La FGR espera el momento políticamente correcto para detener a Marín
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
Dicen fuentes conocedoras del tema que del exgobernador Mario Marín Torres fue ubicado su paradero, o mejor dicho su escondite, en tres regiones de la Mixteca poblana. Y que por lo menos en un par de ocasiones, instancias del gobierno federal habrían frenado algún intento de detenerlo en cumplimiento a una orden de aprehensión —que desde el 15 de abril– se giró en su contra por el delito de tortura hacia la periodista Lydia Cacho Ribeiro. El motivo de ese aplazamiento es esperar un momento políticamente correcto.
Quienes cuentan esa versión dicen que el caso de Mario Marín podría tener un rumbo parecido al que tuvo el afamado abogado Juan Collado, mejor conocido como “el defensor de los poderosos”, quien tenía un pendiente judicial de dos años atrás y su aprehensión se dio en un momento coyunturalmente clave.
Me explico: desde que arrancó el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se hizo un poderoso descubrimiento, que era un proceso legal contra Juan Collado que por influencias políticas se había “congelado” en Querétaro. Era una denuncia del empresario Sergio Hugo Bustamante, quien había sido despojado de un oneroso predio y aunque le asistía la razón jurídica, su querella se topaba con el muro infranqueable del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, que no permitía dañar la imagen de su abogado personal y de una larga lista de potentados.
El gobierno federal evaluó que era fundamental procesar a Collado bajo una causa legal justificada, pues significaba inhabilitar al litigante del poderoso Grupo Atlacomulco del PRI. Sin embargo, la posible detención se reservó para una fecha que tuviera un fuerte peso político y mediático.
De tal manera que la mañana del 9 de junio pasado las redes sociales se agitaron por la filtración del documento de renuncia de Carlos Urzúa como secretario de Hacienda y Crédito Público, en la cual describía que enfrentaban fuertes desavenencias con el mandatario Andrés Manuel López Obrador y el jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo. Sin embargo, por la tarde el tema era fuertemente desplazado por la noticia de la detención de Juan Collado.
Y sobre todo, porque trascendió que al momento de la detención de Collado estaba acompañado de Carlos Romero Deschamps, el líder del Sindicato Petrolero, quien creyó que iban por él.
Queda claro que la detención de Juan Collado tenía un fuerte soporte jurídico y que se reservó para un momento de mucha utilidad política.
En el asunto de Mario Marín, se sabe que cuando fue gobernador y enfrentó una investigación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación por el llamado Lydiagate, el entonces mandatario tejió una poderosa red de informantes para evitar que lo tomaran por sorpresa ante el posible surgimiento de una orden de aprehensión por el uso indebido que dio a las instituciones públicas de Puebla para perseguir a la periodista Lydia Cacho Ribeiro.
Esa red rindió frutos, ya que el 15 de abril de este año, desde Quintana Roo le alertaron que se estaba emitiendo una orden de detención en su contra por parte de un juzgado federal. Ese llamado le permitió al exmandatario salir de la ciudad de Puebla en calma, sin dar visos de angustia a sus colaboradores, a quienes les pidió prudencia y silencio ante la prensa, grupos políticos y posibles informantes de la Fiscalía General de la República.
Al principio se dijo que había huido a un país nórdico, en donde reside una parte de su familia política.
En mayo, dicen algunas fuentes, se le habría ubicado en el sur del estado de Puebla, en tres zonas cercanas a Nativitas Cuautempan, su comunidad de origen.
Se dice que es ayudado por un grupo de familiares, compadres y amigos que han montado una red de “halcones”, que avisan ante la presencia de personas ajenas a las comunidades de la región. Y ante el primer viso de que agentes federales o del estado de Puebla estén metiendo las narices en la zona, sus defensores tendrían montado un sistema de escape por veredas, caminos vecinales, cuevas y casas de seguridad.
Por eso dicen que Mario Marín y su familia no viven literalmente escondidos, sino acuden a reuniones sociales y estarían desplazándose en el sur del estado sin muchas preocupaciones.
Mientras que en el gobierno federal se espera el momento político correcto para echarle el guante al “góber precioso”.
