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Chanoc y Santamaría (Madre de Dios) Contra los Demonios de Ultratumba

Chanoc y Santamaría (Madre de Dios) Contra los Demonios de Ultratumba

Por Mario Alberto Mejía

La Quinta Columna

La trama macabra encabezada por Alejandra Santamaría Llerandi en la Secretaría de Cultura -a través de la Dirección General de Patrimonio Cultural- ha generado un enorme morbo en pleno coronavirus.

24 de marzo. El prestigioso Javier Gómez Marín remite un escrito dirigido a Julio Glockner Rossainz para informar de las perversas acciones que Santamaría Llerandi lleva a cabo en contra de Sonia Duarte Ávila Sosa, directora Administrativa, “mal informando e instigando a todo el personal y creando un clima de inconformidad y enojo hacía todo el personal de esta dirección”.

He aquí algunos casos que ilustran muy bien la terrible actitud de Santamaría (Madre de Dios):

Nalleli Hernández Juárez, titular de la Fototeca, Fonoteca y Videoteca narró que cuando ingresó a Cultura fue asignada a dicha jefatura, pero que con los cambios en la Dirección de Acervo Cultural se generó confusión, ya que “nadie le explicó adecuadamente cuáles eran sus funciones”.

Relató que en una reunión a inicios de 2020, Santamaría les presentó al nuevo jefe de Acervo: el panista Antonio Camarillo Sánchez.

Sí, el Chanoc de Patrimonio Cultural.

El Canelo de la Secretaría de Cultura.

El hombre fuerte de la multicitada Alejandra Santamaría Llerandi.

Tiempo después, vía Whatsapp, Santamaría Llerandi cambió a Nalleli Hernández a la Dirección de Artesanías en donde la puso —¡en serio!— a embalar y cargar cajas, a limpiar espacios y a notificar correspondencia, cosa que dista mucho de sus funciones como jefa del Departamento de Fototeca, Fonoteca y Videoteca.

Este cambio se le notificó a través de un oficio firmado por ella misma, quien usurpó funciones de la Dirección Administrativa.

En el área de artesanías, Nalleli conoce a Miguel Enríquez Ávila y a David Ortega Galindo, quienes también habían sido víctimas de Alejandra y su Chanoc.

Al hablar con ellos entiende que Artesanías es “La Zona de Castigo” de la Secretaría de Cultura.

Hay que decir que el famoso Chanoc —José Antonio Camarillo Sánchez— jamás fue dado de alta en el puesto de director de Acervo, ni tampoco fue nombrado encargado de despacho.

Esto significa que incurrió en un delito de usurpación de funciones.

El 25 de febrero, Santamaría Llerandi le solicita mediante memorándum a Javier Gómez Marín que a más tardar a las 2 de la tarde le remita la programación de actividades del mes de marzo, con costos, fechas y responsables.

Dicho memorándum le fue remitido a Gómez Marín a las 11:41 horas de ese mismo 25 de febrero, por lo que en 2 horas y 19 minutos requería le fuera entregada la información, ya que de lo contrario le levantaría un acta administrativa.

El problema es que Gómez Marín, auténtico director de Acervo Cultural, estaba de comisión en Los Pinos, en la Ciudad de México, en un acto de los pueblos indígenas, cosa que sabía perfectamente Santamaría.

Es decir: la dama actuó con su ya legendaria mala fe.

Para rematar, al día siguiente lo citó a reunión para levantarle un acta administrativa por haber hecho caso omiso a dicho memorándum.

En otras de sus extravagancias, la heroína que México espera le mandó por WhatsApp a Jesús Fernando Zavaleta, que forma parte de la Dirección de Acervo, un memorándum para despedirlo.

Luego le habló y le dijo que por error le había enviado ese WhatsApp.

Ufff.

El 13 de febrero, vía telefónica, Santamaría (Madre de Dios) le dijo a la directora administrativa que despediría a Jesús Fernando Zavaleta y David Ortega Galindo debido a que “le caían mal porque estaban hablando pésimo de José Antonio Camarillo Sánchez”, su Chanoc.

(Lo que no supo es que la administrativa se encontraba enfrente de su equipo con el altavoz a todo lo que daba).

En virtud del éxito de esta historia en mi siguiente columna cerraré ahora sí este tremebundo caso de la vida real.

¿Dónde Están Romo y Rivera? Templo Mayor, de Reforma, abrió el ostión:

“Y EL QUE de plano pasó de la distancia a la ausencia es Alfonso Romo, para quien ya se está pensando en lanzar una alerta de búsqueda, pues la última vez que se le vio fue cuando dijo que iba por un plan de inversiones privadas para el sector energético... ¡y ya no regresó!”.

Qué pregunta tan conveniente, pues se supone que don Alfonso, además de hacer negocios, tendría que estar haciendo algo por la vapuleada economía nacional.

¿A dónde se habrá ido?

Y, por cierto, ¿a dónde se fue Alfredo Rivera Espinosa, el Alfonso Romo de por aquí cerquita?

¿Dónde quedó su espíritu social?

¿O sólo lo vamos a ver moviéndose cuando haya elecciones?

El hipócrita lector seguramente lo recordará, pues a través de varias columnas juró que Beatriz Gutiérrez Müller era su madrina y que lo haría, primero, gobernador interino, y, después, candidato a Casa Aguayo.

Sólo un problema tuvo: se le atravesó Miguel Barbosa Huerta y lo dejó en ridículo.

Si alguien lo ve, pregúntele qué pasó con esos empresarios sociales.

¿Todavía víboras o ya morongas?