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Genoveva ya perdió y ella lo sabe

Genoveva ya perdió y ella lo sabe

La ex dirigente estatal del PAN y aspirante a la reelección, Genoveva Huerta Villegas, sabe que ya perdió y que lo único que le queda es tratar de hacer trampa y también tratar de judicializar el proceso.

¿Por qué lo digo? Porque ella sabe que son 50 padrones municipales los que deciden la elección y de estos, Huerta Villegas solo tiene 5, los 45 restantes van con la otra aspirante, Augusta Valentina Díaz de Rivera, quien siempre fue la verdadera carta del panismo tradicional, el cual tiene su fortaleza en los presidentes municipales de Puebla y San Andrés Cholula, Eduardo Rivera y Edmundo Tlatehui.

De hecho, la esposa de Mundo Tlatehui, Guadalupe Cuatle Torres, va dentro de la planilla que encabezan, Augusta y Marcos Castro, el hombre de todas las confianzas de Eduardo Rivera, quien será el próximo secretario general del albiazul en Puebla, en caso de obtener el triunfo.

Augusta era la carta real del panismo tradicional, el cual jugó con el nombre de “Anatere”, para desorientar a los morenovallistas incrustados en el PAN, quienes “mordieron el anzuelo” y evidenciaron su intención de descarrilar la postulación de la actual diputada federal por el distrito 9 de Puebla, bajo el argumento de que renunció a este partido en el 2016.

Es casi seguro que Huerta Villegas y su pandilla van a tratar de impugnar la postulación de Díaz de Rivera, bajo el argumento de que no está al corriente en el pago de sus cuotas o de que se vacunó con AstraZeneca en vez de Pfizer, porque, reitero, ella ya sabe que ya perdió y que por supuesto tiene que recurrir a todo tipo de artimañas para tratar de buscar un milagro.

La planilla de Augusta y Marcos representa muy bien a todas las corrientes que se han aglutinado en torno a este proyecto, hay gente del panismo de Tehuacán, del grupo de Jesús Zaldívar y de Mario Riestra, de Eduardo Rivera y también de la sociedad civil, lo que le da equilibrio a la fórmula.

Mientras Augusta recurre a perfiles “frescos”, Huerta Villegas se hace rodear de gente de dudosa reputación como el inefable “Rasputín” Alcántara, con una denuncia por acoso sexual o el misógino ex presidente municipal de Tecamachalco, Inés Saturnino López Pone, quien fue candidato del PSI en el pasado proceso electoral, en donde buscaba nuevamente la presidencia municipal de este lugar.

En su desesperación, Genoveva Huerta no ha dudado en aliarse también con el coordinador de los diputados federales de Morena, Ignacio Mier, con quien formalizó ya una alianza para “golpear” a Eduardo Rivera y tratar de descarrilarlo, si es que quien será el nuevo edil de la capital, decide postularse como candidato del albiazul a la gubernatura en el 2024.

Y es que, a ambos grupos, les queda claro que esta es una lucha a muerte y que quien pierda, simple y sencillamente, se quedará con las manos vacías y hasta seguramente, fuera de este partido político, ya que muy seguramente, el grupo perdedor será exiliado.

Genoveva Huerta adolece de liderazgo, es producto de una decisión cupular, de la fallecida, ex gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, quien designó a este personaje, para poder seguir manteniendo el control de este instituto político.

La muerte de Martha cambió diametralmente las cosas, Huerta que estaba destinada a ser solo una mera figura decorativa terminó siendo un factor real de decisiones; por cierto, pésimas, que dieron al traste a la victoria obtenida en las urnas por Alonso Hidalgo.

Huerta se puso en manos de quien fuera el peor enemigo de su amiga, Fernando Manzanilla y entre ambos acordaron que el interinato en vez de recaer en manos de un panista, fuera para el priista, Guillermo Pacheco Pulido, lo que abrió la puerta del triunfo al morenista, Miguel Barbosa, en la elección extraordinaria del 2019.

Esa es la verdad, Huerta entregó la gubernatura ganada por el PAN a un priista y más tarde a Morena, al mismo tiempo que integraba a su equipo a “Rasputín” Alcántara, un bueno para nada, quien se convirtió en su asesor de cabecera y socio, al cual ha enriquecido a través de su empresa “Consensa”, la cual se encarga de dar todos los cursos de capacitación dentro del albiazul y quien también extorsiona a los presidentes municipales, a cambio de la promesa de que les serán aprobadas sus cuentas públicas en el Congreso.

La pareja convirtió al Comité Directivo Estatal del PAN en su “modelo de negocios”, en algo como si fuera parte de su patrimonio, en donde entregaban las candidaturas a su grupo cercano y aquellos que no les significasen problemas o peligro para seguir manteniendo su status quo.

Afortunadamente para el panismo poblano ya les falta poco para recuperar su partido, de quienes solo son unos advenedizos, lo último que queda del ya desparecido, Rafael Moreno Valle.

Twitter: @riva_leo