Olivia Salomón, Melitón Lozano, José Antonio Martínez y Sergio Salomón Céspedes ocuparon lugares de privilegio en los mítines realizados en Cuautlancingo, San Pedro Cholula, Zacapoaxtla, Tlatlauquitepec y Teziutlán.
Una lectura rápida de los hechos condujo a poner la atención en los aspirantes barbosistas, que con estos presuntos encuentros con la militancia comenzaban a reforzar su imagen personal de cara al proceso de selección de candidatos en el partido presidencial.
Eso era importante, sí, que con la ayuda de la dirigencia formal del partido, a cargo de Olga Romero Garci-Crespo, Salomón, Lozano, Martínez y Céspedes se pusieran a correr detrás de Alejandro Armenta e Ignacio Mier.
Pero no era lo único relevante.
Esas “asambleas informativas de los gobiernos de la 4T”, como les llaman, llevaban dedicatoria para la jefa de gobierno de la capital del país, y no solo eso, sino que contaron con la asistencia y automática validación de Romero, la presidenta del partido.
Entonces ya no se trataba solo de la celebración de actos políticos que tenían como invitados de honor a los hombres y las mujeres del gobernador que pretenden sucederlo en el cargo, sino de acontecimientos políticos organizados por la dirigencia de Morena y el barbosismo, que son lo mismo a partir de la renovación concretada en el mes de agosto, para respaldar el proyecto de Sheinbaum.
Si Olga Romero y los cuatro suspirantes a la gubernatura identificados con el mandatario se ponen del lado de la precandidata presidencial, queda claro el mensaje: Barbosa está con Sheinbaum y, atención aquí, quiere hacerlo público, a poco más de un año de distancia de que López Obrador formalice la designación de aquella persona que será su relevo en Palacio Nacional.
Miguel Barbosa ha observado el contexto político y ha decidido jugarse todo en esa decisión.
Sabe que apostar en circunstancias de incertidumbre y acertar tendrá más valor y generará mayores ganancias que hacerlo en condiciones de seguridad, cuando el candidato o la candidata ya ha sido designada y no se tenga nada que perder.
Él mismo fue protagonista de un hecho similar en 2017.
A principios de ese año, el entonces senador por Puebla hizo público su respaldo a la precandidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador y después renunció a la militancia del PRD, partido del que fue presidente en el estado, como parte de una estrategia personal bien trazada que tuvo como objetivo hacerse de la candidatura a gobernador en la elección del 2018, bajo el cobijo de Morena.
Barbosa no se fue solo aquella vez.
El poblano y otros ocho senadores que abandonaron las filas del PRD se pasaron a la bancada del Partido del Trabajo, aliado del tabasqueño.
El brinco de los legisladores federales liderados por Miguel Barbosa tuvo una importante resonancia mediática y ayudó a reforzar la imagen del López Obrador invencible, a 15 meses de la contienda presidencial.
Lo demás es historia.
Barbosa fue candidato en dos ocasiones consecutivas y hoy es gobernador, gracias a su olfato político.
Vuelva usted al presente.
El mandatario estatal se decanta por Sheinbaum en momentos en que las definiciones pesan y con ello se ubica un paso por delante de Alejandro Armenta e Ignacio Mier, que tienen apuestas distintas.
Aquí radica la trascendencia de lo ocurrido el fin de semana.
Miguel Barbosa puso a disposición de la jefa de gobierno el control del partido en el estado y le mostró a sus cuatro subordinados, para que los recuerde y tome en cuenta a la hora que deba sentarse junto a López Obrador para definir al próximo candidato a gobernador de Puebla.
Armenta, que está con Ricardo Monreal, no puede pronunciarse por la jefa de gobierno; lo mismo que Mier, que ha optado por el cobijo de Adán Augusto López.
Twitter: @jorgerdzc
