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Periodistas en Busca de Muertitos

Periodistas en Busca de Muertitos

Por Mario Alberto Mejía

La Quinta Columna

Cuando Hiroshima cayó por los efectos de la denominada bomba atómica, todo mundo al día siguiente publicó idénticos titulares en la prensa mundial.

Y al día siguiente, después del día D, la noticia siguió siendo la misma: con más detalles sobre las radiaciones y el número de muertos.

Y al día siguiente, dos días después del día D, los titulares no cejaron en su intento de llevar declaraciones, más datos del terrible impacto, nuevas fotografías.

Así ocurre siempre que hay algo que cimbre a todos, algo que marque a una sociedad, algo que irrumpa como una mosca en la leche.

Cuando el SIDA apareció en nuestras vidas de inmediato también se metió en nuestras pesadillas.

Una abstinencia generalizada invadió el ambiente sexual.

Los moteles dejaron de ganar dinero.

Hasta los condones entraron en la zona del entredicho.

Nadie quería saludar a nadie.

Menos aún besarle.

Todos podíamos morir de un momento a otro.

Por supuestos, faltaba más, los titulares de la prensa estuvieron ahí para convertir el espanto doméstico en horror público.

Y muchos días dieron cuenta de los muertos a través de fotos que recordaban a los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Lo mismo pasó con la influenza.

Lo mismo está pasando con el coronavirus.

¿Quiénes ganan con esta ola de pavor?

Los laboratorios, por supuesto, pero también los especuladores de las bolsas, algunos gobiernos y, faltaba más, la prensa en general.

El miércoles, por ejemplo, los titulares de la prensa poblana iban en una sola dirección, cual nado sincronizado:

¡Llega el coronavirus a Puebla!

Un lector desprevenido se hubiera metido debajo de la cama una vez leída la sentencia bíblica.

Lo bueno es que hay lectores inteligentes —hipócritas lectores— que lo primero que hacen es dudar ante los titulares de la prensa.

¿Resultado?

Nadie entró en pánico.

Al día siguiente, quién lo iba a decir, el tema ya era otro, incluso para quienes llevaron el tema a ocho columnas.

¿Dónde quedó el horroroso caso del horroroso coronavirus?

En el basurero de la historia.

Y es que la noticia resultó medianamente infundada, pues el paciente que fue detectado como víctima del virus resultó asintomático.

¿Qué es eso?

Según la RAE, que todo lo sabe, “que no presenta síntomas de enfermedad”.

La verdadera pandemia, dice el gran cronista Mario Galeana, está en un sector de la prensa.

Y no miente.

Yo le sigo creyendo al gran periodista Juan Cruz, de El País, cuando jura que “El periodismo le prestó su sustancia a la mentira; se hizo eco de falsedades, prestó sus titulares a la especulación, se rindió a la cultura del click, y ahora no queda otro remedio que buscar cura a tanto desafuero”.

Cierro con una cita que ya hizo en este mismo periódico el propio Galeana a partir de un tuit del delegado de El País en México, Centroamérica y El Caribe, Javier Lafuente:

“Hay mucha gente que en vez de celebrar que en México apenas hay aún coronavirus, parece que quieren buscarlo debajo de las piedras para que todo reviente. Que se den un paseo por el agobio de España o Italia a ver si se les calma esta pasión”.

Es una pena, sí, que los titulares amarillistas se hayan convertido en un Gansito Marinela cubierto de chocolate, pero lleno de mierda y mermelada.

Lo bueno es que siempre habrá un hipócrita lector que dude no sólo de esos titulares, sino de la mentira, la falsedad y la especulación.

Y claro que un día sí llegará el coronavirus a Puebla —¡ahora sí ya apareció!— y habrá quienes busquen deseosos al primer muertito para exhibirlo como pieza de museo.

Coprogagia se llama eso.