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La elección de Lilia Cedillo marcará un hito en la UAP

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Sólo que algo muy extraordinario ocurriera se evitaría le llegada de la doctora María Lilia Cedillo Ramírez a la rectoría de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP). Más allá de la tersa transición que está en camino para cambiar al jefe de gobierno universitario, el relevo significa un importante hito en la UAP por dos factores: porque se está venciendo a la misoginia que ha impedido que las mujeres puedan dirigir instituciones de educación superior y porque se está recuperando el sentido de que la cabeza de esta casa de estudios debe recaer en un personaje de alto prestigio académico.

Para entender lo anterior solamente hay que partir del siguiente panorama:

Hasta el año 2020 en México había 5 mil 343 instituciones de educación superior públicas y privadas. Por lo menos el 98 por ciento de las mismas son capitaneadas por hombres.

Separando a los centros de estudios más importantes del país, por su alto número de alumnos, su peso académico o sus labores de investigación, resulta que solamente hay entre 7 y 8 universidades que tienen una mujer al frente con el cargo de rectora o de directiva.

A excepción de la Universidad del Claustro de Sor Juana –que ha sido controlada por la familia del expresidente José López Portillo—, las escasas instituciones universitarias lideradas por mujeres no son de la Ciudad de México.

Si se acota esa revisión al caso de Puebla no hay en el presente una sola casa de estudios superiores dirigida por una mujer.

Y no solamente es una condición actual, sino simplemente el género femenino nunca ha sido tomado en cuenta para conducir a las universidades poblanas, a excepción de una sola ocasión en la UDLAP cuando Nora Lusting estuvo al frente –por un corto periodo– de la administración general.

Por eso en el marco de la larga y tortuosa lucha por la equidad de género resulta muy trascendente que una mujer –por fin– llegue a la rectoría de la máxima casa de estudios en el estado. Ello podría significar un cambio profundo para romper la misoginia que ha dominado en la educación superior del estado de Puebla y en general, en la mayor parte del país.

En ese sentido, la segura elección –el próximo lunes, en una votación meramente de trámite—de Lilia Cedillo como rectora representa un parteaguas en la UAP y en todas las universidades poblanas, en donde conviven dos realidades: por un lado, ha crecido la defensa de los derechos de género, pero al mismo tiempo los altos cargos de dirección es un mundo exclusivamente de hombres.

Un aspecto muy importante, es que desde hace unos años la UAP se mostró como una universidad de vanguardia por crear mecanismos para combatir la violencia de género, la que se presenta en las aulas, así como en contra de académicas y trabajadoras de las áreas administrativa.

No obstante, entre la comunidad estudiantil, principalmente, se siente que los esfuerzos no son suficientes. Que se necesita un mayor esfuerzo para erradicar el acoso sexual de maestros hacia alumnos, o entre los propios escolares o entre los trabajadores.

La llegada de Cedillo Ramírez a la rectoría de la UAP seguramente servirá para darle más sentido y contundencia a los proyectos de erradicación de la violencia de género. Un aspecto muy trascendente en un estado como Puebla que tiene actualmente 50 municipios con alerta de género y ocupa el séptimo lugar a nivel nacional con más feminicidios.

Un segundo aspecto muy relevante por lo que se debe ver como muy positivo la asunción de Lilia Cedillo a la rectoría de la UAP, es su trayectoria académica.

Los últimos cuatro rectores de la UAP – José Doger Corte, Enrique Doger Guerrero, Enrique Agüera y Alfonso Esparza Ortiz– surgieron como importantes personajes en la vida política interna de la institución.

Con Lilia Cedillo se recupera la tradición de que el rector debe ser una figura de la academia y la investigación.

La doctora en Microbiología Lilia Cedillo tiene el mérito de una larga trayectoria de 39 años en la UAP, periodo en que pasó de ser una alumna de bachillerato hasta convertirse en académica, en miembro del Sistema Nacional de Investigadores y tener una destacada labor en tareas de difusión científica y encabezar parte del proyecto cultural de la universidad, así como ya haber sido vicerrectora.

Ese perfil augura mejores condiciones para la investigación y la docencia en la UAP.