No se trata de negarle la posición a una mujer, subrayaron, sino de rechazar aquello que parece un traje confeccionado a la medida de las aspiraciones de reelección de Genoveva Huerta, cuando en el proceso interno, hasta el día de hoy, contaba solo con tres eventuales contendientes, y todos hombres: Rafael Micalco, Francisco Fraile y el multicitado Marcos Castro.
La lucha, entonces, dentro de este contexto, no es de mujeres contra mujeres, sino de dos bandos políticos, el de Eduardo Rivera y el de Genoveva Huerta, que incluso después del proceso electoral continúan enfrascados en una guerra por el bastón de mando al interior de ese partido, de cara, seguramente, al proceso electoral de 2024.
La alianza de Huerta con Marko Cortés, que también busca la reelección en el CEN, vino a inclinar la balanza en favor de la dirigente en funciones.
En sentido contrario, la complicidad de Rivera con Francisco Domínguez, saliente gobernador de Querétaro y aspirante a la dirigencia nacional, golpeó las pretensiones del equipo del edil electo de Puebla, que ya tenía en Castro un precandidato enfilado para desbancar a la rival.
Una vez que los planes de Rivera Pérez toparon con pared, sus aliados se volcaron en descalificaciones en contra de la decisión de que sea una mujer la persona que lidere al PAN en el próximo periodo de dirigencia, por la única razón que existe: no quieren a Genoveva Huerta, a quien no dejan de mirar como una imposición venida de la época oscura del panismo, cuando el blanquiazul fue dominado por el fallecido Rafael Moreno Valle.
Los aliados de Rivera Pérez han manifestado su inconformidad y han amagado con ir a tribunales para echar abajo la decisión del CEN, como este domingo advirtieron Pilar Morán, Enriqueta Sánchez y Ana Teresa Aranda, pero no es todo lo que harán.
El edil electo ya tiene un plan B, que consiste en presentar una mujer que le compita a Genoveva Huerta en caso de que no haya marcha atrás en el tema de género.
Y seguramente no lo habrá.
Esa mujer fue candidata a diputada federal, ganó con creces el distrito en que compitió, tiene arraigo a prueba de todo en el partido y posee suficiente calidad moral para buscar el voto entre los casi 20 mil panistas que conforman el padrón de militantes en el estado.
Se trata de Ana Teresa Aranda Orozco.
La “doña” es la carta de la oposición en el PAN para disputar la presidencia del CDE si Marcos Castro queda impedido.
No es casualidad que lidere el movimiento anti Genoveva, que se pronuncie a favor de Castro y que haya comenzado a reunirse con militantes del estado, en encuentros similares a los que sostuvo el primer alfil de Eduardo Rivera después de los comicios del 6 de junio.
Si va Aranda, sostienen en el búnker que la apoya, tendrá posibilidades reales de ganar, no solo por su perfil, sino por dos aspectos más: el desgaste natural que ha sufrido Huerta y la capacidad de armar una planilla incluyente, que tome en cuenta la diversidad de grupos en el PAN para darles la oportunidad de ser tomados en cuenta. Esto último es muy cierto. En el blanquiazul hay más que solo dos bandos. ¿O no?
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