La inseguridad y el 2018, el caso de Puebla capital
A Puerta Cerrada
Por Jorge Rodríguez
A la par de la cascada informativa que ha dado cuenta de los daños causados por el terremoto del 19 de septiembre ha resurgido la percepción de inseguridad en el municipio de Puebla, en perjuicio político de quien gobierna la ciudad y aspira a competir en el proceso electoral de 2018: Luis Banck Serrato.
Mara Fernanda Castilla Miranda, universitaria de la UPAEP, no abordó el auto de Cabify en Puebla, pero murió en Puebla.
El sábado, otra estudiante, Mariana Fuentes Soto, de la BUAP, recibió un balazo en la cabeza cuando llegaba al domicilio de una amiga en la colonia Reforma Agua Azul.
Antes de que la Fiscalía General del Estado pudiera resolver qué ocurrió, los habitantes de esa zona de la ciudad ya habían hecho pública una lista de quejas que se ha vuelto habitual en la capital del estado.
Robo de autopartes, asalto a peatones y hurto en casas-habitación son los hechos delictivos más recurrentes en la colonia, según los quejosos, quienes el sábado por la noche se fueron a dormir con la noticia del nuevo asesinato, cometido esta vez en su lugar de residencia, una zona que ya de por sí asumían como insegura.
Banck no es responsable directo de ninguno de estos crímenes, pero sí es corresponsable en la atención a los delitos enlistados por los moradores de la colonia Reforma Agua Azul.
Al edil le ha tocado administrar la capital en un contexto complicado, que se ha gestado con el paso de varias administraciones, no solo locales, sino estatales e incluso federales.
Como alcalde y jefe de las instituciones municipales encargadas de brindar seguridad a los ciudadanos, es responsable en parte, aunque no es culpable de la impunidad que impera en el sistema de justicia ni de las fallas y omisiones que conducen a ella.
Aun así, ese salvoconducto que le otorgan décadas de descomposición generalizada en las instituciones públicas no le servirá para salir bien librado del enjuiciamiento social, como tampoco le ayudarán aquellos señalamientos que condenan al nuevo sistema de justicia penal como causante de todos los males relacionados con la delincuencia.
Justo o no, la opinión pública verá a Banck como responsable absoluto de lo que suceda en Puebla.
El enfado social le pegará a él.
De ahí que lo que requiera ahora sea revertir la percepción negativa (bien fundada) que ya flota otra vez en el ambiente por asuntos de inseguridad.
Salvo mejores puntos de vista, me parece que solo tiene dos vías para lograrlo.
La primera consiste en emprender políticas públicas eficientes de combate a la delincuencia para reducir los índices delictivos, los asaltos, los robos y los homicidios dolosos.
Y la segunda, comunicar que ha trabajado en ello y que ha conseguido los objetivos deseados.
Resultados reales y una buena comunicación social serán factores clave para el futuro político del presidente municipal.
En caso de no llevar a buen puerto esas dos tareas, puede ser que su nombre no quede impreso en las boletas electorales, o que si lo hace termine por convertirse en blanco fácil de la artillería rival, que tendrá en Morena y el PRI a sus principales ejecutores.
La decisión está en sus manos, y en las del PAN de Martha Érika Alonso, que lo quiere llevar como candidato en 2018.
A ver si lo consigue.
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