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La bandera del combate a la corrupción

La bandera del combate a la corrupción

Por Ricardo Morales

Las Serpientes

Sin duda, México es el país en donde cada sexenio se utiliza como bandera política, el supuesto combate a la corrupción, el cual sirve también para justar viejas cuentas políticas y lo mejor, para desviar la atención de la opinión pública sobre temas torales.

Hoy sin lugar a dudas, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, cuenta con el un personaje afín para poder justificar su bandera de combate a la corrupción en la figura del ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin, quien jugará el papel, que en antaño desarrollaron, Joaquín Hernández Galicia alias “La Quina”, Raúl Salinas de Gortari, el Pemexgate, Arturo Montiel y Elba Esther Gordillo.

Y es que, cada sexenio crea a su villano favorito para mandar el mensaje a la sociedad de que no habrá impunidad y que se llegará hasta las últimas consecuencias, caiga, quien caiga.

Basta revisar la historia para darnos cuenta que los gobiernos solo utilizan a ciertos personajes, para tratar de hacer creer que ahora sí, no permitirán ni un solo acto de corrupción y al final todo termina igual.

Miguel de la Madrid, quien sustituyó en 1982 a José López Portillo, llevó como bandera de campaña la famosa “renovación moral” e incluso durante su administración, se crearon las contralorías, para combatir a la corrupción.

Más tarde, un deslegitimado Carlos Salinas de Gortari necesitaba mandar una mensaje fuerte a la sociedad y además ejecutar su venganza política y la victima ideal fue el entonces líder del sindicato petrolero, Joaquín Hernández Galicia, alias “La Quina”, quien fue detenido y metido a la cárcel acusado de corrupción y de contar con un arsenal en su poder.

Lo cierto es que “La Quina” jugó y apostó todo a favor del adversario del presidente Salinas, Cuauhtémoc Cárdenas y en el pecado llevó la penitencia.

Salinas le entregó el poder a Ernesto Zedillo Ponce de León, cuya administración se inauguró con el llamado “error de diciembre”, el cual colapso a la economía mexicana y dejó en la calle a miles, sino es que a millones de familias.

La forma de distraer a la opinión pública fue la detención del hermano del ya entonces ex presidente, Raúl Salinas de Gortari, acusado de enriquecimiento ilícito; incluso, de haber asesinado a su propio ex cuñado y secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu.

Salinas, con el tiempo, recuperó su libertad y hasta sus bienes y cuentas congeladas en Suiza.

En el 2000, el panista Vicente Fox llegó al poder y el escándalo político de corrupción durante ese sexenio fue el famosos “Pemexgate”, el desvío de más de mil millones de pesos de recursos de la paraestatal para las arcas priistas de su entonces candidato, Francisco Labastida Ochoa, mucha tinta se usó para el caso y al final no pasó nada, pero sirvió de distractor.

En el 2006, el también panista, Felipe Calderón, arribó al poder y el tema principal de combate a la corrupción se centró en el entonces ex gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, y sobre los hijos de Martha Sahagún; sin embargo, no pasó nada, aunque también sirvieron como un buen distractor.

Enrique Peña Nieto encontró en su antigua aliada, la maestra Elba Esther Gordillo, el pretexto perfecto, para tratar de quedar bien con la sociedad, bajo el supuesto combate a la corrupción por parte de su administración.

La maestra fue detenida y paso algunos años en prisión, hasta que López Obrador le concedió la libertad y le regreso sus bienes.

Está vieja historia hoy parece repetirse y estar más que concertada, para que el presidente: uno logre distraer a la opinión pública de los temas del desastre económico de su administración y dos, ponerse como ejemplo en el combate a la corrupción y tratar de recuperar la popularidad perdida.

Sin duda alguna, el presidente López no se equivocó, la pandemia le cayó como anillo al dedo.