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La cifra negra de los muertos por covid

Foto: Especial

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Si se cuenta usted dentro de ese sector de la población que piensa que nunca se sabrá con exactitud el número real de enfermos y muertos provocados por la pandemia en Puebla, permítame decirle que muy probablemente tenga razón.

Las cifras oficiales de contagiados y fallecidos por el coronavirus han sido objeto de cuestionamientos en todo el mundo, más por un asunto de limitaciones en infraestructura médica y tecnológica de los países, principalmente aquellos en vías de desarrollo, que por perversiones atribuidas a las élites del poder y su necesidad de maquillar la realidad ante los ojos de la gente.

La eficacia para saber cuántos enfermos hay y cuántos de ellos pierden la vida por culpa del contagio es proporcional a la capacidad de los sistemas sanitarios para detectar la presencia del virus en las personas.

Entre más precario y deficiente es un sistema de salud, como el que tenemos en nuestro país, menos preparado está para encarar esa exigencia.

La publicación del estudio denominado “Características de las defunciones registradas en México”, elaborado por el INEGI, puede servir para confirmar la teoría de las personas que, con sobrados argumentos, han cuestionado las cifras oficiales de enfermos, pero, sobre todo, de fallecidos, que se han vertido por los canales gubernamentales desde el comienzo de la pandemia, en marzo del 2020.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía expone datos reveladores acerca de la cantidad de personas fallecidas en Puebla durante el periodo de mayor impacto de la pandemia y concluye, con base en sus propias previsiones, que hubo un “exceso” de muertos.

El análisis no menciona las causas de ese “exceso”, pero como usted podrá concluir después de conocer las cifras, es muy probable que tengan su origen en la pandemia.

La publicación arroja números registrados en el periodo de enero de 2020 a septiembre de 2021.

Dentro de ese tiempo se registraron en el estado 109 mil 433 muertes, cantidad que representó un incremento de casi 58 por ciento en comparación con las estimaciones que el propio INEGI elaboró con anterioridad y que anticipaban la concurrencia de 63 mil 347 fallecimientos, basado en los números obtenidos desde 2015.

La diferencia entre las previsiones y la realidad fue de 40 mil muertos, cantidad que no empata con las cifras oficiales de pérdidas de vidas humanas atribuidas al coronavirus.

En ese mismo periodo, el sistema de salud pública del estado reportó 14 mil 744 muertes por covid, 25 mil menos que el “exceso” registrado por el INEGI.

Salvo que hubiese existido un nuevo y desconocido agente natural de fallecimientos o que los homicidios se hubiesen multiplicado exponencialmente en ese periodo de 21 meses, el aumento, cercano al 58 por ciento, no encuentra otro origen más que en el contexto de la pandemia y sus mortales consecuencias.

Gracias a los datos de ese organismo podemos tener ahora una idea más o menos clara del número de personas fallecidas a causa del coronavirus.

Habrá que esperar a que termine la enfermedad para revisar los números actualizados del INEGI y conocer así, con mayor precisión, la suma definitiva de fallecidos.

De otra manera no podremos.

Y no por un complot de nuestras autoridades, sino por la incapacidad del sistema de salud para detectar a los enfermos.

En el transcurso del primer año y medio de pandemia nos preguntábamos con preocupación cuántas personas estaban muriendo por “neumonía atípica”, esa enfermedad inusual que se asentaba en las actas de defunción por la inexistencia de pruebas (resultados “positivos”) de laboratorio.

Ahora sabemos que, de enero de 2020 a septiembre de 2021, fueron unas 40 mil.

La cifra negra de los muertos por coronavirus.

Twitter: @jorgerdzc