Por beneficiar negocio de un hermano, rectora de Tecamachalco ordenó el regreso a clases de todos los alumnos al mismo tiempo
Mientras en todo el sistema educativo poblano el retorno a clases presenciales fue escalonado, voluntario y evitando aglomeraciones, ha llamado la atención que en la Universidad Tecnológica de Tecamachalco (UTT) se dio la orden tajante del regreso a las aulas de todos los alumnos, en horarios extendidos y sin restricciones para evitar contagios de Covid-19. Se sabe que esa determinación no obedeció a ningún criterio académico o alguna estrategia epidemiológica, sino al simple deseo de favorecer la recuperación económica de la Cafetería Central de la institución, pues es una política prioritaria de la UTT –aunque parezca exagerado—eliminar los competidores de ese negocio.
Un negocio que tendría como principal beneficiario a Justo Fernández Patricio, el hermano de Karina Fernández Patricio, la rectora de la UTT, que ha convertido esa concesión en un lucro familiar.
Y aunque pueda parecer un escándalo menor no lo es –de los tantos alborotos que ha enfrentado la polémica rectora de la UTT—, pues ha sido fuente de abusos contra alumnos y personal administrativo, ya que algunos trabajadores se contagiaron de Covid-19 por la obsesión de los directivos de que todos los días se tiene que consumir bebidas y alimentos en esa cafetería.
Mientras que a los estudiantes se les llegó a condicionar el libre tránsito para intentar someterlos a gastar en dicho establecimiento. Así de extremo ha sido dicho conflicto.
Karina Fernández Patricio llegó al cargo de rectora de la UTT en febrero de 2019 y enarbolando el discurso de la 4T, pues aseguraba que iba a eliminar la corrupción y los gastos suntuosos, siendo esa la razón por la que empezó a despedir personal. A la fecha, lleva a más de 70 rescindidos, siendo la mayoría actos de abuso contra los agraviados.
Esa moda del discurso de la austeridad y la anti-corrupción duró muy poco, ya que la rectora al poco tiempo de llegar al cargo ordenó retirar la concesión de la Cafetería Central a quien la detentaba y se la entregó a una nueva beneficiaria: Socorro Hernández Torres.
Sin embargo, es un secreto a gritos en la universidad que Socorro Hernández es solo una encargada y quien tendría el control económico del negocio es Justo Fernández, el hermano de la rectora. Este personaje se dejaba ver –sin ningún pudor—en la universidad, pero cuando trascendió ese esquema de beneficio familiar, prohibido por la ley, ya no se apareció en las instalaciones de la UTT.
Ahora quien acude a revisar el funcionamiento diario del comercio es Edith Pérez Torres, la cónyuge de Justo Fernández Patricio.
Los problemas iniciaron cuando en esa cafetería se aumentaron los precios y se dispuso que quedaba prohibido que alumnos, docentes y personal administrativo consumieran bebidas y alimentos de cualquier otro establecimiento que no fuera la cafetería a cargo del hermano de la rectora. Y para ese propósito se cometieron burdas y abusivas medidas restrictivas. Algunos ejemplos:
Se canceló un bebedor de agua que utilizaban los estudiantes –casi todos de escasos recursos económicos—para obligarlos a comprar botellas del líquido en la cafetería.
También se dio la orden de cerrar todas las entradas de la universidad hasta que terminaran las clases, como si la UTT fuera una primaria o secundaria, con el propósito de que alumnos, maestros y personal administrativo no consumieran alimentos de los pequeños restaurantes y tiendas que hay alrededor de la universidad.
Sin contar que se prohibió llevar alimentos preparados entre el personal de la institución de educación superior.
Todas esas medidas absurdas fueron echadas abajo porque brotó un foco de rebeldía de los alumnos por tenerlos encerrados y sin derecho de comprar donde más les conviniera.
Los administrativos no pudieron por el terror laboral que ejerce la rectora y tuvieron que someterse a la obligación de comer, desayunar, cenar, todos los días en la cafetería.
En los momentos más álgidos de la epidemia del Covid-19 hubo un brote de contagio en la universidad e incluso un fallecimiento. Siempre se tuvo la noción de que se debió a la obligación, dictada desde la rectoría, de que el personal se aglomerara en la mentada cafetería.
Una cafetería que se ha vuelto el signo de la avaricia de la rectora de la UTT y de su hermano.
