La Onerosa Educación de los Mediocres
Por Mario Alberto Mejía
La Quinta Columna
La anarquía en el tema de las colegiaturas de las universidades privadas es total.
Cada institución cobra como en un tianguis.
Y lo hacen a la menor provocación.
Cobran por veranos que son otoños, con todo y la caída de hojas.
Cobran por la vacación.
Cobran, incluso, por los títulos.
Pero no se crea el hipócrita lector que las cuotas estén en el ámbito de la moderación.
Son cuotas impúdicas y miserables.
Algunos lectores consideraron que mi columna anterior fue soez y escatológica.
Quizás me excedí en algunas expresiones.
Si ofendí la moral pública, ofrezco disculpas.
Pero lo verdaderamente soez y escatológico es la usura en las que está metida la educación privada.
Y todo lo hacen con la bandera de la excelencia académica.
Nada más falso:
El producto que venden es como los pescados echados a perder.
Pescados hediondos metidos en un refrigerador Kelvinator de los años sesenta.
O un refrigerador soviético de los que abundan en las cocinas de los hogares cubanos.
La educación pública —aunque lo nieguen algunos malos lectores de noticias de la prensa nacional— es mejor que la educación privada que tanto defienden.
Y lo hacen desde un analfabetismo funcional lamentable.
Un radioescucha inteligente o medianamente educado detecta de inmediato la farsa.
Y es que si el susodicho es ejemplo de la educación privada de excelencia ya empezamos mal, pues sus carencias evidencian el fracaso de esa misma educación.
No tenemos remedio como país porque no leemos, las matemáticas no se nos dan y nuestro conocimiento de la historia es deficiente.
Sólo cambiando el rumbo de la educación podremos aspirar a crecer como país.
Pero ese ejercicio lleva años.
Vasconcelos, que era un sabio, logró mover las cosas en su tiempo y nos puso a leer a los clásicos.
El propio Torres Bodet prosiguió su escuela en los años del milagro mexicano.
De pronto, cuando los políticos sustituyeron a los educadores, la educación en México empezó a volverse un fracaso.
El fracaso que hoy vivimos es consecuencia de las malas políticas públicas.
A la educación privada no le ha ido mejor.
Y lo peor es que es cara y onerosa.
Basta ya de simulaciones.
La nueva ley poblana busca acabar con esa farsa, pese a algunos farsantes que simulan defender la supuesta excelencia educativa.
Nótese el estilo de hablar.
Clávese el lector en su escritura.
Hasta sus tuits son dignos de Sanjuana Martínez:
Tuits mal redactados e insufribles.
¿Quién nos salvará de esta crisis brutal?
