La decadencia del PRI en Puebla se puede establecer en un periodo de 16 años, justo al final del gobierno de Mario Marín, hoy detenido por tortura, y su candidato para sucederlo, Javier López Zavala, hoy declarado culpable por el feminicidio de Cecilia Monzón.
El último momento de poder absoluto del PRI en Puebla fue en el 2004 cuando Mario Marín derrotó a Francisco Fraile en las elecciones a la gubernatura.
El caso de la tortura de la periodista Lydia Cacho casi provoca la caída de Marín y dejó en manos de Javier López Zavala el control de la administración y la candidatura a la gubernatura en el 2010.
Sin embargo, Rafael Moreno Valle derrotó con facilidad a Javier López Zavala y ahí empezó la interminable debacle priista.
En el 2016, la candidata del PRI, Blanca Alcalá, fue borrada por Tony Gali en la llamada minigubernatura de dos años.
En el 2018, Enrique Doger, candidato del PRI, solo fue testigo de una brutal campaña entre Miguel Barbosa y Martha Erika Alonso.
Con la muerte de Martha Erika, el priista Alberto Jiménez Merino solo fue testigo del triunfo de Miguel Barbosa.
Y ya para el 2024, el PRI ni siquiera tuvo candidato a la gubernatura porque Néstor Camarillo pactó su senaduría a cambio de apoyar al panista Eduardo Rivera, quien fue borrado por el actual gobernador de Morena, Alejandro Armenta.
Posteriormente. Néstor Camarillo traicionó al PRI, dejó la dirigencia y se llevó su senaduría a Movimiento Ciudadano.
Y todo indica que la diputada local Delfina Pozos hará lo propio, abandonará al PRI y se sumará a Movimiento Ciudadano y dejará al tricolor sin representación en el Congreso local.
Y es que sinceramente, pocos en verdad quieren permanecer en el PRI.
La debacle sigue y ya se asoma la extinción del expartidazo en el mediano plazo.
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