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Dos tendencias chocan por la candidatura de Morena en Puebla

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Antes de que concluya este 2022, queda muy claro ya en el panorama que en Morena van a chocar en la definición de la candidatura a la gubernatura dos corrientes opuestas.

La primera es la corriente netamente localista, que encabeza el gobernador Miguel Barbosa, a quien no le falta razón, en querer jugar con piezas de su manufactura y con identidad poblana, como lo son sus tres “corcholatas”, Sergio Salomón, José Antonio Martínez García y Olivia Salomón.

Por el otro lado, hay una corriente, que denominaremos centralista, la cual, pugna porque la decisión de quién será el candidato de Morena a Casa Aguayo, se tome desde la ciudad de México y específicamente, desde Palacio Nacional, sin que se tome en cuenta a la militancia de este partido.

Este choque frontal ya se ha presentado en otras ocasiones, durante el régimen del antiguo partido hegemónico, el PRI, en el cual hubo decisiones de corte centralista, pero también localista. Veamos.

Durante el siglo pasado y durante las décadas de los sesentas y los setentas, Puebla vivió un periodo de mucha inestabilidad política, derivado de la lucha universitaria y del estilo personal de gobierno de los presidentes, Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, que con cualquier pretexto deponían gobernadores a su antojo.

Puebla venía del “avilacamachismo”, el cual había dominado política y económicamente a la entidad, a través de dos personajes, Maximino Ávila Camacho y William O’ Jenkins, quienes conformaron el grupo más poderoso en la historia de la entidad y con trascendencia nacional.

Los gobernadores de Puebla de los cincuentas, sesentas y hasta parte de los setentas, emanaron de este grupo político, el cual tuvo su punto culminante cuando, Gustavo Díaz Ordaz, fue electo presidente de la República para el periodo 1964-1970.

El periodo de convulsión e incertidumbre terminó en Puebla, en 1976, cuando Alfredo Toxqui y Fernández de Lara, fue electo gobernador de Puebla para el periodo 1976-1982.

Toxqui se caracterizó por poner en calma a Puebla, la cual se había convulsionado a tal grado, que el periodista, Manuel Buendía Tellezgirón, bautizó a esta ciudad como “la Belfast de América”.

Al término del periodo de Alfredo Toxqui, dos corrientes chocaron durante la sucesión gubernamental, la local que pugnaba por una candidatura con un producto netamente poblano y la nacional que prevaleció, a través de un personaje, ciertamente poblano, pero que había hecho sus estudios y su carrera política en el entonces Distrito Federal, como lo era Guillermo Jiménez Morales.

Jiménez Morales hubiera querido que su sucesor fuera Jorge Murat Macluf, quien fue presidente municipal de Puebla, luego de realizar uno de los más escandalosos fraudes electorales de la época, lo que dio lugar a los movimientos por la democratización del país, los cuales vaya ironía, derivaron más tarde en la creación de los órganos electorales.

Murat murió en un muy extraño accidente automovilístico y con él, el sueño de Jiménez Morales de imponerse al centro, la designación recayó en un personaje ajeno a Puebla, que había sido compañero de banca del presidente de la República, Miguel de la Madrid y que le había ayudado al entonces mandatario en sus años mozos a conquistar a su esposa Paloma, su nombre, Mariano Piña Olaya.

Piña ni siquiera era poblano, se le creó un supuesto nacimiento en Champusco, Puebla. Su notoriedad se basa en la amistad con el presidente De la Madrid, padre del hoy aspirante del PRI a la presidencia de la República, de nombre Enrique y por haber presidido la mesa directiva de la cámara de diputados que desaforó a Jorge Díaz Serrano, quien en ese tiempo se convirtió en el signo de la renovación moral que combatió a la corrupción de aquella época, el centro otra vez se había impuesto.

Piña Olaya tenía en mente imponer en su lugar al poblano, Marco Antonio Rojas Flores, a la sazón presidente municipal de Puebla, quien competía contra otro poblano que desde el centro quería hacerse de la gubernatura, Ángel Aceves Saucedo, mejor conocido como el “gordo” Aceves.

A los dos se les atravesó otro personaje con relaciones y ambiciones a nivel central, Manuel Bartlett Díaz, tabasqueño de origen y cuyo nombre siempre quedará ligado a el asesinato del periodista Manuel Buendía, del agente de la DEA, Enrique “Kiki” Camarena y al fraude de 1988.

Bartlett obtuvo la candidatura del PRI a Casa Puebla de manos de Carlos Salinas de Gortari e intentó imponer a su candidato, José Luis Flores Hernández, a quien en un principio apoyó y luego abandonó.

Un producto netamente local, Melquiades Morales Flores y las ambiciones de Bartlett terminaron por arrebatarles la candidatura, aunque también hay que decir que el oriundo de santa Catarina Los Reyes, junta auxiliar de Libres, que no de Ciudad Serdán, contó con todo el apoyo del entonces presidente, Ernesto Zedillo Ponce de León, quien detestaba a Manuel Bartlett Díaz.

En el 2000, el PRI perdió la presidencia de la República, por lo cual, la presidencia, ya no podía ser considerada como factor de decisión, la candidatura del PRI a la gubernatura se definió desde un escenario netamente local, en el cual, Mario Marín Torres, le arrebató al melquiadismo la designación, además de que un serie de factores como la muerte de Rafael Cañedo, la derrota de Carlos Alberto Julián y Nácer y el poco crecimiento de Germán Sierra, amén de la buena relación de Marín y de Fernando Morales con el entonces dirigente nacional del PRI, otro tabasqueño, Roberto Madrazo, obraron a favor del nacido en Nativitas, Cuautempan.

Marín optó en su sucesión por jugar con un producto de su cantera, el hoy preso en el penal del altiplano, Javier López Zavala, pero no tomó en cuenta el factor nacional y el peso de la presidencia de la República en manos del panista, Felipe Calderón, además de la maestra Elba Esther Gordillo, quienes se impusieron en la figura del ex priista, siglado por el PAN, Rafael Moreno Valle Rosas.

Moreno Valle logró imponer el factor local en la figura de Tony Gali y de su esposa, Martha Erika Alonso, ambos identificados con Puebla.

Ahora en la sucesión de Miguel Barbosa, habrá que ver, cuál de las dos fuerzas termina por imponerse, el centro o la localía, representada por el gobernador, Miguel Barbosa y sus “corcholatas”, la cuales al parecer tienen todo para quedarse con la designación rumbo al 2024.

Díaz Carranza, la opción de los notarios. Guadalupe Díaz Carranza es una mujer egresada de la Universidad Iberoamericana, la cual obtuvo la patente de notario público No. 83, en el estado de Oaxaca en 2004.

Fue presidenta del Colegio de Notarios del Estado de Oaxaca en dos ocasiones, 2010-2012 y 2019-2022, ambos con excelentes resultados, según sus pares.

También fue vicepresidenta zona sur del Colegio Nacional de Notariado en dos ocasiones, para los periodos 2011-2012 y 2017-2018.

Se desempeñó como representante de la zona sur en la comisión de Infonavit en el 2020 y actualmente es secretaria de Finanzas del Colegio Nacional del Notariado Mexicano, lo cual sin duda hace de esta mujer, la mejor opción para dirigir a este organismo a nivel nacional.

Twitter: @riva_leo