Si Marín le hubiera hecho caso a Bartlett no habría estallado el Lydiagate
Mario Marin Torres
La crisis del Lydiagate no hubiera ocurrido si Mario Marín Torres le hubiera hecho caso a Manuel Bartlett Díaz. O mejor dicho, si el primero hubiera cumplido una promesa que le hizo al segundo sobre la integración de su equipo de gobierno y que al final, al no respetar dicho compromiso, acabó generado una ruptura entre ambos políticos poblanos.
En el año 2003, Manuel Bartlett le pidió a Marín que por ningún motivo integrara a Adolfo Karam Beltrán en su equipo de trabajo en caso de que se convirtiera en titular del Poder Ejecutivo de Puebla, a lo cual el segundo de ellos se comprometió que eso no ocurriría y no permitiría que estuviera cerca de él. Una vez que Mario Marín se instaló como mandatario, de inmediato nombró al aludido director de la Policía Judicial y fue quien lo encaminó al Lydiagate.
Mario Marín Torres conoció al empresario Kamel Nacif Borge durante el sexenio en que Manuel Bartlett Díaz era gobernador del estado de Puebla.
En ese periodo, Marín era el secretario de Gobernación y se encargó de buscar a un grupo de poderosos empresarios que de manera ilegal se habían apropiado de terrenos de la reserva territorial Atlixcáyotl–Quetzalcóatl, para exigirles que regresaran los predios o de lo contrario habría procesos legales en su contra.
Uno de esos empresarios era Kamel Nacif, que se negó a regresar los predios en cuestión y eso provocó constantes enfrentamientos verbales con Mario Marín, que obedecía órdenes directas de Bartlett.
Finalmente, Nacif Borge devolvió las tierras mediante la presión que ejerció el gobierno federal, que lo detuvo por evasión fiscal. Esa situación provocó una mala relación entre el empresario libanés y Mario Marín.
Adolfo Karam Beltrán era un jefe policiaco consentido por el ya extinto Antonio Chedraui Tannou, obispo de la iglesia Ortodoxa de Antioquía en México y quien era un clérigo con una fuerte influencia entre la elite nacional del PRI y el PAN, así como de una red de empresarios de origen libanés.
Cuando Marín ya era gobernador –en el año 2005– y Karam era director de la Policía Judicial, por la medición del segundo de ellos, invitaron al entonces mandatario de Puebla a una reunión con Antonio Chedraui, en la Ciudad de México, en la cual el prelado le pidió al titular del Poder Ejecutivo que ayudara a “un amiguito” que tenía un problema legal que resolver.
Ese “amiguito” resultó ser Kamel Nacif Borge, quien ya había intentado ejecutar una venganza judicial contra la periodista Lydia Cacho Ribeiro por ventilar ante la opinión pública el funcionamiento de poderosas redes de pederastas en las que aparecía involucrado el empresario.
Marín dijo de inmediato que sí, para quedar bien con el obispo Chedraui y Karam Beltrán se encargó de consolidar el reencuentro del político priista con Kamel Nacif, lo que acabó desatando el Lydiagate –en febrero de 2006– que actualmente tiene a Mario Marín en la cárcel y significó, años más tarde, el derrumbe electoral del PRI, que en la primera década del siglo 21 parecía ser una fuerza política invencible.
El rompimiento Bartlett–Marín
En 2003 había tres aspirantes a ser el candidato del PRI a la gubernatura de Puebla. Ellos eran: Rafael Moreno Valle Rosas, Germán Sierra Sánchez y Mario Marín Torres.
El entonces gobernador Melquiades Morales Flores no quería dejar pasar la posible postulación de Mario Marín Torres, quien estaba a la cabeza de las encuestas. Se debatía entre su ahijado político Rafael Moreno Valle Rosas y su amigo Germán Sierra Sánchez.
En esa época, Bartlett era una importante figura que tenía mucho peso en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI. Por esa razón, Mario Marín lo buscó para pedirle que influyera en la dirección del partido y se valoraran correctamente las encuestas que lo colocaban como el mejor prospecto del tricolor para ser el candidato en la sucesión de 2004, según cuentan conocedores del tema.
Bartlett le habría reclamado que en su equipo había personajes muy negativos. Le advirtió que lo meterían en graves problemas si los seguía teniendo a su lado. A lo cual Marín le habría respondido de inmediato: que le dijera quiénes eran esos colaboradores para apartarlos de inmediato de su entorno y de su posible gobierno. Todo ello a cambio de que lo ayudara a ser candidato.
Había tres nombres en esa lista negra, que habría mencionado Bartlett: Adolfo Karam Beltrán, Javier García Ramírez y Alejandro Fernández. La primera reacción de Marín fue decir que los tres ya estaban alejados de él. En el caso de Beltrán ya había optado por incorporarse como jefe a la Policía Federal y que no tenía la intención de regresar a Puebla, narra una fuente bien enterada.
Al final, Bartlett habría intervenido por Marín ante el CEN del PRI, que junto con otros factores y a pesar de la resistencia de Melquiades Morales, permitió llegar a Marín a la nominación priista, derrotando a Moreno Valle y Sierra Sánchez.
Lo primero que hizo Marín al llegar al poder fue nombrar a Javier García Ramírez secretario de Obras Públicas, a Alejandro Fernández titular del Consejo Estatal de Seguridad Pública y Adolfo Karam Beltrán director de la Policía Judicial.
Esos nombramientos causaron mucha desilusión en Bartlett y se alejó de Mario Marín. Se dice que no volvieron a tener contacto, por el disgusto del primero.
Marín se ufanaba siempre de que hacía compromisos y le gustaba no cumplirlos. Por ejemplo, a Moreno Valle le había ofrecido darle la candidatura del PRI a senador, en 2006, y no se la dio, lo que provocó su deserción al PAN.
El incumplimiento del compromiso con Bartlett de alguna manera fue un factor decisivo para que Marín esté en la cárcel y sea el político más denostado en el país.
