Con Jiménez Merino de candidato, el PRI regresa a ser controlado por Mario Marín
Cuitlatlán
Por: Fermín García
Con la decisión de que Alberto Jiménez Merino será el próximo candidato tricolor a gobernador de Puebla, se trazaron dos derroteros: el primero es que el PRI ya se da por vencido en la presente contienda y solamente buscará obtener un buen resultado, que le permita aspirar a convertirse en el principal contrapeso de Morena; y el segundo, es que el partido volverá a estar bajo control del ex mandatario Mario Marín Torres y dejará de ser una posición del ex edil de la capital, Enrique Doger Guerreo
¿Por qué decir que el PRI ya asumió su derrota desde ayer? Porque las mediciones son muy claras: El PRI se encuentra debajo de Morena en la intención del voto en una proporción de 3 a 1. Los dos únicos priistas que tenían potencial para medio ser competitivos eran Blanca Alcalá Ruiz y Enrique Doger Guerrero, quienes ya arrastran sendas derrotas en la lucha por la gubernatura. Y en cambio, los dos finalistas de la contienda por la nominación: Alberto Jiménez Merino y Ricardo Urzúa, se encuentran en el fondo de las mediciones de conocimiento e intención del voto.
El proyecto de Marín
Desde mediados de enero pasado, Mario Marín Torres empezó a reunir a su vieja estructura política y a otros liderazgos del PRI para sumarlos al proyecto de convertir a Alberto Jiménez Merino en candidato a la gubernatura y a Ricardo Urzúa Rivera en presidente del Partido Revolucionario Institucional.
En febrero, se invirtieron los planes. Marín decidió que se impulsaría a Urzúa Rivera para ser el abanderado tricolor y a Jiménez Merino para encabezar al tricolor.
Ese esquema se volvió a modificar debido a que en las dos últimas semanas el empresario Ricardo Urzúa Rivera empezó a buscar la posibilidad de conseguir, lo que hasta ahora ha sido imposible, que el PRI y el PAN de Puebla presentaran un candidato común, como la única vía de formar un bloque opositor con la suficiente capacidad de enfrentar el elevado índice de intención del voto que tiene Morena.
Como Urzúa no logró avanzar en las platicas que, de manera informal y discreta, sostuvo con altos dirigentes nacionales del PAN, ayer al medio día informó a su equipo político que declinaría a favor de Alberto Jiménez Merino, en una reunión que todos los aspirantes priistas –horas más tarde– sostuvieron con Claudia Ruiz Massieu, la líder nacional del PRI.
El fracaso de Urzúa de unir al PRI y al PAN, en mucho se debió a que la dirigencia nacional priista ve, desde ahora, un árido panorama para el partido en Puebla, en el cual el tricolor no tiene ninguna posibilidad real de disputarle a Morena la titularidad del Poder Ejecutivo.
Esa misma visión –dicen fuentes bien informadas– se tiene en el grupo de Mario Marín Torres, en donde se ha definido que el objetivo de la participación del PRI, en la actual contienda, es obtener una buena votación que le permita tener el potencial suficiente para que, dentro de tres años, pueda disputar un número importante de alcaldías y diputaciones, tanto locales y federales.
Por ello, desde ahora se pueda adelantar que la campaña electoral del PRI será solamente una reunificación de los núcleos de militantes, simpatizantes y estructuras priistas que no se pasaron del lado de Morena o que ya no están con el morenovallismo.
Con ello se pretende incrementar de manera sustancial la votación tricolor, para que de esa manera aspire a arrebatarle al PAN el espacio de ser la segunda fuerza política en el estado.
Visto de otra manera, muy probablemente se va a repetir en mucho el escenario que se vio en la contienda presidencia de 2018, en donde a la mitad de la campaña los equipos del PRI y el PAN ya no estaban enfocados en alcanzar a Morena, sino en disputarse el segundo lugar de la carrera presidencial.
Marín le quita a Doger el control del PRI
La decisión cupular del PRI de que Alberto Jiménez Merino será el candidato a gobernador, también incluyó el cambio de dirigencia en el tricolor.
Actualmente el PRI está bajo el control de Enrique Doger Guerrero, cuyo poder político se esfumó en la contienda electoral del año pasado, en la cual fue candidato a la gubernatura y obtuvo el peor resultado de todos los aspirantes priistas que han perdido la lucha por la titularidad del Poder Ejecutivo de Puebla.
Por esa razón ahora el manejo del PRI regresa a manos de Mario Marín Torres, quien a control remoto dirigirá el proyecto electoral del tricolor.
En ese sentido, tres aspirantes a dirigir al tricolor son: Ricardo Urzúa, Lorenzo Rivera Sosa o Valentín Meneses Rojas. El tercero de ellos, es el hombre de mayor confianza de Mario Marín y quien está al frente del equipo de trabajo de Alberto Jiménez Merino.
Con ello, Mario Marín tendrá una segunda oportunidad con el PRI, pues su grupo lo controló entre los años 2003 y 2010, periodo en que lo llevó de la gloria hasta la derrota absoluta, ya que por el marinismo el priismo fue expulsado de Casa Puebla.
