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Y la Turba Irrumpió en la Gira del Presidente López Obrador…

Y la Turba Irrumpió en la Gira del Presidente López Obrador…

Gritón, envalentonado por la masa que lo seguía, Abdías Orduña Picazo exigía ver al presidente López Obrador.

Los uniformados de la Guardia Nacional no cedían.
Las vallas parecían infranqueables antes del acto que el presidente encabezó en Huauchinango.
Una hora después, justo cuando el acto estaba llegando a su fin, Abdías y Paty, su mujer, ingresaron al recinto ferial con todo y turba, y corrieron hacia la herradura en la que se realizaba el acto.
Gritos, empujones, caras de susto, de todo hubo.
Y es que los manifestantes parecían dispuestos a dejar su vida ahí.
Eran hombres y mujeres definitivamente incontrolables.
El presidente no se inmutó.
El secretario de la Defensa Nacional ni siquiera se levantó de su lugar.
La turba siguió su ruta hacia la herradura.
Los militares que antes cobraban como Estado Mayor Presidencial se hicieron a un lado para que la masa entrara.
Uno hubiera pensado que la seguridad del presidente estaba en riesgo.
La mujer de Abdías fue la primera en llegar ante el presidente.
Pero algo hubo en su rostro que tranquilizó aún más al también comandante de las fuerzas armadas del país.
AMLO dijo entonces que los escucharía si lo respetaban.
Abdías y Paty dijeron ¡sí!
La turba, antes infame, respondió coro que ¡sí!
“¿Me van a escuchar con respeto?”, preguntó el presidente.
Un coro bien templado asintió de inmediato.
Fue como cruzar el Mar Muerto con los pies descalzos, flotando, sin viento que moviera un pelo.
Hubo incluso quienes gritaron “¡presidente, presidente, presidente!”.
Ya con la masa controlada, López Obrador les dijo que él se iría pero que en su lugar quedarían —para atender sus peticiones— los secretarios de Seguridad Pública y Bienestar.
Y así lo hicieron.
Abdías —bigote a la Pedro Infante— siguió gritando al tiempo que Rosa Icela Rodríguez pidió que los manifestantes plantearan los puntos a tratar.
Pero todos en orden.
A Abdías lo fue a domesticar la encargada de Protección Civil, quien lo escuchó con una paciencia envidiable.
El bigote se movía en cada reclamo, hasta que llegó su oportunidad ante el micrófono.
Tras un primer intercambio un poco brusco —“¡no me grite que usted trabaja para nosotros!”—, Abdías dijo que los Yunques —formado por priistas, panistas y perredistas— mataron a su padre y lo ofrendaron a la Santa Muerte.
La secretaria de Seguridad Pública escuchó con cara de no es cierto.
El líder continuó, y a su paso arrastró con todo:
Con el alcalde de Huauchinango, con el de Juan Galindo, con el presidente auxiliar de Tenango de las Flores, con los Martínez Amador, con Ardelio Vargas…
Rosa Icela apuntó punto por punto.
La masa ya no gritaba nada.
Sólo escuchaba.
Luego vino su turno.
Todos los oradores se manifestaron en contra de Lizette Aguirre, delegada regional de Bienestar impuesta por Rodrigo Abdala.
Y la acusaron de todo: no nos atiende, no llegan las becas, los censos de los damnificados están mal…
Este último punto fue uno de los más recurrentes.
Éste y el de “¡que se vaya la delegada!”.
Desde su lejanía, ella escuchaba todo con un gesto de fastidio.
“Es una déspota. Nos engaña. No atiende los reclamos”, continuaron las lamentaciones.
Los primeros aplausos en la improvisada reunión surgieron cuando Javier May, secretario de Bienestar, aseguró que el gobierno del presidente López Obrador no tolerará actos de negligencia ni de corrupción, y que los servidores de la Nación responsables de todo eso serían despedidos.
Casi dos horas duró la improvisada mesa.
Casi dos horas de señalamientos en contra de alcaldes, presidentes auxiliares y la delegada regional de Bienestar..
Al final, Abdías y Paty ya ni siquiera estaban.
Los ánimos bajaron tan rápido como subieron.
Sólo una duda quedó en el ambiente:
¿Cómo le hicieron los grupos de Tlaola, Chiconcuatla, Tlacuilotepec y Huauchinango para burlar a la poderosa Guardia Nacional y los dos infranqueables retenes?
Es sólo una duda que francamente mata.
AMLO en Huauchinango. A las 19:40 del sábado, el presidente llegó al hotel Villa de Cortez, de Huauchinango, cuyo propietario es el ex alcalde Gabriel Alvarado.
Ahí pernoctó con todo su equipo.
La mañana del domingo, en un privado, tomó su desayuno.
Ya en el Recinto Ferial, en el acto privado para analizar las acciones gubernamentales en torno del huracán Grace, el presidente dijo que en esas horas había recordado con gran nostalgia a Lety Ánimas, con cuyo nombre bautizó al final de su discurso el programa de becas que la abogada y periodista nacida en Huauchinango encabezó hasta enero pasado, cuando falleció víctima de covid.
Cómo olvidar la relación amistosa que ambos tuvieron durante años.
Cada vez que podía, Lety le mandaba al presidente pollo orgánico, tomates, aguacates, chiles serranos y varios guisos de la región.
“Siempre me agradeció —dijo el presidente— que en mi tabasqueño, en mi Castilla, pronunciará bien el nombre de su pueblo”.
Antes, sumamente cordial, el presidente agradeció al gobernador Miguel Barbosa Huerta la prontitud con la que atendió los estragos causados por Grace.
“Me mandó decir que no me preocupara, que él se iba a encargar. Y vaya que lo hizo”, asentó.
Luego vino lo de Abdías, la turba y todo lo demás.
Por cierto: El Universal público en su edición digital que los manifestantes habían agredido al presidente, cosa que jamás sucedió.
Luego se quejan, uff, de que éste los exhiba como unos auténticos mentirosos.