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Potencial de voto

Votación gobernador

Votación gobernador

La sucesión de gobernador del 2024 parece estar muy lejos, pero en realidad no lo está.

O no tanto.

Por eso es que los principales actores políticos interesados en participar de lleno en la próxima contienda por la gubernatura tienen un ojo puesto en la ruta preelectoral y otro en las actividades públicas para las que cobran un sueldo, casi siempre del erario, en la actualidad.

Si se les pregunta, responden que no, que por el momento están enfocados en sus responsabilidades vigentes y que del 2024 ya pensarán y hablarán hasta entonces, cuando los plazos formales marcados por la autoridad electoral se acerquen y se vuelvan inevitables.

Mienten por prudencia, para no meterse en problemas, pero mienten.

Todos en la aldea saben que estos personajes trabajan sin reparo en busca de la consecución de ese proyecto personal.

Unos desde alguna presidencia municipal, otros desde una diputación –tanto federal como local—y unos más desde el senado.

Eso los obliga a armar estrategias políticas orientadas a la exposición personal, a generar entre el eventual electorado una imagen, preferentemente buena, que les ayude a pasar la aduana en sus partidos políticos.

Las expectativas de intención de voto fundamentadas en encuestas y estudios de opinión no son absolutas para ganar una candidatura, pero pueden contar para empujar una decisión en situaciones donde hay otros factores importantes de por medio y la diferencia entre el primero y el segundo lugar de la lista de aspirantes es grande y en apariencia insalvable.

En el PAN no existe este escenario.

Ahí hay una percepción cuasi unánime que da por sentada la candidatura de Eduardo Rivera Pérez ante la falta de cuadros panistas que le puedan competir en popularidad, sin contar que tiene dos años por delante para mejorar su imagen y que se ha apoderado de la dirigencia del partido a través de sus aliados.

En Morena es distinto.

Hay un aspirante que lleva ganado el territorio en conocimiento, pero que tiene en contra el supuesto rompimiento de su principal aliado con el dueño del partido y el surgimiento de un oponente que le apuesta al dedazo presidencial para llegar hasta las urnas.

El primer caso es el de Alejandro Armenta Mier, cobijado, para bien, y para mal, por Ricardo Monreal, y el segundo es el de Ignacio Mier Velazco.

Armenta ha hecho trabajo de tierra desde que militaba en el PRI y no ha dejado de hacerlo hasta ahora.

No es amigo del presidente López Obrador, pero tampoco enemigo.

En Puebla intenta ganarse la confianza del gobernador al que quiere suceder, Miguel Barbosa, para evitar su veto.

Si Monreal no acaba en guerra con el presidente y Mier no logra la bendición que persigue, anótelo desde ahora como futuro rival de Rivera.

Retorne usted a la intención de voto, esa que miden las encuestas cuando preguntan al ciudadano por cuál aspirante votarían si fueran las elecciones el día del levantamiento.

Se han hecho varias encuestas.

Desde todos los frentes.

Mier sale mal parado.

El coordinador de los diputados federales de Morena sabe que su potencial de voto es mucho menor a dos dígitos, una condición que le obliga a recurrir a otro tipo de estrategias para mostrarse electoralmente competitivo a la vista de López obrador y del futuro candidato (o candidata) presidencial.

No le alcanzará lo que resta de tiempo para igualar o superar a Armenta, aseguran, confiados, en el equipo del senador.

Y eso es muy probable, que no le rindan dos años para recorrer caminos por los que no ha transitado en más de dos décadas, desde que el bartlismo expiró.

No empatará al senador, pero desarrollará otros instrumentos para competirle, expresan, igualmente confiados, entre sus colaboradores.

En este equipo apuestan todo por la marca Morena y la capacidad de su jefe, Mier, para hacer alianzas con todo tipo de grupos y personajes políticos, incluso enemigos u otrora rivales de la cuatroté.

Podrían, no obstante, dejar dos importantes cabos sueltos.

Uno tiene que ver con la todavía insalvable relación con Barbosa, la que parece no querer reconstruir, y el otro con el descendente nivel de aprobación del presidente, que cada nueva semana acumula una nueva crisis de imagen por resolver (la de esta semana llevará como eje central la multi ejecución de 17 personas en Michoacán, ocurrida el domingo).

Morena podría no ir a un día de campo en esa elección.

Twitter: @jorgerdzc