Último minuto
Viernes, 25 de Septiembre de 2026
Puebla 24°C
Reto Diario | Noticias de Puebla
Ver Episodio Completo

Portada del Día

Cargando Portada...

Déjá vu

Déjá vu

A Puerta Cerrada

Por: Jorge Rodríguez

“Como volver a empezar”.

Así debería titularse la historia de los morenovallistas llevada al guión cinematográfico en caso de que Martha Érika Alonso Hidalgo y Eduardo Rivera Pérez materialicen en las urnas las preferencias electorales que ahora mismo dan la ventaja al PAN y sus partidos aliados en Puebla.

Si estos dos panistas se alzan con la victoria el 1 de julio, los integrantes del grupo en el poder que llegaron a la gestión de Rafael Moreno Valle con amplias expectativas acerca de su futuro político se trasladarán al pasado en un ambivalente deja vu.

Mirarán con ánimo hacia el futuro y volverán a tejer proyectos personales encaminados a conquistar Casa Puebla y el palacio municipal, pero recordarán también el infructuoso trabajo de siete años y medio que no los condujo a ningún lugar, salvo a sitios dorados dentro de la administración pública, diputaciones y más diputaciones.

En febrero de 2011, los morenovallistas gestaron una nueva clase política que incluía entre sus miembros a personajes con ambiciones y aspiraciones individuales que se pusieron a batallar, desde el primer día de gobierno, por los principales puestos de elección popular que se disputarían más adelante.

Aquella vez, en el grupo había dos liderazgos visibles, un gobernador recién estrenado que al mismo tiempo era aspirante a la presidencia de la república, Moreno Valle, y un alcalde de Puebla que, aunque marginado, Rivera Pérez, resistía como podía para mantener vivo su objetivo de competir por la gubernatura.

En medio de este cruce de intereses comenzaron a moverse los morenovallistas que acumulaban años de labor política en favor de los mandatos y las necesidades de su jefe.

Algunos que no arrancaron el sexenio en el gobierno porque no estaban en Puebla se incorporaron después, con idénticas aspiraciones políticas a quienes ya llevaban un largo trayecto en el equipo.

Si Martha Érika y Eduardo, antagónicos hasta hace una semana, ganan las elecciones del 1 de julio, el contexto político en el nuevo sexenio será casi una copia de aquél.

Habrá una gobernadora que estará casada con un aspirante presidencial, el mismo de entonces, y habrá un edil de Puebla con idénticas pretensiones a las de 2011 e incluso ampliadas gracias a la puerta de la reelección.

En ese siempre hipotético escenario, los personajes de aquellos años volverán a estar a la cabeza de la toma de decisiones que repercutirán en el futuro político de los hombres y mujeres del poder, ya no solo morenovallistas, sino galistas, alonsistas –disculpe por favor lo raro del término acuñado—y riveristas, que también los habrá.

La comparación viene a cuento por lo ocurrido para esta elección en el grupo en el poder.

El PAN llevará como candidata a gobernadora a una mujer que tuvo reservado ese sitio de privilegio años atrás, desde –por lo menos—2014, y como abanderado a presidente municipal de Puebla a un archienemigo del grupo.

Los esperanzados de 2011, que fueron disciplinados todo este tiempo, se quedaron mirando, nada más, por no hacer el trabajo que ordenan los manuales del ‘buen aspirante’ y que les habría permitido crecer en preferencia electoral para imponerse frente a la ‘dirigencia’.

Esa es la lección que tendrán que capitalizar los miembros del renovado grupo en el poder a partir de diciembre de 2018, en caso, como ya se ha dicho, de que los candidatos de la alianza PAN-PRD-Movimiento Ciudadano y anexas resulten victoriosos.

Para varios, será como volver a empezar.

Lo que no necesariamente significará repetir los errores del pasado, es decir, quedarse quietos a esperar la exclusiva y remota bendición de los dioses.

¿O sí?

Twitter: @jorgerdzc