Facundo Rosas, callado, generaba miedo y se enfrentaba a Eukid Castañón
Para muchos integrantes de los que fue el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas siempre fue un misterio saber cuál era el papel real de Facundo Rosas Rosas en esa administración, pues era el único funcionario al que se le permitía tener autonomía, no hablar en las reuniones de gabinete, no ofrecer resultados de su gestión, generar miedo entre miembros del grupo político en el poder y tenía licencia para estar distanciado de dos los dos operadores fundamentales del morenovallismo: Luis Maldonado Venegas y Eukid Castañón Herrera.
Otras fuentes consideran que Facundo Rosas llegó a ocupar la titularidad de la Secretaría de Seguridad Pública de Puebla –cuatro meses después de que acabó el gobierno del panista Felipe Calderón Hinojosa – con dos propósitos: encabezar la cruzada represora de Rafael Moreno Valle Rosas y al parecer, hacer una redistribución de plazas en el estado para el trasiego del combustible robado, es decir el huachicol.
Pocos se percataron que Facundo Rosas habría llegado a Puebla a hacer una réplica de la misma alteración del mapa del crimen organizado –principalmente del narcotráfico— que hubo a lo largo del sexenio de Felipe Calderón.
La época dorada del equipo formado por Genaro García Luna, Luis Cárdenas Palomino, Facundo Rosas y Ramón Eduardo Pequeño García fue entre los años 2000 y 2012, periodo en que ocurrió lo siguiente:
Primero en el mandato de Vicente Fox Quedada se dio la fuga de Joaquín Guzmán Loera, el “Chapo Guzmán”, de un penal de alta seguridad y con ello retomó el control del Cártel de Sinaloa, bajo la conducción de Ismael “el Mayo” Zambada.
Y un sexenio más tarde, con el proyecto de “guerra contra las drogas” del entonces presidente Felipe Calderón se desplegó todo el aparato del Estado mexicano para combatir, cercar, disminuir y exterminar a cuatro organizaciones criminales: los Zetas, el Cártel del Golfo, los Caballeros Templarios y el Cártel de los Hermanos Beltrán Leyva. Las dos primeras agrupaciones eran de Tamaulipas, la tercera de Michoacán y la última, se había asentado en Morelos y Guerrero.
Con la detención –a principios de diciembre de 2019—en Estados Unidos de Genaro García Luna, el ex secretario de Seguridad Pública caldenorista, se constató lo que se sospechaba: entre 2006 y 2012, el gobierno de Calderón se dedicó a proteger los intereses del Cártel de Sinaloa, junto con otras organizaciones como el Cártel de Juárez, la Familia Michoacana y Guerreros Unidos.
La prioridad, por encima de todo, fue acabar con las células de los Zetas que dominaban Tamaulipas, Veracruz, Hidalgo, el estado de México, el norte de Puebla, Tabasco, parte de Michoacán, Nuevo León y Coahuila. El propósito se cumplió.
Cambio de mapa en Puebla
El tema del huachicol irrumpe en Puebla en un momento coyuntural clave: en diciembre de 2010, cuando se está generando la transición entre el gobierno saliente del priista Mario Marín Torres y del entrante encabezado por el panista Rafael Moreno Valle Rosas.
En esa fecha vuela un ducto de Pemex en San Martín Texmelucan dejando una estela de muerte y destrucción.
Trasciende que quienes “ordeñaban” los ductos de Pemex con absoluta impunidad eran células de los Zetas que tenías sus bases de operación en Hidalgo, principalmente, y en menor medida en Tuxpan, Veracruz.
Se trataba de grupos que habían dejado el trasiego de drogas para evitar ser exterminados por la Marina y una nueva agrupación, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que era el brazo armado del Cártel de Sinaloa. De hecho, al CJNG todavía no se le conocía del todo con ese nombre y se hacían llamar “los mata-zetas”.
Los dos primeros años de la gestión morenovallista hubo pocos cambios en las conductas criminales, pues los grupos huachicoleros, que eran zetas en su mayoría, estuvieron operando a una escala regular y, sobre todo, de manera discreta.
El año clave fue 2013, al producirse tres cambios fundamentales:
Primero: inicia una ola de ejecuciones y desapariciones en Puebla, que con el tiempo se sabría fue resultado de la irrupción del CJNG que llegaron a barrer a los Zetas. Así como pasó a lo largo del gobierno caldenorista.
Segundo: creció a gran escala el robo de combustible, en tres regiones claves: Huauchinango; el llamado Triangulo Rojo que abarca Quecholac, Tepeaca, Tecamachalco, Los Reyes de Juárez, Amozoc y Acajete; y la zona de San Martín Texmelucan, Santa Rita Tlahuapan y Huejotzingo. Es cuando el estado de Puebla llegó al primer lugar del huachicol.
Tercero: en abril de 2013, llegó Facundo Rosas Rosa a Puebla a hacerse cargo de la seguridad pública.
Fue una recomendación directa de Genero García Luna con Rafael Moreno Valle Rosas.
Tal vez solo es una coincidencia, pero hubo un comportamiento similar: durante el gobierno de Calderón los Zetas fueron exterminados para favorecer al Cártel de Sinaloa, de acuerdo a la narrativa delas acusaciones que enfrenta García Luna en Nueva York.
Y en Puebla –durante el morenovallismo– también fueron echados los Zetas para dar paso al CJNG, que en 2013 todavía respondía a los intereses del Cártel de Sinaloa. Ya después se pelearon ambas organizaciones y se volvieron enemigas hasta la fecha. Pero esa ya es otra historia.
