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Que los Bartlett Donen los Ventiladores (Una Modesta Proposición)

Que los Bartlett Donen los Ventiladores (Una Modesta Proposición)

Por Mario Alberto Mejía

La Quinta Columna

El domingo 3 de mayo, el presidente López Obrador publicó en redes un texto sobre los efectos del coronavirus en el mundo.

Ahí, entrelíneas, había un fragmento que curiosamente pasó de noche para la prensa nacional: un mensaje siciliano al hijo de Manuel Bartlett.

En mi columna de ese día lo retomé.

Y más: me atreví a creer que algo ocurriría en Comala.

Es decir: en esta tierra donde los muertos dialogan con los muertos sin saber que están muertos.

Días después, Marcelo Ebrard escribió un tuit desde su vicepresidencia imperial en términos muy similares a los del presidente.

Volví a escribir del tema.

Y concluí que el estilo personal de gobernar del presidente es muy parecido al de Ruiz Cortines: dicen más sus silencios o sus guiños que sus palabras.

(No siempre, ya lo sé, pero en temas coyunturales, como éste, así sucede).

Diez días pasaron para que el IMSS de Hidalgo concretara las palabras del presidente y dejara sin efecto el contrato firmado con el hijo de Manuel Bartlett.

Y cuando empezaba a caer la noche, desde su cama de recuperación, la esposa de John Ackerman dijo, vía tuit, que habría castigo en contra de quien resulte responsable.

Por todo esto, comparto con el hipócrita lector lo que escribí aquel 3 de mayo, cuando el presidente dijo lo que dijo.

Nota Bene:

Si los señores Bartlett fueran agradecidos donarían los onerosos ventiladores a los hospitales que los requieren para salvar vidas humanas, pero como no lo son terminarán metiéndolos en bodegas frías y lúgubres parecidas a la Casa Usher.

Qué pena.

Qué vergüenza.

Cucharaditas de Arsénico de AMLO a Bartlett. Andrés Manuel López Obrador es un político que maneja las entrelíneas de una manera brillante.

Aunque su estilo suele ser directo, fajador, agresivo, de pronto opta por el guiño de ojo, que no necesariamente lleva flores sino arsénico.

Eso fue precisamente lo que hizo el domingo pasado en las entrelíneas de un largo texto denominado “Algunas lecciones de la pandemia Covid-19”.

Vea el hipócrita lector.

Hay una parte en la que le guiña el ojo a la Corporación Bartlett S.A. de C.V., cuyos presidentes del Consejo de Administración son Manuel Bartlett y León Manuel Bartlett.

Padre e hijo.

Como esa película inolvidable protagonizada por Fernando Soler y Pedro Infante: “No desearás a la mujer de tu hijo”.

El guiño cargado de arsénico es brutal:

“Otra falla que ha quedado de manifiesto es la poca solidaridad que existe en el mundo para adquirir equipo y medicamentos para la salud. La especulación y el lucro en este aspecto ha llegado a niveles vergonzosos. Un ventilador que antes del COVID-19 costaba en promedio 10 mil dólares, ahora se vende hasta en 100 mil dólares y lo peor es que, debido a la escasez, hay acaparamiento tanto de los gobiernos como de las empresas que los producen”.

En el contexto del escándalo de los carísimos ventiladores —protagonizado por los Bartlett—, hay más de un guiño en unas cuantas líneas.

Yo conté cinco cucharaditas de arsénico cuando menos.

“Poca solidaridad (…) especulación (…) lucro (…) niveles vergonzosos (…) acaparamiento”.

La referencia es obvia: ventiladores que ahora se venden en 100 mil dólares cuando antes valían 10 mil.

(El Consorcio en realidad vendió cada ventilador al IMSS de Hidalgo en un millón y medio de pesos. Es decir, un poco menos de los cien mil dólares citados por el presidente).

En cualquier país democrático, Manuel Bartlett ya hubiera renunciado a su cargo.

Pero estamos en México, y la secretaria de la Función Pública (la señora Ackerman) terminará exonerando al clan.

No podría ser de otra manera.