Fingir muerte o robo, fraudes más comunes contra aseguradoras
@imagenpoblana
Fingirse muerto, reportar una enfermedad que no existe, dar como perdido un celular o un automóvil son los fraudes más comunes que cometen los usuarios en contra de las aseguradoras. La comisión de este delito podría conllevar penas de hasta 20 años de cárcel.
El pasado miércoles, Imagen Poblana presentó los engaños más comunes de las empresas aseguradoras contra los usuarios, los cuales consisten prácticamente en las famosas letras chiquitas, que tienen un sinnúmero de restricciones para el momento de cobrar el seguro.
Sin embargo, no solo las empresas cometen este tipo de fraude con la finalidad de ahorrarse recursos económicos. Los usuarios también acostumbran mentir y hacer trampa para sacar partido de este beneficio, para lo cual llegan a cometer más de un delito en aras de salirse con la suya.
Un fraude típico en los usuarios de seguros, según datos de las propias aseguradoras, es fingir que un objeto ha sido robado. Normalmente se trata de automóviles que son vendidos en otros estados y reportados como robados en el lugar donde se contrató el seguro, aunque también van en incremento los casos de celulares adquiridos con seguro y luego reportados como robados sin que esto haya sucedido.
El fraude más común y hasta cierto punto “inocente”, es cuando un equipo es extraviado y su dueño lo reporta como objeto de un robo. Esto se debe a que las compañías de telefonía móvil no hacen efectivo el seguro a menos que el usuario haya sido víctima de un robo violento. Ello lleva a los usuarios a exagerar en el momento de levantar su declaración ante la policía.
“La propia vendedora de Iusacell, la que me vendió el teléfono, me dijo que sí me hacían válido el seguro pero que tenía que levantar mi denuncia. Me dijo que tenía que inventarle, que aunque me lo hayan robado de forma tranquila yo tenía que decir que me habían golpeado y me habían sacado la pistola, de lo contrario, no me iban a dar nada”, afirma María de Lourdes, quien fue víctima de un robo no violento a bordo del transporte público.
Cuando una empresa detecta el fraude procede a avisar a las autoridades penales y financieras, las cuales recurren siempre a la vía más fácil para resolver el conflicto, que es la de pedir al usuario que pague el monto de lo defraudado. En menor medida y solo si el cliente se niega a pagar, procede la sanción penal, lo cual puede llevar a una multa o incluso a la privación de la libertad.
El fraude menos cometido pero que sí ocurre es también el más extremo: fingir que una persona está muerta para hacer efectivo el seguro. Esto requiere de un plan bastante cuidado y generalmente conlleva otros delitos, como la falsificación de actas de defunción o, incluso, la suplantación de identidad, dando de alta el seguro a nombre de una persona ya fallecida, entregando documentos apócrifos y luego fingiendo la muerte de quien aparecía como propietario del seguro y que ya había muerto hace bastante tiempo.
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Fingirse muerto, reportar una enfermedad que no existe, dar como perdido un celular o un automóvil son los fraudes más comunes que cometen los usuarios en contra de las aseguradoras. La comisión de este delito podría conllevar penas de hasta 20 años de cárcel.
El pasado miércoles, Imagen Poblana presentó los engaños más comunes de las empresas aseguradoras contra los usuarios, los cuales consisten prácticamente en las famosas letras chiquitas, que tienen un sinnúmero de restricciones para el momento de cobrar el seguro.
Sin embargo, no solo las empresas cometen este tipo de fraude con la finalidad de ahorrarse recursos económicos. Los usuarios también acostumbran mentir y hacer trampa para sacar partido de este beneficio, para lo cual llegan a cometer más de un delito en aras de salirse con la suya.
Un fraude típico en los usuarios de seguros, según datos de las propias aseguradoras, es fingir que un objeto ha sido robado. Normalmente se trata de automóviles que son vendidos en otros estados y reportados como robados en el lugar donde se contrató el seguro, aunque también van en incremento los casos de celulares adquiridos con seguro y luego reportados como robados sin que esto haya sucedido.
El fraude más común y hasta cierto punto “inocente”, es cuando un equipo es extraviado y su dueño lo reporta como objeto de un robo. Esto se debe a que las compañías de telefonía móvil no hacen efectivo el seguro a menos que el usuario haya sido víctima de un robo violento. Ello lleva a los usuarios a exagerar en el momento de levantar su declaración ante la policía.
“La propia vendedora de Iusacell, la que me vendió el teléfono, me dijo que sí me hacían válido el seguro pero que tenía que levantar mi denuncia. Me dijo que tenía que inventarle, que aunque me lo hayan robado de forma tranquila yo tenía que decir que me habían golpeado y me habían sacado la pistola, de lo contrario, no me iban a dar nada”, afirma María de Lourdes, quien fue víctima de un robo no violento a bordo del transporte público.
Cuando una empresa detecta el fraude procede a avisar a las autoridades penales y financieras, las cuales recurren siempre a la vía más fácil para resolver el conflicto, que es la de pedir al usuario que pague el monto de lo defraudado. En menor medida y solo si el cliente se niega a pagar, procede la sanción penal, lo cual puede llevar a una multa o incluso a la privación de la libertad.
El fraude menos cometido pero que sí ocurre es también el más extremo: fingir que una persona está muerta para hacer efectivo el seguro. Esto requiere de un plan bastante cuidado y generalmente conlleva otros delitos, como la falsificación de actas de defunción o, incluso, la suplantación de identidad, dando de alta el seguro a nombre de una persona ya fallecida, entregando documentos apócrifos y luego fingiendo la muerte de quien aparecía como propietario del seguro y que ya había muerto hace bastante tiempo.