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Diseño de la boleta y forma de hacer campaña refuta versión de triunfo atípico de Barbosa

Diseño de la boleta y forma de hacer campaña refuta versión de triunfo atípico de Barbosa

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

Frente a la versión que ha surgido de que el triunfo del candidato morenista Luis Miguel Barbosa Huerta es atípico o anómalo, es posible dilucidar que no hay nada ni extraño ni irregular. Las diferencias que se encuentran entre el resultado electoral de 2018 y el de 2019 tienen su explicación en tres factores fundamentales: la colocación del nombre del aspirante de la coalición Juntos Haremos Historia en las boletas, la forma en que se desarrollaron las campañas proselitistas y que los índices de popularidad de Andrés Manuel López Obrador siempre han sido mayores a los candidatos de Morena, en todo el país.

Esa versión –de una integrante de la organización Data Cívica– de que es irregular o poco coherente la victoria de Barbosa parte de las premisas: de un supuesto apoyo inusitado del voto rural, del número de sufragios que aportaron el PT y el PVEM, así como las diferencias del resultado que en 2018 obtuvo López Obrador en territorio poblano.

Aunque en un primer momento ese análisis aparenta tener cierto grado de  convicción, al final si se revisa lo que pasó en los comicios del domingo dicha versión acaba siendo refutada y se observa más como un ejercicio a favor del PAN, en su afán de querer justificar la derrota con presuntas anomalías que hasta ahora los partidos opositores a Morena no han podido sustentar por una sencilla razón: porque no existieron.

Dicho análisis plantea cuatro suspicacias. Primera: apunta a que Morena se benefició con el abstencionismo.

Sin embargo no se observa en ese estudio que una de las razones del alto abstencionismo que se registró en esta última elección tiene su explicación en que –por primera vez– ya no hubo voto corporativo, una práctica que permitía inflar desmesuradamente la votación de la fuerza política dominante a través de sobornos, extorsiones y manipulación del electorado.

Esa situación explica por qué entre 2018 y 2019 se derrumbó en unos 600 mil sufragios el poder electoral del PAN, pues al ya no existir el voto corporativo del morenovallismo se desplomaron las cifras del albiazul. De ese aspecto no hablan ni el Partido Acción Nacional ni los que están construyendo la idea de que este 2 de junio hubo una “extraña victoria” de Luis Miguel Barbosa Huerta.

Segunda suspicacia: que es extraño que habiendo menos participación ciudadana, aumentó 28 por ciento la votación del PVEM y 25 por ciento del PT en relación al año pasado, lo cual permitió el triunfo de la coalición Juntos Haremos Historia que esos partidos formaron con Morena.

La respuesta a esa duda es muy sencilla: en la boleta electoral –ver abajo una muestra– se colocó en tres ocasiones el nombre de Barbosa por haber estado postulado por igual número de partidos, pero con el pequeño gran detalle que la primera aparición de Luis Miguel Barbosa es con el logo del PT en la segunda fila de opciones, luego en la tercera fila con el emblema del PVEM y ya hasta el final se puso su nombre con la imagen de Morena.

Eso llevó a que miles de electores solo tacharon el primer nombre que les apareció en la boleta o el segundo, por comodidad, por dominio visual, por rapidez, sin fijarse si favorecían a uno o a otro partido, pues lo importante era sufragar por la opción en general que se llamaba: Luis Miguel Barbosa Huerta.

Seguramente si el logotipo de Morena hubiera estado en alguna fila más arriba en la boleta, este partido habría obtenido mucho más votos a los que finalmente registró.

Tercera suspicacia: se dice que el año pasado –cuando también hubo comicios de gobernador– a Luis Miguel Barbosa le fue mal en las zonas rurales y ahora, de manera extraña, es donde mejor le fue. Donde antes le negaron los votos, ahora ahí ganó mucho más sufragios.

La explicación a ese cambio de manera involuntaria la dio en su momento el candidato del PAN, Enrique Cárdenas, cuando dijo que su campaña se iba a concentrar en 15 municipios del estado, los de mayor desarrollo urbano y algunos del ámbito rural. Esa definición la hizo al arranque de la contienda.

Efectivamente a lo largo de la campaña Cárdenas se concentró en la zona metropolitana de Puebla y en cambio, Luis Miguel Barbosa Huerta realizó actos proselitistas en 163 municipios de la entidad.

Esa condición explica por qué entre 2018 y 2019 se desinfló el voto panista en el ámbito rural y se incrementó el de Morena.