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Deshacer el Frente, la tarea (obligada) del PRI

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A Puerta Cerrada

Por Jorge Rodríguez

Cuando Enrique Peña Nieto transitaba por el último año de gobierno en el Estado de México y se preparaba para encarar su propia sucesión, mandó al congreso local un paquete de iniciativas de reforma tendientes a impedir una eventual alianza de partidos opositores al PRI.

Desde la condición de gobernador y mandamás en aquella entidad, eliminó las candidaturas comunes, cortó el presupuesto para los partidos que acordaran ir en coalición electoral y redujo los tiempos de campañas y precampañas para candidatos a gobernador, diputados y presidentes municipales.

Con la reforma, realizada en septiembre de 2010, Peña Nieto terminó de golpe con las posibilidades de celebración de una alianza entre el PAN, el PRD y el PT.

Como colofón a la maratónica sesión del congreso mexiquense que acababa de aprobar las modificaciones a la ley electoral, con 52 votos a favor y 21 en contra, un mariachi pagado por los diputados panistas irrumpió en el inmueble legislativo para entonar “Las Golondrinas”, según asentaron las crónicas periodísticas de entonces, ante la “muerte de la democracia”.

La acción de poder mostró a un Peña Nieto que comprendía bien los riesgos políticos de una coalición electoral anti-PRI.

Meses antes, la dupla PAN-PRD había aniquilado al tricolor en los procesos electorales de Puebla (con Rafael Moreno Valle), Oaxaca y Sinaloa.

Más atrás, los dirigentes nacionales del PRI, Beatriz Paredes, y del PAN, César Nava, habían pactado que el blanquiazul no se sumara al PRD en los comicios de 2011 en el Estado de México, a cambio del apoyo de los priistas al paquete económico federal de 2010.

Peña Nieto tenía motivos para impedir la alianza PAN-PRD y actuó en consecuencia.

Gracias a eso, Eruviel Ávila ganó los comicios de julio de 2011 y el tricolor retuvo la gubernatura.

Estos antecedentes obligan al priismo del país a preguntarse con sorpresa cómo fue que el presidente Peña Nieto y el Comité Ejecutivo Nacional de su partido dejaron crecer el Frente Ciudadano por México, una sociedad partidista que representa el paso previo a la formalización de una coalición electoral entre el PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano para la contienda de 2018.

¿Acaso el mandatario mexicano no sabe del riesgo que significa para el PRI la unión del PAN con el PRD?

¿Es tan grande el foco de atención que existe sobre Andrés Manuel López Obrador y Morena que hizo olvidar al resto de los oponentes para la sucesión presidencial?

¿Quiso pero no pudo impedir la alineación de intereses entre los dirigentes de esos dos partidos?

Como sea, el PRI enfrenta hoy un conflicto adicional a López Obrador para encarar los comicios del próximo año.

En sus escenarios más esperanzadores, el tricolor se imaginaba aliado con Nueva Alianza, el Verde y Encuentro Social, y enfrentado a unos solitarios Morena y PAN, y a una dupla formada por el PRD y Movimiento Ciudadano.

El panorama se le complicó al PRI no solo para la contienda federal, sino también para las elecciones locales en las que habrá sucesión de gobernador, como en Puebla.

El PRI y Peña Nieto, o Peña Nieto y el PRI, tienen todavía dos meses por delante para tratar de descarrilar la unión del perredismo con el panismo.

Si lo logran, el tricolor podrá arribar en buenas condiciones a la elección y desempeñarse como un partido competitivo, con posibilidades de retener la presidencia.

Si no, es muy probable que se vaya hasta el tercer lugar y que vuelva a abandonar Los Pinos, como pasó en el 2000 con el triunfo de Vicente Fox sobre Francisco Labastida.

Como verá usted, a los priistas de Puebla les queda ponerse a rezar y esperar un milagro para el mes de noviembre.

Twitter: @jorgerdzc

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