El PAN poblano no puede articular al voto Antiamlo
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
La declaración del coordinador de la fracción del PAN en el Congreso local, Oswaldo Jiménez López, de calificar como "ocioso" el otorgar una amnistía a las mujeres presas por haber interrumpido un embarazo, exhibe la falta de capacidad del PAN de convertirse en la fuerza política articuladora del desencanto o el malestar que provocan los gobiernos de la 4T y en particular la gestión del presidente Andrés Manuel López Obrador.
El sábado se realizó la tercera marcha antiAMLO en varias ciudades del país, resultando que la de Puebla fue una de las más pobres y deslucidas. En mucho por el fenómeno del Covid–19 y también porque el PAN poblano perdió la capacidad de convocatoria para armar un movimiento fuerte y robusto de oposición a la fuerza política en el poder.
La última vez que el PAN mostró musculo como una fuerza política opositora fuerte, organizada y con objetivos claros, fue hace 14 años, cuando logró movilizar entre 30 y 50 mil personas contra el entonces mandatario de Puebla, Mario Marín Torres, “el góber precioso”, luego de que se conociera el audiescándalo de la detención ilegal por parte del Poder Ejecutivo de la periodista Lydia Cacho Ribero.
Años más tarde llegó el poder corporativo del expriista Rafael Moreno Valle Rosas, quien se definía como “un priista dentro del PAN”, y desde entonces el Partido Acción Nacional perdió la identidad y la capacidad de mover a las fuerzas ciudadanas de la derecha poblana. Hasta la fecha, no ha podido recuperar “la calle” y sus protestas son insignificantes.
No es entendible que habiendo un escenario local de nulos resultados de todos los gobiernos de Morena, junto con una confrontación permanente entre los principales actores de la 4T y un olvido de las promesas de campaña de los legisladores morenistas, el PAN no ha consiguido volver a ser esa oposición que durante las gestiones de los mandatario Mariano Piña Olaya, Manuel Bartlett Díaz, Melquiades Morales y Mario Marín, le ganaba el debate a los gobiernos del PRI y los ponía contra las cuerdas.
Esa debilidad, al parecer, se debe a que la mayor parte de los dirigentes del PAN son los peores cuadros que ha tenido el partido en toda su historia.
Por un lado, esta el pobre discurso de la presidenta estatal del PAN, Genoveva Huerta Villegas, que no sabe construir otra expresión verbal que no sea acusar de “crear cortinas de humo” a los gobiernos de Morena.
Y por otro, la mayoría de los liderazgos panistas se quedaron instalados en el moralismo ramplón de la derecha de los años 80, de creer que los derechos de género son una expresión satánica y que su misión son combatirlos. En ese comportamiento mediocre se quedó instalado el diputado Oswaldo Jiménez que se escandaliza de la posibilidad de que una mujer que haya interrumpido un embarazo pueda salir de prisión.
Hoy queda claro que los gobiernos del PAN han sido protectores y beneficiarios de los cárteles del narcotráfico, de las organizaciones del huachicol y de los entramados financieros que han defraudado a millones de mexicanos.
El problema mayor es que PAN no puede romper con su pasado plagado de corrupción, delincuencia organizada y de autoritarismo.
Y tampoco puede surgir como la nueva oposición que necesita el país.
Una democracia sana es donde hay contrapesos, una crítica fuerte y fundamentada, pero sobre todo, una exhibición de los actos de corrupción de la clase gobernante. Nada de eso alcanza el PAN poblano y en general, el albiazul en la mayor parte del país.
A eso se debe que estando a un año de las próximas elecciones, en todos los gobiernos de Morena, por lo menos en el caso de Puebla, hay una alta dosis de arrogancia y seguridad de que la ciudadanía no va a sancionar negativamente a esta fuerza política en las urnas, pues la imagen del presidente Andrés Manuel López Obrador va a salvar el proyecto de la 4T en todo el país y al mismo tiempo, no hay una oposición que pueda articular un voto de castigo por el desencanto y malestar de los gobiernos morenistas.
