Genoveva Huerta le lanza un guiño a Eduardo Rivera para poder salvar su reelección
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Se estima que el 14 de noviembre podría ser la renovación del Comité Directivo Estatal (CDE) del PAN y que la actual presidente, Genoveva Huerta Villegas, enfrenta un ejército de detractores en lo largo y ancho de la geografía poblana que harán hasta lo imposible para evitar su reelección. Ante ese escenario adverso, la líder panista está reculando de sus anteriores antagonismos y le ha mandado un guiño al edil electo de la capital, Eduardo Rivera Pérez, para buscar un acuerdo que le permita alcanzar un mínimo de apoyos que le permita repetir otro periodo y no acabar con su carrera política.
Ese guiño que Huerta Villegas le ha mandado a Eduardo Rivera fue la incorporación –la semana pasada– al CDE de Eduardo Morales Garduño a la importante secretaría de Acción Electoral.
Morales Garduño forma parte del núcleo duro de panistas tradicionales que son incondicionales del ganador de la contienda por la alcaldía de la ciudad de Puebla.
Los tres salvavidas de la presidente
Aparentemente Genoveva Huerta Villegas tuvo un resultado favorable a su gestión por el triunfo inusitado del PAN en la zona metropolitana de Puebla, cuando el grueso de las encuestas reportaba una competencia cerrada entre el albiazul y Morena, pero nunca se pronosticó que el partido de la derecha iba a arrasar, lo que acabó sucediendo en los comicios locales del 6 de junio.
Sin embargo, hay un panorama muy complicado para la dirigente del PAN como consecuencia de que se dedicó a beneficiar a una pequeña facción del partido, identificada con el morenovallismo y con el exgobernador José Antonio Gali Fayad, en la imposición de candidatos a alcaldes y regidores. Una situación que dejó muy lastimada a la militancia y muchos líderes de esta fuerza política.
A lo que se debe agregar que varias corrientes del partido que habían llegado a acuerdos con la presidente de Acción Nacional al final acabaron agraviadas porque no se cumplieron los pactos y quedaron fuera de las candidaturas.
Un ejemplo de lo anterior es lo que pasó con Francisco Fraile García, un líder histórico del PAN, a quien hizo creer que sería por encima de cualquier circunstancia el candidato panista a edil de San Andrés Cholula y al final, lo acabó desplazando de la postulación y al mismo tiempo lo hizo dejar la secretaría general del partido. Ahora el también llamado “Pastor” se ha quedado “en la banca”, humillado y sin ninguna posición relevante.
Huerta nunca tuvo la capacidad de percibir que estaba construyendo un escenario crítico en su contra, porque ahora son muy pocos los panistas que estarían dispuestos a jugar con ella para buscar una reelección en el cargo de presidente del CDE.
Y si no repite de dirigente, su carrera política se va al abismo. Su único derrotero sería asumir la diputación federal plurinominal que ella misma se autogestionó y acabaría siendo una legisladora más en San Lázaro, sin la capacidad de entrar a los cargos de dirigentes del grupo parlamentario del PAN y de la propia fracción poblana, donde la mayor parte de quienes ahí van a estar no tienen una buena relación con esta mujer.
Tal situación le llevaría a perder toda influencia y acabar siendo una más del montón. Como lo era antes de que Martha Erika Alonso Hidalgo la “adoptara” y la impusiera en el control del CDE, sin tener el respaldo de las fuerzas vivas albiazules.
Frente a ese panorama desolador, Genoveva Huerta tiene tres escenarios:
Se sabe que el presidente nacional del PAN, Marko Cortés, también buscará la reelección y se apoyará para conseguir ese propósito en los dirigentes estatales, dándoles canonjías. No obstante que se diera el respaldo del primero a Huerta Villegas para buscar su continuidad en el cargo, no es suficiente tal respaldo.
Un segundo escenario es experimentar el limar asperezas con Eduardo Rivera, luego de que la presidenta del PAN a lo largo de 2020 desplegó toda una campaña negra contra el panista para buscar que no alcanzara la candidatura a edil de la capital, que fue la joya de la corona en el actual proceso electoral.
Actualmente el peso del liderazgo de Eduardo Rivera se ha convertido en la fuerza motora del PAN en todo el estado y su opinión es ahora fundamental en los asuntos de mayor relevancia del panismo poblano.
Habrá que esperar a conocer si Eduardo Rivera está dispuesto a generar una operación “cicatriz” con Genoveva Huerta o a “limpiar” al PAN de las mezquindades de los morenovallistas.
Mientras tanto, Genoveva Huerta ya hizo un primer esfuerzo de buscar una reconciliación al incorporar a Morales Garduño al CDE.
El último escenario es que Genoveva Huerta opte por ceder la dirigencia a un tercero en discordia, con quien pacte posiciones dentro del CDE y ella siga teniendo participación en la toma de decisiones.
Rafael Micalco Méndez, quien ya ha sido dos veces presidente del PAN, es miembro de la dirigencia nacional, es diputado electo local y fue un perseguido del morenovallismo, podría ser “el plan B” de la dirigente albiazul.
Micalco, dicen en el PAN, es de los pocos que tienen interlocución y posibilidades de llegar a acuerdos con la presidente del partido. Con quien podría pactar un proyecto intermedio, en el que Genoveva Huerta deja el poder, pero no se acaba de ir de la dirección del PAN.
