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Los Pillos que se Van (Los Pillos que Vendrán)

Los Pillos que se Van (Los Pillos que Vendrán)

Salvo honrosas excepciones, una buena parte de los alcaldes que se va el último minuto del jueves 14 de octubre es francamente impresentable.

Llegaron a sus sillas con ánimos renovados, llenos de buenas intenciones.
En la negra noche del alma, se irán con la vergüenza —si la tienen— de haber sido unos fracasados.
Fracasados, sí, en el tema del buen gobierno.
No, en cambio, en el de la corrupción galopante.
Ahí fueron, faltaba más, unos campeones.
Robaron todo lo que pudieron a través de otros ambiciosos vulgares como ellos.
Se hartaron de los lujos, de las canonjías.
Estrenaron casa, penthouse, Suburban prieta…
Y no los adquirieron con su dinero.
(¡Faltaba menos!).
Los compraron con los moches que recibieron —a trasmano— o a través de un generoso constructor que pagó en especie los favores recibidos.
Algunos de esos alcaldes compraron amantes vía Tesorería: hombres y mujeres sedientos de ser adquiridos aunque sea por un trienio.
Ya abandonarán a sus dueños provisionales una vez que los recursos dejen de llegar.
Porque algo es cierto: los seductores alcaldes dejarán de ser ambas cosas en el primer minuto del viernes 15 de octubre.
¿En qué se convertirán?
En los parias que eran antes de asumir los cargos.
La seducción se irá por la ventana del baño cuando el dinero público se amarre el cinturón.
Y es que los seductores de tres años son profundamente tacaños a la hora de meter la mano en el bolsillo propio.
Quienes los sustituirán en las sillas no son mejores.
Salvo honrosas excepciones, son igual de miserables y ambiciosos.
Algunos ya se saben el caminito.
Y los bisoños, terminarán por aprender.
Robar dinero público —nos lo han enseñado miles de servidores— es la cosa más fácil del mundo.
Hay, incluso, asesores eficientes que ofrecen mejorar el método.
Aunque al final el agua que salga de las llaves relucientes provenga de la misma porqueriza.
Aplausos a los pillos que se van.
Aplausos a los pillos que vendrán.
Juntos, todos ellos, conforman un idéntico y miserable río de mierda.