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Morenovallistas todavía pueden impedir la candidatura de Eduardo Rivera

Morenovallistas todavía pueden impedir la candidatura de Eduardo Rivera

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

Aunque Eduardo Rivera Pérez aparece como el aspirante mejor posicionado para competir a nombre del PAN por la alcaldía de Puebla, todavía tiene un camino largo y muy sinuoso que recorrer para obtener la postulación y que podría perder, pues resulta que aproximadamente el 60 por ciento de la militancia panista que decidiría al próximo candidato, en su momento, fue controlada o tuvo identidad con el extinto exgobernador Rafael Moreno Valle, que siempre odió a quien ya fue edil de la Angelópolis.

Por tanto, persiste la posibilidad de que se reedite una revancha política –de los morenovallistas– en su contra y le corten las alas para competir por tercera vez por el ayuntamiento de la capital.

Sin embargo, las actuales circunstancias podrían resultar muy favorables para Rivera Pérez si las sabe aprovechar, que son los procesos de investigación que la 4T ha abierto contra los que fueron los operadores financieros más importantes del morenovallismo y que todavía podrían alimentar económicamente un movimiento contra el ex edil dentro de las filas albiazules.

Los procesos iniciados desde la Auditoría Superior del Estado y la Secretaría de la Función Pública contra el exsubsecretario de Finanzas, Eduardo Homero Tovilla Lara; contra el ex diputado federal Eukid Castañón Herrera, quien se encuentra preso en el penal de Tepexi de Rodríguez; contra dos empresas factureras que se utilizaron en las administraciones morenovallistas en los procesos de obra pública; y los procedimientos administrativos contra Xavier Albizuri Morett, exsecretario de Infraestructura y quien es parte del círculo de confianza del exgobernador José Antonio Gali Fayad, si los sabe utilizar Rivera, le podrían allanar el camino a la candidatura.

Aunque oficialmente está muerto el grupo político morenovallista, pues nadie heredó el control o el liderazgo de esa facción luego de los decesos trágicos de Rafael Moreno Valle Rosas y su esposa Martha Erika Alonso Hidalgo, quedó viva una estructura de operadores que manejaban una voluminosa fortuna que le deba un desmesurado poder a dicha corriente.

Nadie sabe a ciencia cierta dónde quedó el dinero destinado para los proyectos políticos de Moreno Valle, que a decir de los conocedores del tema, es una cifra que podía llegar los nueve ceros de miles de millones de pesos y que en 2018, se aseguraba que era una cantidad tan grande como para financiar toda una campaña presidencial.

Para nadie es un secreto, que quienes supuestamente manejaban el flujo de esos recursos económicos eran el ahora senador y exsecretario de Finanzas, Roberto Moya Clemente, quien al parecer está retirado de toda actividad partidista, así como Eduardo Tovilla y Eukid Castañón.

De ese núcleo, no sería extraño que todavía pudieran surgir importantes aportaciones económicas para darle oxigeno a lo poco que queda del morenovallismo y que lo encabeza Genoveva Huerta Villegas, quien es la presidente estatal del PAN y abierta enemiga política de Eduardo Rivera Pérez.

Y que esos fondos pudieran dirigirse a influir el voto de muchos militantes blanquiazules para impedir que el candidato sea Eduardo Rivera y sufraguen a favor de otro personaje, como pudiera ser José Antonio Gali Fayad o Fernando Manzanilla Prieto, como un aspirante externo y como parte del grupo de Genoveva Huerta.

Por esa razón Huerta Villegas se ha apresurado a intentar vincular a Eduardo Rivera con una supuesta alianza del panista con Morena, como una manera de desprestigiarlo y generar un movimiento de rechazo en su contra.

Es una medida desesperada de la dirigente albiazul, pues está sintiendo el debilitamiento de lo que queda de la estructura morenovallista con las investigaciones al entramado de corrupción que caracterizó a los gobiernos de Moreno Valle y Gali Fayad.

En todo este escenario, Eduardo Rivera enfrenta tres problemas básicos:

Primero: su estructura electoral no ha crecido en nada desde que fue candidato en 2010 y en 2018 a la alcaldía de Puebla. En torno al panista aparecen los mismos operadores del PAN, que al paso de los años han perdido influencia en la militancia albiazul.

Segundo: Rivera es muy tradicionalista y no sabe hacer alianzas con grupos ajenos a su facción política.

Y lo que han hecho alianzas con él, lo tildan de no respetar acuerdos y acaban sintiéndose traicionados por el panista.

Tercero: a Eduardo Rivera se le está agotando el tiempo para conseguir que, desde el CEN del PAN, se anule la presidencia de Genoveva Huerta, quien juega a favor de intereses externos al partido que representa y que ha dejado a un lado la institucionalidad, pues se dedica a atacar a los miembros de esta fuerza política que no son de su agrado.

Estos tres factores podrían provocar que Eduardo Rivera todavía sufra una revancha de los morenovallistas y lo dejen fuera de la competencia.