualidad gobierna 32 ayuntamientos de los municipios que tienen menor población y carecen de un peso político relevante.
No es algo menor, ya que el PRI desde hace varios años está fuera de la competencia electoral en los espacios urbanos del estado y el antipriismo se encuentra en niveles brutales, ya que algunos estudios de opinión pública expresan que el 60% del electorado nunca votaría por el tricolor.
Una crisis se que se está profundizando con una imposición que hubo en los últimos días de 2025, luego de que el partido estuvo acéfalo cuatro meses, con la renuncia de Néstor Camarillo Medina a la dirección del partido.
El Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI por “dedazo” designó a Xitlalic Ceja Martínez como presidenta estatal del partido, mediante un proceso en que se excluyó a la militancia y en general a la mayor parte de las corrientes internas del tricolor.
La nueva dirigente –en las dos primeras semanas del nuevo año– ha dado muestras de encontrarse en un extravío absoluto, al reconocer que no conoce la estructura política del partido en el estado y “cruzarse de brazos” ente el riesgo de sufrir la deserción de los últimos liderazgos importantes que quedan al priismo poblano, que son los casos de Delfina Pozos y de Blanca Alcalá Ruiz, la primera alcaldesa de la capital, que estaría a punto de migrar al PAN.
A lo anterior se debe agregar la posición sólida del PAN de que con el PRI poblano “no camina ni a la esquina”.
El viernes anterior, el presidente estatal del PAN en el estado, Mario Riestra Piña, sustentó bien el rechazo del albiazul hacia el tricolor, con el que había hecho alianzas políticas en los procesos electorales de 2021 y 2024.
De acuerdo con una serie de sondeos que se levantaron en el estado a lo largo del último año, el 80% de la militancia panista expresó que fue “un grave error” haber competido con el PRI a lo largo de los últimos cinco años.
Riestra –en una conversación que sostuvo con directivos de medios de comunicación– expuso con claridad el malestar que se tiene contra el PRI: en muchos municipios el PAN puso los votos –en los comicios de 2024– y el tricolor se quedó con las regidurías plurinominales, sin haber contado con el respaldo popular.
Fuera del PAN, al PRI poblano no le queda espacio para hacer alguna otra alianza relevante rumbo al proceso electoral de 2027 que le pudiera dar un poco de “oxígeno” en una crisis que se estaría volviendo “agonizante”.
Fue Alito el culpable
Con lo que está pasando en Puebla se constata lo que se ha estado advirtiendo en los últimos seis años: el principal aliado de la 4T en el PRI es Alejandro Moreno Cárdenas, alias Alito, que en su carácter de dirigente nacional del tricolor ha llevado al partido a una crisis demoledora.
Alito provocó que se fueran del PRI los principales liderazgos políticos del partido y que, en 30 de los 32 estados del país, el tricolor esté fuera de la competencia por las gubernaturas.
Para el caso de Puebla, luego de la renuncia de Néstor Camarillo, el CEN priista reunió a los pocos grupos internos que le quedan al partido en el estado. Les ofreció que habría un proceso de selección de la nueva dirigencia en que habría la participación de todos.
De inmediato surgió el interés de Delfina Pozos de competir por la presidencia del PRI, luego de que había cubierto un breve interinato como dirigente ante la salida de Camarillo Medina.
A lo largo de varias semanas se hizo creer a todo mundo que habría una elección en el seno del Consejo Político Estatal para designar al nuevo líder priista.
Hasta que a finales de noviembre surgió la propuesta de hacer “una planilla de unidad”, que sería encabezada por Xitlalic Ceja, en el cargo de la presidencia, y por Lorenzo Rivera, en la secretaría general, pese a que este segundo personaje tendría un proceso penal abierto por abusos de autoridad cometidos cuando fue alcalde de Chignahuapan.
Al llegar diciembre, Alito se comunicó con Delfina Pozos y le pidió aceptar la “planilla de unidad” a cambio de ofrecerle un puesto nacional en el PRI.
Se dio la imposición de Ceja y Rivera como dirigentes del PRI y cuando Delfina Pozos se comunicó con Alito la respuesta fue carente de toda civilidad política: “su agenda está muy ocupada. No la puede atender”.
Pozos le había advertido a Alito, palabras más, palabras menos: “si no me cumples, me voy”.



