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Mancera desconcertó a los morenovallistas al negarse a ser un testaferro contra Barbosa

Mancera desconcertó a los morenovallistas al negarse a ser un testaferro contra Barbosa

Cuitlatlán

Por: Fermín Alejandro García

Luego de que el morenovallismo logró –y quedó exhibido– que el PRI poblano, junto con su candidato Enrique Doger Guerrero, fueran sus nuevos aliados –o mejor dicho sus comparsas, sus testaferros– en contra de Luis Miguel Barbosa, el aspirante de Morena a la gubernatura de Puebla, “el plato fuerte” de la andanada de ataques contra el abanderado de la izquierda era el utilizar en su contra la figura de Miguel Ángel Mancera, el ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México, pero de última hora el ex mandatario capitalino se negó a prestarse al juego político del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.

En su momento, Miguel Ángel Mancera, como jefe de Gobierno de la Ciudad de México, y Luis Miguel Barbosa Huerta, como presidente del Senado o líder de la bancada del PRD en la Cámara Alta del Congreso de la Unión, fueron las dos figuras políticas más importantes de la izquierda en el ámbito de la política nacional.

Muchas veces se les vio como aliados y constructores de un mismo proyecto político. Barbosa en su momento llegó a apuntalar la figura de Mancera para que fuera candidato presidencial.

Y Mancera en varias ocasiones dijo que veía en Barbosa un buen prospecto para sucederlo en el gobierno de la capital del país.

Los caminos de ambos se dividieron cuando el político poblano se sumó –a principios de 2017– abiertamente al proyecto lopezobradorista y entonces Mancera se plegó, primero a los intereses del presidente Enrique Peña Nieto, es decir del PRI, y luego se acercó al PAN.

Mancera todavía buscó a Luis Miguel Barbosa, luego de que surgió el distanciamiento entre ambos, para proponerle que fuera candidato en la Ciudad de México o en el estado de Puebla, con acceso a un fuerte financiamiento, pero que no fuera por el movimiento lopezobradorista.

Al final Barbosa optó por ser leal a la causa de López Obrador y eso acabó de fracturar la relación con Mancera.

Por eso era muy atractivo que Mancera viniera a Puebla a sumarse a los ataques contra Luis Miguel Barbosa.

En el cálculo de los morenovallistas la figura de Mancera iba a ser un imán para que la prensa nacional se sumara a los flacos cuestionamientos que se han hecho contra el candidato de Morena.

Dicen los enterados que al principio el ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México y ahora candidato plurinominal al Senado se mostró abierto a colaborar con la campaña negra que las fuerzas morenovallistas sostienen contra Barbosa, entre las que se incluye al PRI –como nuevo aliado–, el PAN y el PRD.

Sin embargo, cuentan algunas fuentes autorizadas que previo a venir a Puebla al parecer Mancera revisó la correlación de fuerzas entre el PAN, Morena y el PRI en la lucha por la gubernatura del estado, la presidencia de la República y las posiciones en el Senado, y entonces cambió de parecer.

Al parecer, entendió que era un riesgo innecesario aceptar venirse a pelear con Barbosa, de quien sabe que influye mucho en la política nacional y en la prensa de la Ciudad de México.

Mancera siempre ha sido un negociador. Nunca guarda lealtad con las fuerzas políticas que lo impulsan. Tal parece que por eso decidió no “quemar sus naves” en Puebla y mejor mostrarse neutral, pues habría advertido que Luis Miguel Barbosa tiene muchas posibilidades de ganar la contienda y no quiere eliminar la opción de volver a buscarlo para tejer algún tipo de alianza política.

El problema para los morenovallistas es que Mancera nunca les comunicó su cambio de parecer.

Cuando ayer presentaron a Mancera, en una rueda de prensa organizada en un hotel del Centro Histórico, les cayó como balde de agua fría que el político capitalino hiciera dos definiciones fundamentales:

Primero: que no tenía dato alguno para cuestionar, criticar o atacar a Luis Miguel Barbosa Huerta.

Segundo: que pedía respeto para todas las fuerzas políticas y habría que reconocer, el fuerte crecimiento de Morena en Puebla.

Esas frases dejaron sin aliento a los morenovallistas sentados a un costado de Mancera.

A Roxana Luna Porquillo, quien traicionó a los movimientos críticos del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas y ahora se asume como neo–morenovallista, se le veía impaciente, confus-