Al menos 10 veces cada día, Lorena Morales Rodríguez recorre los más de 50 metros que separan su casa en el barrio de San Juan, perteneciente a este municipio, de un depósito de agua instalado por los propios vecinos. Más de un mes después de que la Secretaría General de Gobierno (SGG) interviniese para resolver el desabasto de agua y cargar pesadas de cubetas sigue siendo para muchos pobladores de Acajete, Amozoc y Tepatlaxco de Hidalgo, la única garantía de poder tomar un baño o limpiar el piso.
Desde que Lorena comenzó a vivir nueve años atrás al barrio de San Juan, también conocido como Sección Uno, pocas veces ha visto fluir el agua por las tuberías de su casa. “A veces nos cae una vez por mes”, relató mientras sujetaba dos cubetas vacías. Tareas cotidianas como lavar platos, limpiar ropa o dar de beber a sus siete hijos, el mayor de nueve años y el pequeño de sólo cinco meses, se convirtieron en un desafío.
Como Lorena, muchos de los vecinos de Acajete carecen de agua en sus hogares. La falta de abasto afecta también a los habitantes de Amozoc y Tepatlaxco de Hidalgo. Los tres municipios comparten desde abril de 1998 tres pozos del Sistema Malintzi denominados Floresta I, II y III. En septiembre pasado, los ediles de Tepatlaxco de Hidalgo y Amozoc se culparon de bloquear mutuamente el suministro.
Más allá de acusaciones políticas, las dificultades del desabasto de agua se viven, explicó Tomás Ramírez, integrante del Comité de Agua de La Malintzi, perteneciente al municipio de Acajete, desde hace dos décadas. Aproximadamente un “50 por ciento” de los hogares, denunció, carece en la actualidad de agua.
El porcentaje de hogares sin agua alegado por el comité de ciudadanos difiere de la cifra manejada por la actual administración municipal. Ocho de cada 10 casas ubicadas en la cabecera municipal, expresó Alejandro Flores, director del Sistema de Agua de Acajete, reciben de manera regular agua. El resto, hasta un 20 por ciento, sufre carencias puntuales en el servicio, derivadas de la falta de “actualización” del sistema, que iniciará como “prioridad” durante la presente administración.
Sin embargo, la repetida ausencia del líquido impulsó a los habitantes del barrio de San Juan, que, junto al barrio del Santo Entierro, es uno de los más afectados del municipio, a construir dos depósitos de agua. Ésta es recabada desde La Malinche a través de unas tuberías.
“ACÁ NO LLEGA AGUA, TODO ESTÁ SECO”
Mientras que en temporada de lluvia todos los vecinos pueden acudir a llenar sus cubetas y barricas, cuando las precipitaciones escasean el suministro se cierra a una o dos veces por semana. “Cuidamos este agua como no se imagina”, explicó Luz María Ramírez, quien cada ocho días camina “dos horas” para limpiar el origen del ducto instalado por los propios vecinos y evitar así que se acumule lodo.
El agua de La Malinche es la única que llega con más frecuencia hasta el hogar de Luz María, también en el barrio de San Juan. Desde hace 25 años el líquido suministrado por la administración municipal sólo aparece cada 15 días unas pocas horas. “Acá no llega agua, todo está seco”, protestó.
Las mismas quejas se repiten también en el municipio de Tepatlaxco de Hidalgo. La construcción del denominado Centro Acuático Municipal, que incluye una alberca semiolímpica, contrasta con la escasez de agua que viven muchos habitantes.
“Al año sólo llega agua tres o cuatro veces, dependiendo de las calles”, explicó María de la Cruz Morales Rosales, acostumbrada ya a llenar tinacos y cubetas con el agua de lluvia que después utiliza para limpiar la vajilla o “enjuagarse”.
A pesar de que la Secretaría General de Gobierno (SGG) instaló el pasado 20 de septiembre una “mesa de negociación y revisión” para solucionar el conflicto por desabasto del agua en los tres municipios, no parece haber mejoras tampoco para los habitantes de Amozoc.
A pocos pasos de una pancarta en la que se anuncia la inversión de 4 millones 200 mil pesos para construir una red de agua potable en el municipio, María Reyes relató cómo vive junto a sus dos hijos pequeños sin agua. La última vez que el suministro del líquido alcanzó su vivienda, ubicada en el barrio de La Concepción, fue hace seis meses. Desde entonces, comprar una pipa de agua cada vez es la única solución. “Si no, no podría hasta ni -para lavar- los trastes”, afirmó.




