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El PRI quiere ser el fiel de la balanza en el 2021

El PRI quiere ser el fiel de la balanza en el 2021

Por Ricardo Morales

Las Serpientes

Tal y como lo hizo en los sexenios panistas, del 2000 al 2012, el PRI quiere ser el fiel de la balanza en el proceso electoral que se avecina, o al menos eso es lo que pretende su dirigente nacional, Alejandro (Amlito) Moreno.

“Amlito” cree tener la habilidad que en su momento tuvieron Manlio Fabio Beltrones (don Beltrone) y Emilio Gamboa (El tío Gamboín) para poder guiar al priismo, en este momento tan turbulento del país y lograr sacar beneficio de la debilidad que comienza a manifestar la 4T.

En los doce años de gobiernos panistas a nivel federal, el PRI jugó el papel que el panismo desarrollo a partir del salinismo, el de cogobernar con el régimen y avalar muchas situaciones, siempre a cambio de beneficios, las famosas concertasesiones, que tanto ayudaron al crecimiento del albiazul.

Gubernaturas, presidencias municipales, reformas electorales, paquetes fiscales e incluso recursos y jugosos negocios llegaron a los dirigentes nacionales del albiazul y a sus militantes, como Diego Fernández de Ceballos, quien en ese tiempo recibió el apodo de la “ardilla” porque se la pasaba en “Los Pinos”.

Viceversa, cuando el panismo tomó el control del país a nivel nacional, siguió la misma línea al otorgar al PRI y principalmente a sus gobernadores, todo tipo de beneficios, sobre todo económicos. Los recursos de los excedentes petroleros en el sexenio Foxista se repartieron sin reglas de operación, pero lo mejor, sin comprobación, lo cual permitió la consolidación de lo que he denominado el feudalismo mexicano. Estados fuertes, gobierno federal débil.

Con Felipe Calderón, los grandes interlocutores fueron Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa, quienes a cambio de aprobar las reformas del presidente, le abrieron camino el PRI para el retorno a Los Pinos de la mano del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.

Hoy, “Amlito” Moreno se siente con los tamaños suficientes para poder negociar con el presidente López, acuerdos similares a los que realizaron sus antecesores, con la salvedad de que el PRI no es la principal oposición, sino el PAN y que el tabasqueño, difícilmente les va a cumplir los acuerdos a los que lleguen.

Es cierto que por cuestiones de ADN, López Obrador prefiere al PRI que al PAN, como su oposición, pero nada le garantiza al tricolor que una vez usados, les vayan a cumplir los acuerdos y la clave está en ver, si se mantiene el respeto a la 4 T hacia el ex presidente Peña.

Ante la caída en su popularidad, todo indica que el presidente López podría ir tras dos “peces gordos”, el ex secretario de Hacienda y ex canciller, Luis Videgaray, y el ex presidente Peña, si es así, entonces dinamitaría cualquier posibilidad de una alianza con el tricolor. Ya veremos.

El doble racero del presidente. El presidente López Obrador ha dejado muy claro que si es juarista y que sigue sus preceptos. A los amigos les da la ley y la gracia, a los enemigos les aplica la ley a secas, ni más ni menos.

El mejor ejemplo de este, es lo ocurrido con Ovidio Guzmán, el hijo del jefe del cártel de Sinaloa, al cual ordenó liberar, luego de su detención el año pasado en operativo llevado a cabo en Culiacán.

El presidente admitió hace unos días que él ordenó liberar a este personaje, por temor a que hubiera un ataque en contra de la población.

De inmediato en este mismo espacio señale que esto, sentaba un precedente muy peligroso para el país, porque otros cárteles podrían seguir el mismo ejemplo y esto ocurrió el fin de semana en Guanajuato, en donde tras un operativo realizado en la entidad, se detuvo a la mamá y al hermano del líder del cártel de santa Rosa de Lima, “El Marro”, quien amenazó con llevar a cabo una campaña de “sangre” en contra de población para obtener la liberación de sus familiares.

No se trata de defender el “Marro” y abogar por la liberación de sus familiares, pero todo esto es consecuencia de la manera tan “peculiar” por no llamarla de otra forma, en la que actúa el presidente y administra la justicia.

El mandatario sentó un precedente sumamente peligroso con la liberación de Ovidio y ahora pone en grave riesgo a la población de Guanajuato, la ciudad de Celaya ya resintió los efectos de la “guerra” desatada por el “Marro”.

¿O qué, la vida de la gente de Sinaloa vale más que la vida de la gente de Guanajuato? ¿O será porque Sinaloa es gobernada por el PRI y Guanajuato por el PAN? Y conste, son preguntas.