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Morena, el más perjudicado por la muerte de los Moreno Valle

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Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

La tarde del 23 de marzo de 1994 el priismo nacional se conmocionaba por el magnicidio de su candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, pero días después el PRI y el gobierno de Carlos Salinas de Gortari lucraron con la tragedia y crearon un ambiente de zozobra, de odio, que le permitió al tricolor ganar holgadamente la elección de ese año mediante el “voto del miedo”. Ahora el PAN ha empezado a hacer lo mismo con la trágica muerte de la gobernadora Martha Érika Alonso Hidalgo y su esposo, el ex mandatario Rafael Moreno Valle Rosas.

Apenas habían transcurrido tres horas de que se había desplomado el helicóptero modelo Augusta, en plena tarde navideña, cuando se empezaron escuchar las primeras voces que decían fue “un atentado” lo que cegó la vida de los dos líderes y dueños del grupo morenovallista. De ahí en adelante se desató una ola de acusaciones infundadas contra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y Morena, señalándolos de ser los autores de la muerte del matrimonio Moreno Valle–Alonso Hidalgo.

El manejo de ese discurso tendencioso y carente de ética llegó hasta la ceremonia oficial para despedir a la gobernadora y su cónyuge, en voz del ex alcalde de la ciudad de Puebla, Luis Banck Serrato, quien clamó justicia como si se hubiera tratado de un doble homicidio. A continuación, grupos de panistas que siempre llenan los actos morenovallistas, arremetieron en consignas contra López Obrador y Olga Sánchez Cordero, la secretaría de Gobernación federal, que acudió al acto fúnebre.

Sin duda estas acusaciones no son expresiones espontáneas de la población, sino son mensajes diseñados y articulados por el morenovallismo, tendientes a victimizar al PAN, a generar un ambiente de crispación política y desde ahora, producir el llamado “voto del miedo”, para que el albiazul pueda retener la gubernatura en la próxima elección extraordinaria, en la cual habrá de encontrarse un mandatario substituto que concluya el sexenio iniciado por Martha érika Alonso Hidalgo.

El actor más perjudicado por esta perversa estrategia es Morena, fuerza política que para ganar la siguiente contienda no solamente tendrá que enfrentar de nueva cuenta el aparato de violencia política que utiliza el morenovallismo para enfrentar las contiendas, sino que además tendrá que nadar contra la marea de las campañas del “voto de miedo”, que buscan generar en la ciudadanía la percepción de que se acerca un periodo de inestabilidad social en caso de que gane un partido distinto al PAN.

Solo basta recordar que con esas campañas, en 1994 y en 2006, primero el PRI y luego el PAN, impidieron el triunfo de la oposición bajo el argumento de que si no ganaban las fuerzas políticas oficiales habría crisis económica y se desataría la violencia, algo que se creyó la población y finalmente ocurrió tras los comicios.

Ahora el morenovallismo va querer utilizar esa estrategia de miedo, intentando sembrar el mensaje de que Morena para ganar las elecciones manda a matar a sus adversarios.

Obviamente para que esa estrategia funcione, el morenovallismo buscará borrar el pasado de los últimos ocho años, en los cuales el crimen organizado asentó sus reales en todo el territorio poblano con la complicidad o la tolerancia de lo que fue el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas.

Y no se debe descartar que dicha estrategia sea también sea utilizada por algunos poderes fácticos, como es el grupo político del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, que necesitan instrumentos para golpear la imagen de Andrés Manuel López Obrador, que en la actualidad tiene un bono democrático muy elevado y eso lleva a que el grueso de la población no pierda la fe en el nuevo gobierno federal.

Para los morenovallistas es imperativo lucrar con la muerte accidental del matrimonio Moreno Valle–Alonso Hidalgo, ya que van a entrar en un severo proceso de debilitamiento.

Rafael Moreno Valle Rosas siempre fue un autócrata y no permitió que nadie en su grupo, fuera de Martha érika Alonso, pudiera crecer políticamente y pudiera asumir un liderazgo.

Al morir los líderes 1 y 2 en el morenovallismo, no existe por ahora nadie que pueda surgir como una tercera figura emergente que reagrupe a esta fuerza política, la organice y la prepare para salir a pelear limpiamente la gubernatura sustituta a Morena, que es su principal rival.

El ex gobernador José Antonio Gali Fayad podría asumir ese liderazgo, pero se encuentra confrontado con algunas figuras del morenovallismo, como son Jorge Aguilar Chedraui o Marcelo García Almaguer.

Otro prospecto es el ex edil Luis Banck Serrato, pero es un personaje sin oficio político y que dejó pésimos resultados como alcalde de la capital, lo cual provocó que el morenovallismo perdiera la elección del 1 de julio en la zona metropolitana de la ciudad de Puebla.

Se dice que otra figura emergente podría ser el ex gobernador Melquiades Morales Flores, pero es visto con recelo por los panistas, ya que el ex mandatario aunque fue el mentor político de Moreno Valle, mantiene intacta su militancia en el PRI.

Ante esta orfandad política, a morenovallismo solo le queda utilizar el instrumento de la violencia política.