Fue un muy buen debate, pero poco cambiará la intención del voto
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
El encuentro de los candidatos a la gubernatura –de ayer por la noche– es el mejor debate político que ha habido en Puebla, en mucho por el formato que permitió una abierta confrontación y por la elocuencia de dos de los tres aspirantes, de los abanderados de Morena y el PAN. Sin embargo, aunque aumenta el encono entre los dos principales contendientes, entre Luis Miguel Barbosa Huerta y Enrique Cárdenas Sánchez, poco va a mover las preferencias electorales y modificar la correlación de fuerzas, que hasta ahora registran una tendencia favorable a la izquierda, a la coalición Juntos Haremos Historia.
De acuerdo a las mediciones que surgieron luego del debate, siete de cada 10 ciudadanos de la capital no vieron o no siquiera se enteraron de la discusión pública que tuvieron los candidatos a la gubernatura, lo cual refleja que habrá una pobre penetración del resultado de dicho acto.
O visto de otra manera, en las redes sociales el debate no se volvió tendencia. La liguilla del futbol, el final de la serie Juego de Tronos o que vincularon al hijo mayor del ex presidente Carlos Salinas de Gortari con una secta de esclavitud sexual en Estados Unidos, fueron los temas recurrentes del domingo, pero no el asunto de quién ganó o perdió más en la mesa de discusión de los aspirantes a la titularidad del Poder Ejecutivo poblano.
En el panel de discusión organizado por el Instituto Nacional Electoral no surgieron ideas o acusaciones que hubieran significado un parteaguas en la contienda, ni tampoco se vio algún yerro o dislate mayúsculo, que pudiera potenciar un post debate de mucha intensidad, que incida en cambiar la popularidad o los negativos que cada candidato tienen ya bien sembrados.
Es cierto que el debate nunca aburrió ni fue tedioso, pues hubo un constante y variado intercambio de acusaciones severas, réplicas y contra réplicas entre Barbosa y Cárdenas. Pero es lo que se esperaba y se dio dentro de la argumentación que ambos han sostenido la mayor parte del periodo de campañas. Son ideas que ya influyeron en el electorado.
Con ese panorama, se puede deducir que ninguno de los tras candidatos va a crecer más en la intención del voto. En todo caso, les podría llevar a perder algunos puntos.
De manera individual podemos ver los resultados positivos y negativos de esta manera:
Luis Miguel Barbosa Huerta, el candidato de Juntos Haremos Historia, supo contener los ataques de Enrique Cárdenas y logró establecer fuertes críticas contra su rival, al sostener que es “un defraudador” del fisco, que tiene un historial de un supuesto enriquecimiento inexplicable y que es un “fifi” neoliberal.
Fue quien tuvo el mayor equilibrio emocional, pues nunca se alteró y es quien más supo combinar sonrisas con gestos de severidad.
La parte que desaprovechó es que poco o casi nada tocó lo oprobios del morenovallismo. Y dejó ir vivo a Cárdenas cuando este avaló la exorbitante deuda pública que dejó el exgobernador Rafael Moreno Valle Rosas, pues el aspirante panista dijo que ese pasivo ya existe y hay que pagarlo, buscar los ingresos suficientes para solventarlo.
Enrique Cárdenas, el aspirante del PAN, cumplió la expectativa de que iba a utilizar el debate para intentar salir a acosar a su rival de Morena y así lo hizo. Aprovechó cada parte del debate para buscar todo tipo de cuestionamientos. Insistiendo en que es un político que va a traicionar al presidente Andrés Manuel López Obrador.
En la parte emocional, Cárdenas es quien tuvo el peor desempeño. Fue quien más se mostró alterado, nervioso y por momentos atribulado en poner en orden una serie de cárteles que utilizó para atacar a Barbosa.
El abanderado albiazul desaprovechó la oportunidad para acercarse al primer lugar de la contienda. No supo agregar nuevos argumentos contra su rival de Morena, a los que ya ha usado en campaña.
Alberto Jiménez Merino, el candidato del PRI, solamente tuvo un par de momentos brillantes cuando su ubicó como un candidato que está por encima de la confrontación de los aspirantes de Morena y el PAN. El resto de su participación careció de interés y llegó al extremo de que no aprovechaba todo el tiempo que tenía para hablar.
La parte emocional de Alberto Jiménez Merino es buena en cuanto a que nunca se muestra alterado. Pero al mismo tiempo su parquedad, su falta de emotividad, lo hace ser un político sin gracia ni impacto en el electorado.
En general, Jiménez Merino desaprovechó todo el debate. Cuando intentó golpear al candidato de Morena, este la reviró cuestionando su proximidad con el exgobernador Mario Marín Torres, actualmente prófugo de la justicia, que dejó literalmente callado al candidato del PRI.
Si habláramos en términos pugilísticos, el resultado fue:
Barbosa le dio entre 6 y 7 ganchos al hígado a Cárdenas.
Cárdenas le dio entre 4 y 5 ganchos al hígado a Barbosa.
Y a Jiménez Merino cayó por nocaut cuando Barbosa le sacó el tema de Mario Marín.
