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El caso Rueda, nada que ver con la libertad de expresión

Arturo Rueda

Arturo Rueda

El sábado pasado fue detenido, en la Ciudad de México, el “periodista” Arturo Rueda, quien en realidad se comportaba más como empresario, que como periodista y es muy importante hacer esta precisión, ya que su captura nada tiene que ver con la libertad de expresión.

De entrada, Rueda nunca fue periodista, fue un genial invento del quintacolumnista, Mario Alberto Mejía, quien lo llevó por allá del año del 2002 a las páginas del periódico más influyente de Puebla, Intolerancia Diario.

Eran los tiempos en los que se acercaba la sucesión del entonces gobernador, Melquiades Morales Flores y Rueda comenzó a escribir la columna “Tiempos de Nigromante”, al mismo tiempo, escribió junto con Mejía, un libro sobre la sucesión gubernamental. Hay que reconocer que Arturo era bueno analizando los posibles escenarios del 2004.

En los tiempos de Bartlett, Rueda había sorprendido al entonces gobernador de Puebla por su inteligencia y su habilidad para la oratoria, lo que le valió ser becado por el entonces mandatario estatal y lo mismo obtuvo de Melquiades Morales, quien le pagó sus estudios en España para concluir su maestría.

Inicialmente en sus escritos Rueda apoyaba a Rafael Moreno Valle y al grupo finanzas, pero al recaer la candidatura en Mario Marín Torres, no dudó en ponerse a sus órdenes e incluso viajó a España para alcanzar al entonces gobernador electo de Puebla y sumarse a su comitiva.

Algo salió mal seguramente en el viaje por España, que a su regreso Rueda, comenzó a arremeter en contra de Mario Marín y junto con Mario Alberto, Zeus Munive, Héctor Hugo Cruz y el fotoperiodista, Ulises Ruiz, decidieron abandonar el proyecto de Intolerancia Diario y refugiarse en Cambio, periódico cuyo propietario era el empresario, Alberto Ventosa Coughlan, asesor principal del ex rector de la UAP, Enrique Doger Guerrero y presidente municipal electo de Puebla.

Luego de su salida de Intolerancia en su columna Rueda, con esa infinita soberbia que le caracteriza, afirmó que en ese periódico solo se había quedado “el papel y la tinta”. Algo que nunca olvide.

De ahí, Cambio se convirtió en el más implacable crítico del gobierno de Marín, por órdenes de Enrique Doger, a quien le cayó del cielo del tema de Lydia Cacho, pero no logró la caída del entonces gobernador, ya que su sueño era que el originario de Nativitas cayera, para que se repitieran las elecciones y entonces él fuera el candidato del PRI al gobierno de Puebla.

Mario Alberto Mejía dejó la dirección editorial de Cambio, la cual asumió Arturo Rueda, quien hasta ese momento había estado a la sombra del quintacolumnista y ahí comenzó una nueva forma de hacer periodismo, el modelo de la extorsión y de los negocios.

Los ejemplos y las víctimas abundan, el ex candidato del PRI a la gubernatura, Javier López Zavala, los ex gobernadores, Rafael Moreno Valle y Antonio Gali, los ex alcaldes Gali y Luis Banck, los ex rectores Enrique Agüera y Alfonso Esparza, así como cientos de políticos, los cuales pagaban para que Rueda les administrara su reputación.

Lo mismo lucró con el caso del niño asesinado por fuerzas de seguridad pública en el sexenio de Moreno Valle, José Luis Tehuatli, que con el caso de los huachicoleros asesinados por elementos de la marina armada de México en Palmarito, Quecholac, del cual salió bien librado gracias a que Antonio Gali le dio su protección y evitó que tuviera que comparecer por el tema del video publicado por su medio, el cual se dice obtuvo de manos de los mismos huachicoleros quienes le habrían pagado, reitero se dice 2 millones de pesos para difundirlo y dejar muy parados a los elementos de las fuerzas armadas de nuestro país.

Cuentan que el propio general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional, quería ajustar cuentas con Arturo Rueda, tras la publicación de los videos, pero Gali apeló a su amistad con el militar para que no hubiera represalias en contra del director de Cambio.

Para ese tiempo ya había pasado el célebre “affaire” con el entonces diputado, Jorge Estefan Chidiac, al que quiso chantajear con la suma de 10 millones de pesos, para no publicar unas grabaciones del legislador priista en donde entabla una conversación telefónica con el entonces líder del senado, Emilio Gamboa Patrón.

De todos es conocida la amistad que tenía con el que fue auditor Superior del Estado, Francisco Romero Serrano, hoy preso en el penal de San Miguel, bajo proceso por los delitos de operación con recursos de procedencia ilícita, lavado de dinero y violencia familiar.

Romero era el contador de Cambio y se encargó de “limpiar” los millonarios adeudos que este diario tenía con el SAT producto de no declarar impuestos durante varios años.

Ambos festejaron durante varios días en los karaokes de Puebla, la designación de Romero como Auditor Mayor del Estado, porque asumieron que, desde esta posición, “doblarían” a cualquier político, incluido el gobernador, Miguel Barbosa, al cual creyeron iban hacer su rehén.

Intentaron hacer del ex rector de la BUAP, Alfonso Esparza, su primera víctima, pero el académico no se dejó chantajear, lo cual le acarreó una carretada de columnas y críticas en su contra, hasta que después de casi dos años, Alfonso, acordó con Ignacio Mier, el fin de las hostilidades.

Recientemente, Rueda intentó también chantajear al presidente municipal, Eduardo Rivera Pérez y a su secretario de Administración, Bernardo Arrubarrena, los cuales no cedieron a sus pretensiones, se dice les pidió, más de un millón de pesos al mes de convenio con Cambio. Esto explica el por qué tanta virulencia en contra del actual edil capitalino.

Esta solo es parte de la historia de este personaje, quien utilizó al periodismo como un modelo de negocios basado en la extorsión, la administración de reputaciones y el silenció a cambio de dinero.

Que nadie se equivoque, su detención nada tiene que ver con coartar la libertad de expresión, por más que por ahí uno que otro despistado e inconforme con el gobierno lo quieran ver de esta forma.

Nadie se puede escudar en el periodismo para extorsionar, no al menos en esta administración.

Justicia para Ceci. Nunca conocí en persona a Cecilia Monzón, me seguía y la seguía en redes sociales, a través de sus publicaciones, entendí que se trataba de una mujer aguerrida defensora de las causas de género.

El pasado sábado cuando me enteré de su muerte, sentí muy feo, era una mujer querida y admirada la cual compartía amistad con varias de mis amigas, Silvia Tanús, Rocío García Olmedo, Mallinali García, Margarita Moctezuma y algunas más.

Hoy me sumó a todas esas voces que exigen que se esclarezca lo más pronto posible su brutal asesinato y también a todos los que queremos que se ponga fin a la violencia en Puebla y en nuestro país en donde ya no, nos sentimos seguros.

Twitter: @riva_leo