Imágenes de Guerra de Mujeres en Guerra
Por Mario Alberto Mejía
La Quinta Columna
Una señora huachicolera sale a la autopista Tlaxco-Tejocotal.
Mide el terreno y le hace señas al chofer de una pick up llena de gasolina robada para que se integre a la autopista.
Luego se sube a la parte de atrás.
La camioneta parte.
¿Cómo sé que era huachicolera?
Porque un amigo que trabajó en el Cisen me dijo que en esa zona pasan ductos de Pemex y se roban gasolina mediante ese protocolo.
La señora debe tener unos cuarenta años, pero aparenta sesenta.
Es una mujer como todas, aunque en nada se parece a las señoras de Lomas de Angelópolis o de La Vista.
Su vestimenta es modesta, anda en chanclas, no se ha bañado en días.
Y es profundamente solidaria con su marido o su pareja o su amante.
Cerca de la carretera Huauchinango-Xicotepec está un pueblo que se llama Michuca.
Ahí, las madres de los huachicoleros son las primeras en defender al hijo o al yerno que roba gas LP.
Enfrentan a los policías, les lanzan piedras, gritan mentadas (que también duelen).
A ellas no parece importarles el Día Internacional de la Mujer y mucho menos la iniciativa #UnDíaSinNosotras.
¿Qué hacemos con ellas?
*
Una prostituta sale del motel “Dos caminos”, cerca de la carretera que lleva a Zihuateutla.
¿Cómo sé que es prostituta?
El cliente que va con ella se lo dice a gritos cuando la acusa de haberlo robado.
Es el Día Internacional de la Mujer.
Ella no lo sabe.
O si lo sabe, le importa una chingada.
*
En los años sesenta, en la casa de mi abuela, mi mamá y mi tía recibían a sus amigas, y todo se volvía una fiesta de sonidos y conversaciones.
Mujeres fumando y platicando sin parar.
Mujeres leyendo el café.
Mujeres riendo hasta el cansancio.
Mujeres sellando su amistad.
Ese ritual se trasladaba luego a la casa de las Zegbe, y ahí venían nuevas conversaciones.
Mujeres fumando en la hora de las confesiones.
Mujeres taconeando sobre el piso de madera.
Mujeres hablando de la vida y de las cosas pequeñas y sencillas que hacen que todo parezca perdurable.
Esas risas se han ido.
Esas escenas terminaron con el tiempo.
Todo quedó en un recuerdo vivo, que es la constancia de que algún día existió.
Los cafés matutinos en los restaurantes llenos de mujeres me recuerdan esos días.
Mujeres desayunando entre risas y voces que bajan y suben al ritmo de una conversación eterna.
Mujeres que hablan de la vida y de las cosas sencillas y entrañables.
Mujeres subiendo a sus camionetas y despidiéndose entre taconeos inéditos y besos lanzados al aire.
¿Cómo estarán los restaurantes la mañana del lunes 9 de marzo?
¿Qué sonidos huecos sustituirán el ruido de sus risas?
¿Quién medirá sus vidas con cucharitas de café?
¿A dónde se irá ese murmullo que no cesa?
*
Qué extraño será este lunes 9 de marzo, cuando salgamos a la calle y no encontremos una sola mujer.
Algunos de los mejores momentos de mi vida han sido al lado de ellas: mis conversaciones más sentidas, las más duras, las más delirantes.
Siempre son las más confiables, las más honestas: unas reinas de la transparencia.
No sé qué haría si un día desaparecieran para siempre, como lo harán momentáneamente el lunes 9.
Este día, machos a caballo, las extrañaremos como marranos, y chillaremos como éstos ante los oídos de un carnicero sin alma.
Noticias que Alegran el Día. La semana pasada cayó El Negro o El Bombón, ahora cayó el padre de El Grillo.
Hablamos de peligrosos delincuentes que operaban en la zona metropolitana a través del robo, el secuestro y el narcomenudeo.
Todos nos quejamos de la inseguridad pero guardamos los reconocimientos a la autoridad que hace su trabajo.
Qué mezquinos.
Muy bien por la inteligencia policiaca que llevó a su detención.
Los méritos se los dividen la Fiscalía General del Estado de Puebla y la Secretaría de Seguridad Pública.
Hay noticias, ufff, que alegran los días.
