Con Camarillo ganan Doger y Estefan y pierde el resto de los líderes del PRI
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
La designación de Néstor Camarillo Mediana e Isabel Merlo Talavera como nuevos dirigentes del PRI poblano, es el proceso más desaseado del tricolor de los últimos años, ya que se ignoró olímpicamente al grueso de los grupos del partido y únicamente se acordó con dos facciones: la que forman Jorge Estefan Chidiac y Blanca Alcalá Ruiz, junto con la que conforman Enrique Doger Guerrero y Javier Casique Zárate.
En noviembre del año pasado, en este espacio periodístico, se advirtió que había un intento de Alejandro Moreno Cárdenas, el líder nacional del PRI, de imponer a Néstor Camarillo, por ser un recomendado de Javier Casique, quien es parte del CEN tricolor. Al final se concretó ese acto autoritario, pese a que en los últimos siete meses creció el descontento priista de que el exedil de Quecholac pudiera llegar a esa posición.
Es tanto el malestar contra Camarillo, que son mucho más los que están inconformes con su llegada a la cúpula priista, que los que están de acuerdo.
Se sabe que entre la lista de quienes no estarían de acuerdo con este personaje se encuentra dos exdirigentes estatales del PRI, que muy seguro esta semana anunciaran su renuncia al partido tricolor.
Uno de ellos, para mayores señas, fue delegado de Sedesol y fue de las pocas voces críticas que en 2018 denunció que había un contubernio entre el PRI poblano y el morenovallismo.
Mucho del malestar contra Néstor Camarillo es su falta de experiencia en conducción de procesos electorales y su trato silvestre, carente de talento político. No es líder ni siquiera es buen orador. No sabe crear alianza y lo persigue su pasado, pues siendo edil de Quecholac su familia y su gobierno jugaban del lado morenovallista.
Más allá de su personalidad, en la percepción de muchos líderes priistas el esquema que va a dominar es el siguiente: Camarillo llega fundamentalmente para presionar y negociar que el Congreso le apruebe sus cuentas públicas como edil de Quecholac, las cuales ya llevan mucho tiempo atoradas por problemas de comprobación de gastos de fondos públicos.
Sin embargo lo que más se cuestiona, es que acabará siendo una especie de operador, de empleado, de “IBM” cono algunos dicen despectivamente, de los grupos de Jorge Estefan Chidiac y Enrique Doger Guerrero, quienes se acabarán repartiendo las candidaturas a alcaldes y diputados federales y locales, que estarán en juego el próximo año.
Y ambos grupos, el de Doger y Estefan se han destacado por meter al PRI al marasmo, a ser una oposición inexistente, ser un partido alejado de las bases y que todo el instituto político se supedita a sus intereses personales.
Doger demostró en la campaña electoral de 2018 que era un candidato a los servicios de Rafael Moreno Valle y su esposa Martha Erika Alonso, pues siendo candidato priista a la gubernatura, su trabajo se redujo a atacar a Morena y ser benevolente, acrítico y hasta vasallo con el PAN y el morenovallismo.
Estefan en 2019 intentó volverse integrante de Morena y dejar su militancia del PRI, a cambio de controlar las finanzas públicas del estado de Puebla. Como no logró, luego de que no entregó tan buenas cuentas en el gobierno interino de Guillermo Pacheco Pulido, se acabó refugiando como delegado priista en el norte del país.
El problema es que cuando en 2016 Estefan fue presidente estatal del PRI y Blanca Alcalá la candidata a la gubernatura, el primero de ellos convirtió al partido en la oficina de sus asuntos personales y se olvidó de la militancia, de los sectores, de las organizaciones y simpatizantes del tricolor. Nunca recibía a nadie, no dialogaba con nadie y nunca le interesó por articular a su fuerza política en una opción electoral.
Ahora regresa al control del PRI, por la vía de Néstor Camarillo, para volver al mismo esquema de usar al partido como la oficialía de partes de sus asuntos personales.
Una muestra de lo anterior es que en las regiones de Acatlán de Osorio y de Izúcar de Matamoros se dice que ya se ha visto realizar trabajo de campo a Juan Carlos Santiago Pimentel, como una avanzada para que Jorge Estefan por enésima vez se postule como candidato a diputado federal por esa región, que la considera su bastión.
Santiago Pimentel es el encargado de la obra pública en los municipios cuando Estefan tiene el control de presupuestos públicos. Fue el secretario de Gestión Social del PRI cuando el segundo de ellos fue presidente del partido y se mantuvo hasta la gestión de Lorenzo Rivera, para después renunciar y colaborar con Jorge Estefan en las labores priistas del norte del país.
Más allá de quien se beneficia y quien sale perdiendo con la designación de Néstor Camarillo, la llegada del nuevo dirigente es una bocanada de oxígeno para Morena, pues significara que el PRI continuará con su crisis y seguirá siendo un partido testimonial, que no sabe ser oposición ni contrapeso político.
Quien también sale perdiendo es el PRD poblano, que tiene la esperanza de hacer una alianza electoral con el PRI o el PAN para “salvar el pellejo” y no perder el registro como fuerza política estatal. Queda claro que con el tricolor, el partido del sol azteca tiene todo que perder y nada que ganar.
