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En la nueva Legislatura local habrá una oposición “descafeinada”

Foto: Congreso de Puebla

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Si los diputados locales que están a punto de concluir su labor se destacaron –casi en su mayoría— por un trabajo mediocre y ofrecer resultados poco relevantes, la nueva Legislatura –que en un par de días será instalada—amenaza con ser una continuidad de la anterior, por carecer de figuras relevantes. Sobre todo porque no se percibe en la oposición al grupo mayoritario, el de Morena y sus aliados, la capacidad de ejercer importantes contrapesos y de avivar el debate parlamentario que, en los últimos años, se ha empobrecido, sea vuelto una especie de café “descafeinado”.

Cuando arrancó la LX legislatura local –misma que está por fenecer– parecía que el Congreso tendría uno de sus mejores momentos. No solamente porque por primera vez la izquierda iba a controlar al Poder Legislativo y quitarle el control al PAN y el PRI, sino porque parecía haber diputados de un lado y del otro que podían darle un alto sentido crítico al trabajo de los representantes populares. Nada de eso ocurrió.

En septiembre de 2018 había por un lado el bloque de Morena y sus aliados que parecía tener mucha consistencia en las figuras de Gabriel Biestro Medinilla, José Juan Espinosa Torres, Héctor Alonso Granados, Estefanía Rodríguez, Vianey García Romero, entre otros.

Parecía ser un grupo que resistiría el poder corruptor del morenovallismo y sobre todo, llegaba con una atractiva agenda sobre derechos civiles, combate a la corrupción, transformaciones sociales y desmontar los abusos del morenovallismo, como fue la privatización del servicio de agua en la capital del estado o el extremo endeudamiento de la finanzas púbicas del estado.

Al final los legisladores de la 4T se dividieron y se confrontaron entre ellos. Se perdieron en frivolidades y pleitos internos. Se olvidaron de la agenda legislativa y los pocos temas relevantes que aprobaron fue por la presión social o de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que en por lo menos en 13 ocasiones le enmendó la plana al Congreso al exhibirlo por carecer del dominio de técnicas jurídicas en la elaboración de sus acuerdos.

Gabriel Biestro Medinilla como líder de la fracción de Morena y presidente del Congreso del estado nunca supo hacer negociaciones con la oposición. Se dice que llegaba a acuerdos que nunca cumplía por desidia o que al final no sabía como resolver lo que había prometido. Se volvió un legislador soberbio que borró su pasado como un fuerte activista del movimiento lopezobradorista.

Por el lado de la oposición, parecía que iba a ser “un hueso muy difícil de roer”, pues estaba formado por Marcelo García Almaguer, Oswaldo Jiménez López, Mónica Rodríguez Della Vecchia y Gerardo Islas Maldonado que iban a proteger los intereses morenovallista. También estaban la priista Rocío García Olmedo y el legislador del PMC, Carlos Alberto Morales Álvarez que, junto con los panistas, parecía que le iban a dar un sentido crítico al quehacer legislativo. Eso no pasó.

El grupo morenovallista casi se desintegra al morir su mentor Rafael Moreno Valle Rosas. Algunos de sus miembros como Marcelo García y Gerardo Islas de inmediato fueron a negociar con Morena.

Los pocos diputados que se quedaron en la fracción del PAN se volvieron legisladores tibios y atrapados en sus prejuicios de derecha.

El único caso destacado fue el de Rocío García Olmedo, una priista que se volvió ejemplo de valentía y congruencia. Ella sola encabezó un trabajo legislativo más relevante que toda la oposición en su conjunto.

<cab> La misma fórmula

Ahora hay muchas condiciones para que se repitan los mismos resultados del trienio que está por concluir.

La agenda legislativa de Morena es pobre y no retoma el impulso transformador que el movimiento de la 4T planteó en el proceso electoral de 2018.

Sergio Salomón Céspedes Peregrina, quien va a encabezar al grupo de Morena, es un personaje que tiene mucho más oficio político que Gabriel Biestro. Tal vez tenga más capacidad para los acuerdos parlamentarios.

Pero al mismo tiempo no hay que esperar mucho de Sergio Salomón Céspedes, al ser un político pragmático, nada identificado con el movimiento lopezobradorista. Ya fue priista y morenovallista, antes de pasarse a la 4T. Queda claro que es un personaje que cambia de partido como de camisa y no actúa por convicciones ideológicas.

La bancada del PRI es muy flaca. Será encabezada por Jorge Estefan Chidiac, un político que es famoso por su pragmatismo, inteligencia, audacia y relaciones que le han permitido sobrevivir en la esfera pública desde el sexenio de Manuel Bartlett Díaz. Es decir, tiene una carrera política firme y continua desde hace tres décadas.

Pero Estefan también es famoso por plegarse a los grupos que están en el poder. Cuando el PAN controlaba la Presidencia de la República, se volvió un defensor de los intereses panistas. Ahora hará lo mismo con Morena. Tan es así que en 2019 estuvo a punto de dejar las filas del tricolor y afiliarse a la 4T.

Néstor Camarillo e Isabel Merlo Talavera, como presidente y secretaria general del PRI, respectivamente, nunca han podido hacer la más mínima crítica inteligente y fuerte a los gobiernos de Morena. Como diputados locales no se espera mucho de ellos.

En el PAN, dos legisladores que podrían ser las dos únicas voces críticas son Eduardo Alcántara Montiel y Rafael Micalco Méndez. Aunque ambos son malos para debatir.

Del resto de los líderes de oposición, todos, sin falta, lo único que buscan es volverse “satélites” de Morena.