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Entra el morenovallismo en crisis de supervivencia

Entra el morenovallismo en crisis de supervivencia

Cuitlatlán

Por: Fermín García

Esta semana ha sido crucial para el desmantelamiento del poder del morenovallismo, pues no solamente esta facción perdió el manejo de la gubernatura, sino también el dominio del erario, la obra pública y la operación política que controlaba a los ayuntamientos y los órganos electorales, junto con su alta influencia ante la dirigencia nacional del PAN. De esta manera, el último reducto que le queda es el Tribunal Superior de Justicia, en donde dos terceras partes de los magistrados llegaron al cargo por obra y gracia del extinto ex mandatario, Rafael Moreno Valle Rosas.

Con esta condición, el morenovallismo queda severamente mermado en sus posibilidades de recuperar la gubernatura en el próximo proceso electoral extraordinario y de ser un contrapeso con el suficiente poder para socavar la popularidad de los ayuntamientos de Morena.

Es decir, la expresión política que se formó bajo la batuta de Rafael Moreno Valle Rosas ha entrado en un estado crítico de supervivencia.

Mucho desconcierto generó el lunes cuando Guillermo Pacheco Pulido, al ser electo como gobernador interino de Puebla, se negó a hacer la más mínima definición de la forma que tendrá su corta gestión, lo cual desató la sospecha, el rumor, de que la abrumadora votación obtenida a su favor en el Congreso local –de 40 de 41 legisladores– se debía a que había existido una negociación entre el nuevo mandatario priista y el morenovallismo, consistente en respetar al gabinete que dejó instalado la anterior titular del Poder Ejecutivo, Martha Érika Alonso Hidalgo, antes de morir en un accidente trágico la tarde de navidad.

Eso aparentaba que habría “un gatopardismo” en torno al gobierno de Pacheco Pulido, en el cual se disimularía un cambio de mando, pero al final el grupo morenovallista seguiría controlando el presupuesto, la relación con los ayuntamientos, la obra y los programas públicos, que son fundamentales en la compra de votos durante un proceso electoral.

Fiel a su estilo de siempre, de ser un hombre prudente, alejado de la estridencia política, ayer Pacheco Pulido sin levantar oleajes, mandó un claro mensaje de que su función primordial será desmantelar el dominio que el morenovallismo tiene del Poder Ejecutivo. La señal, sin duda, fue la designación de Fernando Manzanilla Prieto como secretario general de Gobierno.

No solamente se acabó con la idea de que se respetaría el gabinete de Martha Érika Alonso, sino que instaló en la Secretaría General de Gobierno al político con el mayor talante antimorenovallista.

Fernando Manzanilla Prieto fue el cerebro político de Moreno Valle durante su campaña electoral de 2010 y la estructuración de su gobierno a partir del año de 2011. Fue quien encabezó la primera y la más significativa ruptura con el entonces gobernador, a tal grado que se convirtió en un permanente rival político.

Un segundo golpe contra el morenovallismo es la designación que habrá entre hoy y mañana de Jorge Estefan Chidiac como secretario de Finanzas, quien también cuenta con un historial un tanto parecido al de Manzanilla: hace más de una década era un político cercano a Rafael Moreno Valle Rosas y en el año 2010, surgió un rompimiento que llevó al primero de ellos a vivir desde entonces un constante enfrentamiento con el morenovallismo.

El tercer golpe es sin duda la destitución de Marcelo García Almaguer como coordinador de la fracción del PAN en el Congreso local.

Marcelo García era uno de los cinco políticos más cercanos y de mayor confianza de Rafael Moreno Valle Rosas. Es un personaje famoso por su arrogancia y confrontación con los panistas tradicionales y en general, con todos los críticos del morenovallismo.

Su remoción tiene como principal lectura que el presidente nacional del PAN, Marko Cortés, se ha despojado de la alta influencia que el morenovallismo tenía en la cúpula del partido albiazul.

En los últimos ocho años, el Comité Ejecutivo Nacional del PAN nunca pudo frenar la exclusión y la represión que destacados miembros del partido sufrieron de parte del grupo en el poder.

Puebla era el feudo del morenovallismo y nadie fuera de esa facción, empezando por los órganos de gobierno del PAN, podían contradecir alguna decisión que se tomara en torno a la vida interna del blanquiazul poblano.

Ahora Marko Cortés, al ordenar la remoción de García Almaguer, manda un mensaje claro: se acabó el manejo del PAN poblano como patrimonio privado del morenovallismo.

O por lo menos eso parece.

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