Encuentra refugio la polémica Anel Nochebuena en el ayuntamiento de Tepeaca
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
En uno de los últimos reductos del morenovallismo, el ayuntamiento de Tepeaca, ha encontrado refugio Anel Nochebuena Escobar, quien llega a hacerse cargo de la Dirección de Cultura de ese municipio, luego de una infructuosa e intensa campaña que desplegó esta mujer para intentar ser admitida en el próximo gobierno estatal encabezado por Luis Miguel Barbosa Huerta.
El ayuntamiento de Tepeaca es encabezado por Sergio Salomón Céspedes Peregrina, quien a principios de 2018 dejó las filas del PRI para enrolarse en el grupo morenovallista, bajo las siglas del Partido Compromiso de Puebla, para ganar con un apretado y dudoso resultado los comicios de alcalde. Al final este personaje quedó en la orfandad política con la muerte trágica –del 24 de diciembre de ese año– de Rafael Moreno Valle Rosas y la entonces gobernadora Martha Erika Alonso Hidalgo.
Por esa razón el ayuntamiento de Tepeaca se ha convertido en un refugio de algunos cuadros morenovallistas, como es el caso de Anel Nochebuena, que en próximos días se hará oficial su nombramiento, el cual fue tramitado por David Huerta, exedil de ese municipio y un priista que trabajaba al servicio del grupo político del extinto Rafael Moreno Valle Rosas.
Previo a llegar al ayuntamiento de Tepeaca, Nochebuena Escobar desplegó una intensa campaña para tocar todas las puertas posibles para buscar una audiencia con el gobernador electo Luis Miguel Barbosa Huerta, bajo la idea de que si era escuchada por el próximo titular del Poder Ejecutivo iba a ser readmitida en la administración pública estatal.
Uno de esos esfuerzos incluía a un numeroso grupo de académicos de la Universidad Autónoma de Puebla y de la Universidad de las Américas, junto con algunos promotores culturales, que iban a hacer un manifiesto público exigiendo que Anel Nochebuena debía ser parte de la próxima gestión de la Secretaría de Cultura.
Se cuenta que un importante profesor universitario alertó a los firmantes sobre los oscuros antecedentes de quien fuera directora del Instituto Municipal de Arte y Cultura de la capital, lo cual acabó provocando el desazón de quienes la apoyaban y abandonaron la idea de exigir que Nochebuena debía ser parte del próximo gobierno del estado.
A muchos he dejado boquiabiertos el ahínco con que Anel Nochebuena se ha estado autopromoviendo como posible funcionaria de la Secretaría de Cultura del estado –que será reabierta en la próxima administración–, pues tal parece que esta mujer no tiene la más mínima idea de dónde está parada, pues luego de haber sido parte del primer círculo político de Martha érika Alonso ahora siente que necesariamente tiene que ser parte del nuevo gobierno de Morena. Parece que la exfuncionaria no entiende nada de rivalidades político–electorales.
Lo más grave es que esta mujer no tiene conciencia de que aunque ella se define como una “promotora de la paz”, es el personaje más repudiado en la comunidad artística y cultural de Puebla, en mucho por la violencia que ejerció durante el periodo morenovallista.
Nochebuena fue la autora de una política agresiva y segregativa contra los artistas urbanos de Puebla, pues cuando era funcionaria del ayuntamiento de Puebla fue quien diseñó un programa mediante el cual ella hacía audiencias para determinar quién podía cantar, bailar, dialogar, pintar o hacer cualquier manifestación cultural en la vía pública. Sin contar que se le ponía un tapete, con un número, de donde no se podían mover bajo la amenaza de ser sancionados.
El repudio en su contra pasa por el escándalo de los montajes de una serie de exposiciones apócrifas, con precios millonarios e inflados, que eran solapados por el entonces presidente municipal de la capital, Luis Banck.
Por cierto, cuentan que otras sonadas anomalías que habría cometido en su paso como gestora oficial de cultura es que al parecer se inflaron los precios de algunos libros que se pagaron con fondos del ayuntamiento de Puebla y que siendo funcionaria municipal, se negó a apoyar la promoción de unos textos que hablaban del legado cultural de Tepeaca, el lugar que ahora la recibe en su fase de persona non grata en el ámbito en que se desenvuelve.
